Con el “cambio”, el 98% gana menos

La pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores registrados en Argentina fue contundente en 2016. En base a los datos del Ministerio de Trabajo, surge que el 98% de los asalariados perdió poder adquisitivo por la inflación en el primer año del gobierno de Mauricio Macri, y sólo el 2% de los trabajadores percibió ingresos iguales o superiores a los que obtuvo durante 2015.
En número absolutos, se ha constatado la existencia de 6.359.486 trabajadores que han perdido poder adquisitivo durante 2016, es decir que sus ingresos crecieron por debajo de la inflación. Mientras que sólo 107.712 trabajadores registrados han percibido ingresos igual o superiores a los que tuvieron el año previo.
En el promedio general de la economía, el deterioro del poder de compra de los salarios rondó el 6% durante 2016. En todo el país, los trabajadores obtuvieron un incremento salarial promedio del 33%, por debajo de la inflación anual que trepó al 41,5%.
Medidas de política económica tales como la devaluación de diciembre de 2015, el tarifazo en los servicios públicos y las paritarias que cerraron muy por debajo de la inflación están entre los principales determinantes de este proceso.
Para este año, y a pesar de la distancia con la economía real, el gobierno propuso un 17% de inflación anual y procuró ubicar la negociación salarial en este sentido (incluyendo las “cláusulas gatillo”). La pérdida de poder de compra durante 2016, nunca fue contemplada. La pretensión de la administración macrista radicó en que los nuevos convenios se discutan en base a la inflación futura en lugar de la pasada. A esto se le agregan las cláusulas por productividad con la pretensión de reducir costos laborales, duplicar tareas, achicar pagos y beneficios extras, etc.
Así, el salario real, aparece como variable de ajuste de un modelo económico que pretende ganar productividad sobre la base de salarios bajos. Obtener remuneraciones salariales por debajo de la inflación forma parte de los mecanismos de ese proceso. Pero hay un segundo elemento que coadyuva al salario como variable de ajuste: la generación (o no) de empleo genuino.
En base a los datos del Indec, es posible dar cuenta de 68.314 trabajadores menos entre el cuarto trimestre de 2015 y el cuarto trimestre de 2016. Si se toman los datos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT) se corrobora que la expulsión de trabajadores es protagonizada principalmente por grandes empresas. Las empresas del segmento más pequeño, con menos de 100 trabajadores, han despedido a un pequeño número de su plantilla durante el año 2016. Como ostensible contracara, las empresas que detentan más de 2.500 trabajadores han reducido sus planteles laborales de manera ininterrumpida entre diciembre de 2015 y diciembre de 2016.
En síntesis, se identifican dos estrategias complementarias de cómo llevar a cabo el modelo económico: la caída en el masa salarial final; por un lado, a través de la caída del salario real y por el otro mediante una caída del empleo registrado. (Hernán Letcher. Nuestras Voces).