Coincidencias preocupantes

Algunos observadores de la realidad política nacional han comenzado a dar trascendencia a una impresión que el hombre de la calle siente desde hace tiempo: la cantidad y dimensión de enfrentamientos y contratiempos que viene sufriendo el gobierno nacional en los últimos tiempos excede lo casual y comienza a parecerse, sugestivamente, a lo que se observa en otros países de la región que atravesaron o atraviesan circunstancias si no iguales, al menos similares.
Los sucesos a los que no referimos son relativamente cercanos en el tiempo, pero no está de más apelar a la memoria y recordar que al menos un par de gobiernos nacionales surgidos de la voluntad popular, sucumbieron después de la organización de paros o lockouts promovidos por corporaciones y sectores de orientación políticamente conservadora. Todavía se recuerda aquella frase de Juan Carlos Pugliese, último ministro de Economía de Alfonsín, acerca de que “había hablado con el corazón y le respondían con el bolsillo”. Paradójicamente quienes así obraban eran los mismos “capitanes de la industria” que el Presidente había exaltado a comienzos de su gobierno.
Con la lógica variación de las circunstancias, en épocas mucho más recientes países como Venezuela, Ecuador o Bolivia vienen sufriendo ofensivas de sectores tradicionales del poder; embisten contra gobiernos “populistas” -o moderadamente populistas- que cuestionan el neoliberalismo y el alineamiento automático con los EE.UU. En estos mismos momentos Bolivia sufre una avanzada de las provincias económicamente más fuertes, que se han lanzado a una insólita desobediencia civil, tanto de la ley como de la voluntad popular, exaltando las pretensiones secesionistas del oriente boliviano. Curiosamente, o no tanto, estas movilizaciones de clases medias y altas siempre apuntan a sectores vitales de la economía y la política, especialmente el petróleo, producto que EE.UU. quiere seguir teniendo con proveedores seguros y baratos.
Una de las particularidades que se advierte en los casos citados es que no se montaron sobre el malestar provocado por una situación económica negativa y que, invariablemente, los movimientos evidenciaron a corto plazo su índole esencialmente política y conservadora. También que la sectorización de la protesta en el caso argentino llegó a provocar alianzas y uniones insólitas; el caso paradigmático es el acercamiento manifiesto entre la Sociedad Rural y la Federación Agraria, esta última una entidad que nació en oposición y lucha con la primera, tradicional representante de los latifundistas y protagonista de no pocos golpes militares en el siglo XX.
Los ruralistas deberían pensar que sus recientemente suspendidos cortes de rutas y presiones sobre gobernantes y legisladores, su afán por apropiarse de las rutas y restringir o anular el derecho a circular, su desmesurada apropiación de los símbolos patrios, no contribuyen a crear un clima que, aún con disidencias serias, debe ser esencialmente democrático. De persistir en su actitud corren el riesgo de ser vinculados con descalificadores antecedentes.