Colombia opta por la vía política en la paz

Señor Director:
La ceremonia de la paz, realizada el pasado lunes en Cartagena de Indias, implica en lo fundamental que Colombia apuesta a su futuro por la vía política, que supone la gestión del conflicto, en lugar de la guerra.
La opción bélica comenzó hace 52 años, fecha en la que apareció la organización que se denominaría FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Inicialmente fue una gestora pacífica del problema creado por el desplazamiento violento de campesinos de las tierras que trabajaban desde generaciones. Pero, entonces, el gobierno optó por la guerra y la FARC aceptó el reto de defender a los desplazados con las armas en la mano.
El problema venía desde la independencia o poco menos, pues inmediatamente después de la gesta bolivariana comenzó el intento de desplazar a los campesinos, ante cuya situación fue un líder civil, Jorge Eliécer Gaitán, quien propuso una salida política mediante la reforma agraria, a la que agregó el reclamo de autonomía de su país para decidir sobre su política exterior. La respuesta de la oligarquía dominante fue contratar a un sicario, quien dio muerte a Gaitán cuando éste iba camino de ganar la presidencia y había pronunciado dos célebres discursos, recordados como Oración por la Paz (7-2-48) y Oración por los Humildes (15-2-48). Entonces fue el Bogotazo, en l948, una de las expresiones más significativas de decepción y reacción descontrolada de la ira popular y de la represión a sangre y fuego. Si se vinculan ambos acontecimientos, la Violencia (así la nombran en Colombia) comenzó entonces, en l948, hace 68 años. El Bogotazo y sus réplicas inmediatas dejaron entre 500 y 3000 muertos, según distintas fuentes.
La falta de resolución del problema de las tierras laborables generaría el nuevo estallido de l964, que acaba de cerrarse recién ahora, 52 años después, con 200 mil muertos, 15 millones de desplazados y 35.000 desaparecidos y un intervencionismo creciente de los Estados Unidos, que llegaron a hacer en Colombia su tercera inversión en gastos militares después de lo que les cuesta Egipto e Israel. Queda el saldo de los campesinos que emigraron y de los que se desparramaron por Colombia, donde sus nietos pueblan hoy los suburbios más pobres de las ciudades. La paz actual incluye un acuerdo para que los campesinos tengan tierras, que no están ahora cultivables y que habrá que acondicionar. Será difícil y posiblemente accidentado el cumplimiento de esta parte del acuerdo. En su aspecto político, la paz devuelve a los ex guerrilleros la posibilidad de competir en los procesos electorales y constituir una fuerza capaz de gravitar en las decisiones importantes. O sea, que el conflicto subsiste, como es habitual en las sociedades humanas, pero se desiste de la guerra. Como en el momento de Gaitán, la opción es política. Es un desafío a la inteligencia para que el conflicto tenga, a partir de ahora, un desarrollo pacífico.
Esta dura, terrible, experiencia de Colombia le ha significado al país décadas de atraso en el desarrollo de sus posibilidades naturales. Si bien no ha subsistido la Gran Colombia, la de los años de la lucha por la independencia de España, que posiblemente fue una de las causas del desacuerdo de Guayaquil, entre Bolívar y San Martín, Colombia tiene un extenso territorio, con costas marítimas y apertura hacia los grandes océanos. También ha perdido lo que ahora es Panamá, por un conflicto vinculado a los intereses relacionados con la construcción del canal interoceánico. Además, Colombia ha podido ahora canalizar pacíficamente sus relaciones con Venezuela, pues estuvieron a punto de ir a una guerra que fue evitada por los líderes de la Unasur, Kirchner y Lula da Silva, cuya mediación fue decisiva para evitar lo que hubiese sido una guerra civil y un grave escollo para realizar el sueño integrador de los Libertadores de esta parte del mundo.
Atentamente:
Jotavé

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