Como hace 85 años

Un día como hoy, hace 85 años, salía a la calle el primer ejemplar de La Arena. Casi 25.000 ediciones nos separan a la actual generación de periodistas de este diario de aquellos jóvenes que, en los inicios de la llamada “década infame”, iniciaron su camino dando vida a un nuevo diario. Eran años difíciles, años en los que la oligarquía había vuelto por sus fueros luego de verse obligada por la presión popular a ceder y conceder el sufragio universal dos décadas antes con el resultado (ruinoso a sus intereses) del triunfo de Hipólito Yrigoyen y el llamado, despectivamente por ellos, “populismo”.
Cuando La Arena salió a la calle, esa oligarquía pasaba revista a las dos décadas de populismo yrigoyenista y medraba en el revanchismo del mano de los grandes medios de comunicación de entonces que mellaron el gobierno del viejo radical y crearon una “opinión pública” que apoyó el golpe de estado de Uriburu, el primero de una larga y funesta serie de intervenciones militares en la Argentina.
Mucho se ha hablado de las motivaciones de los golpistas, pero está claro que, si se mira la orientación que le dieron a la economía los gobernantes de la década infame, que respondía a los intereses ligados a la vieja patria oligárquica anclada al modelo agroexportador, el período fue un intento del “poder real” de la Argentina de tomar las riendas del poder político que había cedido a los radicales.
En esos años posteriores a la crisis del 30, los países del mundo cerraron sus mercados y al campo argentino no le iba bien pues no tenía dónde colocar su producción. Los esfuerzos del gobierno que representaba a estos intereses fue, claramente tendiente a garantizarle rentabilidad a la Sociedad Rural. En ese marco, la firma del pacto Roca-Runciman en el que la Argentina se subordinó a los intereses de la potencia dominante entonces, Inglaterra, a cambio de recibir una cuota de exportación de carnes y cereales a ese mercado, marcó con precisión que el interés nacional iba a coincidir nuevamente con los intereses de la patria exportadora de materias primas.
Los planes económicos que le sucedieron fueron, con matices, todos ellos tendientes a solucionar la ausencia de mercados. El nacimiento en esos años de las juntas nacionales de Granos y de Carnes (durante la gestión del ministro de Economía Federico Pinedo) fueron inventos para garantizar las compras de cosechas por parte del Estado nacional a los productores que no tenían mercados fuera del país.
En los 85 años que pasaron desde aquélla fecha fundacional, muchas cosas se han transformado en la Argentina. La tecnología ha impuesto una velocidad inusitada a los intercambios de información y la globalización ha estrechado las distancias. Pero poco o nada ha cambiado en la Argentina el poder de los que en aquellos años imponían al país un modelo de concentración de la riqueza basado casi únicamente en la producción extensiva de commodities agrícolas.
Nuestros gobernantes de hoy, herederos políticos y económicos de aquellos de la década infame han cambiado Inglaterra por Estados Unidos, pero no han cambiado su idea de amoldar el país a los intereses del modelo agroexportador.
Lo hacen convencidos que pueden volver a sus años dorados, a los nostálgicos años anteriores a 1912 cuando el “populismo” radical desvió el “destino de grandeza” de la oligarquía e inoculó en las nuevas generaciones de trabajadores la idea del sueño argentino del ascenso social y la distribución de la riqueza.
Pero hay una diferencia. Este nuevo intento macrista que hoy padecemos de restauración conservadora tiene algo más que los 20 años de “populismo” yrigoyenista que tuvieron sus antecesores de la “década infame” para borrar. En estos 85 años que han pasado, se ha acumulado avances sociales y económicos, que sedimentaron en la memoria popular. Ni siquiera el intento de desprestigiar esos avances escupiendo sobre ellos con presuntos datos de corrupción son novedosos en los restauradores de hoy. Lo hicieron también sus abuelos restauradores y no les alcanzó para frenar el avance de la historia.