Cómo internet está matando la democracia

TOTALITARISMO 2.0: EL PUEBLO VERSUS LA TECNOLOGIA

Un grupo de corporaciones domina el mundo como antaño lo hiciera el poder colonial. Saben todo de las personas y pueden manipular la política como nunca antes.
CLAUDIO FABIAN GUEVARA
Un nuevo paradigma de conocimiento y manipulación de la sociedad emerge de la formidable concentración de datos y recursos que acumulan las redes informáticas. Las aplicaciones interactivas, plataformas de redes sociales, telefonía móvil e inteligencia artificial colectan cada día millones de datos personales y dominan cada vez más la vida de la gente. Cinco corporaciones planetarias (Google, Microsoft, Facebook, Apple, Amazon) lo saben todo sobre nosotros.
El conocimiento íntimo de los individuos, el control en tiempo real de sus desplazamientos y consumos, pensamientos y emociones, le abre la puerta a una nueva forma de gerenciamiento político de las sociedades. Totalitarismo 2.0 puede ser un nombre apropiado: el ciudadano depende de las redes para casi todas sus operaciones vitales y es sujeto de un espionaje cibernético permanente.

Internet vs. democracia.
José María Espona en “Totalitarismo tecnológico versión 2.0: Por qué el avance tecnológico y la crisis financiera nos lleva inevitablemente al totalitarismo” advierte que se está configurando una dictadura electrónica sin precedentes, un sistema controlado por una minoría capaz de manipular la mecánica de los partidos políticos, de los grandes medios de comunicación, cambiar la legislación y utilizar el propio aparato del Estado de Derecho. Espona denomina “tiranía bancaria” a este régimen disfrazado de “democracia”.
Jaime Bartlett, que estudia la relación entre nuevas tecnologías y democracia, en su libro “El pueblo versus la tecnología: cómo internet está matando la democracia”, pronostica que si la política no impone su autoridad sobre el mundo digital, la tecnología destruirá la democracia y el orden social tal como los conocemos.
Mientras se demora un marco normativo que detenga su concentración en manos privadas, la tecnología está ganando esta batalla. Sociedades enteras están siendo capturadas, teledirigidas, heterodeterminadas por una sofisticada coordinación de dispositivos. América Latina es un territorio vulnerable. Países como Argentina, Brasil y Ecuador son laboratorios avanzados de la tendencia, donde bajo el ropaje formal de la democracia se va consolidando un nuevo modelo de gestión política: el totalitarismo 2.0. ¿Cuáles son sus características más visibles?

Un poder invisible.
El nuevo poder colonial se invisibiliza. Décadas atrás, las estrategias de dominación colonial eran manifiestas. El imperialismo industrial, de violencia explícita, hería sentimientos nacionales y provocaba procesos de resistencia y acumulación de fuerzas populares. Ahora el imperialismo financiero pone el énfasis en la invisibilidad y en la creación de una subordinación consentida. No se sabe a ciencia cierta dónde ni quién encarna el poder. La tecnología digital sobrepasa el modelo “democrático-nacional” y es no-geográfica y descentralizada. Las redes tecnológicas son poderes supra-nacionales sin domicilio fijo.
Describe Adolfo Moreno: “Este grupo de corporaciones domina el mundo como antes lo hicieron las potencias coloniales. Sin derramar sangre, logran capturar miles de millones de ‘almas’. Su poder reside en el algoritmo”. Rosa Miriam Elizalde lo llama Colonialismo 2.0.
En esta etapa, los golpes de Estado y los magnicidios son reemplazados por “revoluciones” de colores y golpes suaves. Las invasiones militares con ejércitos de bandera dejan su lugar a ejércitos difusos y tropas mercenarias. La proscripción de partidos y los prisioneros políticos han sido reemplazados por el lawfare, el linchamiento mediático y el aislamiento de los líderes por la propaganda. Las metrópolis imperiales vuelven a someter a las antiguas colonias pero ahora merced a “la voluntad de las urnas”, “el clamor de los mercados” y el deseo de los usuarios. Ahora Brasil aceptaría instalar bases militares de EE.UU. ¿Casualidad?

Más represión.
Una simbiosis gobierno-justicia-medios impone su propia realidad virtual. La antigua división de poderes propia del Estado de Derecho se va convirtiendo en una gestión monolítica y sin fisuras de un poder homogéneo y unificado. Las instituciones republicanas son cooptadas. Una extraordinaria coordinación de acciones e intereses mancomunados reemplaza las diferencias de criterio, las deliberaciones y los contrapesos entre los diferentes poderes. Los noticieros crean culpables para explicar el empeoramiento de las condiciones de vida. Mediante un retorcimiento de leyes y procedimientos, se encarcela a opositores con procesos judiciales aberrantes y son exhibidos como delincuentes en las pantallas.
Se profundiza la militarización y el Estado policial. El lenguaje cotidiano de los medios glorifica la represión y se multiplican las leyes antiterroristas. Una nube negra de exabruptos en boca de presidentes y ministros advierte a los ciudadanos que las garantías constitucionales y la presunción de inocencia son casi cosa del pasado. Decretos y leyes especiales van configurando un estado de excepción, donde las ejecuciones sumarias y la justicia por mano propia son aplaudidas y alentadas. La TV vocifera consignas y señala culpables y enemigos. Se multiplican los muros y se eliminan derechos. Las negociaciones interclasistas son suprimidas y reemplazadas por un fascismo contractual, donde los más fuertes imponen sus criterios sin contrapesos.

Fraude 2.0.
Se avanza hacia el voto electrónico. En las sociedades subalternas se tiende a encerrar todo dentro del espacio cibernético, pese a que cualquier tecnología electrónica que suplante al voto manual, controlable por cada partido, conlleva inseguridad, vulnerabilidad y posible distorsión de la voluntad ciudadana. Los programadores globales intentan cerrar el cerco. Con el control de los procesos electorales, la dictadura electrónica consagraría el control total del sistema político. Boaventura de Souza lo denomina Fraude 2.0.
El Totalitarismo 2.0 aplica una combinación de ciencia y tecnología, acompañada de una manipulación de las instituciones republicanas, para normalizar el pasaje hacia un régimen político de control centralizado, inadvertido por la población. Es, como dice Boaventura, la muerte democrática de la democracia. (Extractado de ALAI).