Cloacas: es urgente atacar la emergencia

Los testimonios que ha venido publicando este diario de los vecinos que sufren en sus propias viviendas el drama de los derrames cloacales no pueden ser más elocuentes. Resulta imposible no solidarizarse con ellos, con sus padecimientos cotidianos y con las enormes dificultades a las que son sometidos diariamente.
Pero una cosa es el sentimiento de solidaridad que naturalmente brota en la mayoría de las personas ante el sufrimiento ajeno y otra muy distinta es vivir esa tortura en carne propia. Solo quien está sumergido en el problema -y esto no es una metáfora pues los líquidos cloacales inundan muchas casas de la ciudad- entiende en toda su dimensión de lo qué se está hablando.
Quizás sea ésta la cuestión central que hoy enfrenta a los sufrientes vecinos con las autoridades municipales. Unos exigen, y con toda razón, una solución urgente ante un drama que ya no admite más dilaciones; los otros piden “tiempo” para realizar las tareas que toda la ciudad demanda y que requieren, por supuesto, de estudios previos.
En verdad pareciera una tragedia griega pues ninguna de las dos partes es “culpable” de la situación que atraviesan. Solo un necio podría responsabilizar de este estado calamitoso de la red cloacal a las actuales autoridades comunales que asumieron el 10 de diciembre. El profundo deterioro es producto de la irresponsabilidad de muchas de las últimas gestiones que, viendo que se venía el problema y advertidos por no pocas voces que los alertaron, no hicieron nada (o hicieron muy poco) para evitarlo.
Hoy ya es tarde para lamentos, pero la infame situación que padecen miles de vecinos merece un esfuerzo adicional. La comuna debe encarar inmediatamente la emergencia con mucho mayor despliegue de energía. Si no tiene recursos técnicos y económicos debe exigirlos inmediatamente tanto a las autoridades provinciales como nacionales. Santa Rosa es una capital de provincia y está bajo una emergencia. No es tan difícil darse cuenta. Y a medida que se aproxima el verano los riesgos sanitarios pueden alcanzar dimensiones inmanejables.
Por ejemplo, se sabe que la laguna Don Tomás está altamente contaminada, sin embargo todavía nadie ha adoptado la prohibición de realizar actividades en ella. Apenas una tibia “recomendación” que, por supuesto. no alcanza.
Es urgente atacar la emergencia. Mientras se esperan los estudios y la planificación de las tareas globales es imprescindible tomar sin más demora al toro por las astas. La comuna debe, ya mismo y sin dilaciones, realizar las tareas necesarias para que los líquidos cloacales no ingresen más a las viviendas ni corran como ríos infectos y peligrosos por las calles de la ciudad. Si las autoridades municipales no pueden hacerlo deben comprometer a las provinciales y nacionales, demandando equipos y presupuesto. ¿O acaso alguien puede creer que si la ciudad de Buenos Aires estuviera bajo la misma situación, la Nación se limitaría a prometer ayuda a largo plazo?
Los vecinos no pueden vivir más con las aguas contaminadas adentro de sus viviendas o fluyendo por las banquinas. Esa inaceptable situación hay que pararla no mañana, sino ahora mismo. Porque mañana será tarde.

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