Con permiso, hablo de River por primera vez en tres años

El domingo fue una fecha clave para el fútbol en general y los hinchas de River en particular. La estrella número
35 empezó a brillar en medio de los fuegos artificiales. Y el cronista se toma esta pequeña licencia, de hablar de eso.
EMILIO MARIN
Dicen que el periodismo tiene que ser objetivo, pero generalmente no lo es porque quien escribe, publica o habla suele ser parte de la cuestión. Esa regla no sólo rige en la política -el periodismo “independiente” es un bluff- sino mucho más en otras disciplinas, donde se depende de destrezas y torpezas, de una pelota de último momento, de una cabeza salvadora no por la materia gris de adentro sino por la corteza de la que está recubierta y del salto que le haya permitido llegar alto, impulsado por dos piernas cortitas como antes de un tal Buonanotte y ahora Villalba, y otras muy largas como las de Funes Mori.
El lector se da cuenta que estoy hablando de River. Como esos jugadores que hacen un gol cumpliendo la ley del ex y juntan sus manos como pidiendo disculpas, yo también hago ese gesto y pido me dispensen si este lunes no escribo de política sino simplemente de fútbol. ¿Me dejan? En 27 años de redactor en LA ARENA sólo una vez me permití opinar del club de mis amores y fue hace tres, cuando nos fuimos al descenso. Nada más. ¿Puedo? Prometo no escribir más por muchos años, aún cuando haya otros campeonatos más importantes que este Final 2014. Y soy un tipo de palabra. Volveré a la política, la economía y temáticas propias de la página de Opinión. Ahora déjenme meter unos cuantos caracteres riverplatenses, los 9.000 de mis columnas.

Mucha gente.
El fútbol no es sólo el gol que se hizo o el que no entró y lo cobraron, como cuando nos perjudicaron contra Belgrano. Este deporte, y por eso es pasión nacional, popular y latinoamericana (con tres colombianos en el club), es también lo que pasa con la hinchada.
Y se vio que River podía ser campeón por el apoyo de su gente, esa que convirtió al Monumental en una fábrica de ganar tres puntos cada vez, con la excepción que confirma la regla (Godoy Cruz). ¿Que tenía que ganar más de visitante? Cierto, pero con el descargo que la victoria en la Bombonera valió por varios partidos, como si allí se hubieran logrado 9 puntos en vez de 3. Encima, se le ganó “a lo Boca”, en el minuto 90 y con pelota parada.
Ramón Díaz exageró al decir que con el campeonato estaba contento el 80 por ciento del país futbolero. River y Boca son las primeras minorías y ninguno de los dos tiene ese caudal de votos. En esta ocasión puede ser que hinchas de otros equipos, en una suerte de balotaje, hayan visto con simpatía a la banda.
Eso es posible, porque por lo general hay buena gente que se pone del lado de quien sufre. Y como hemos sufrido tanto, cuando nos mandaron a la B, un 26 de junio de 2011, quizás muchas personas que no son del palo del gallinero se hayan compadecido y alguna sonrisa esbozaran por los cinco goles del domingo.
A propósito, ¡qué linda enseñanza de vida y no sólo futbolística que encierra esa relación del descenso y el campeonato tres años después! En esto el mejor Director Técnico no es el Pelado Díaz sino Almafuerte: “si te postran diez veces, te levantas otras diez, otras cien, otras quinientas, no han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas”.

Columna vertebral.
Para muchos futboleros, un equipo se arma de atrás hacia adelante, empezando por el arquero o la defensa. Para otros, que se precian de ser más ofensivos, lo más importante es tener delanteros que hagan goles; se arman de adelante para atrás. En esto, al DT campeón le oí decir anteayer dos cosas sensatas.
Una, que su equipo tuvo una columna vertebral: Barovero, Maidana, Ledesma y Cavenaghi, o sea un jugador clave en cada línea, desde el arco propio hasta el de enfrente.
Y la otra cosa acertada fue hacer hincapié en el grupo humano, que tiró unido para el mismo lado. Sin eso, aún con calidades superlativas, como puede tener el Barcelona de Lionel Messi, se pierde ante equipos más parejos como el Atlético del Cholo Simeone.
En el armado de ese grupo estuvo la mano del riojano y eso merece reconocerse, tal como lo hizo el Gallinero repleto. Incluso tuvo que tomar decisiones difíciles, por caso si mantener a Chichizola después de ser héroe suplente y atajar dos penales que pudieron ser los del campeonato, o devolverle el puesto a Barovero. E hizo esto último, correcto desde el punto de vista futbolístico pero también en cuanto al grupo. O la manera como mantuvo a Ledesma pese a sus veteranos 35 años, frente a los jóvenes de Kranevitter. El golazo al ángulo del Lobo hizo llorar a todos. El autor se pasaba la mano por la frente como diciendo “no lo puedo creer”.
Se lo puede criticar al técnico por sus idas y venidas con la línea de tres, o por planteos timoratos de visitante, o por su piropo a los “Borrachos del Tablón”. Pero no está bien que Clarín ayer lunes escribiera: “Capitán, referente, símbolo en los sombríos tiempos del Ascenso, Leonardo Ponzio quedó relegado inexplicablemente por Ramón Díaz”. No fue algo inexplicable atribuido malamente al DT. Fue un bajón del jugador que le costó el puesto, porque había varios que estaban jugando mejor: Ledesma, Kranevitter, Rojas y Solari. Esto es fútbol y juegan 11. No es rugby donde hay lugar para 15.

Semillero y amor a camiseta.
Este equipo cuenta con varios surgidos del semillero que dio mucho al fútbol argentino. En algunos partidos, entre los que entraron de inicio y los que ingresaban en el segundo tiempo, hubo hasta 8 jugadores de ese origen. Eso deja un mensaje positivo: la escuela no cierra. La confirmación fue que el equipo de reserva, de jóvenes, también aplastó a Quilmes 5 a 0 y quedó subcampeón, un punto detrás de Rosario Central. Allí hay varias esperanzas depositadas a plazo fijo: Boyé, Driussi, Andrada, Mamanna, etc.No digo que Fernando Cavenaghi haya jugado por amor al arte. Habrá ganado su buen salario, pero resignó plata para volver al club del que es hincha, como ya lo había hecho cuando caímos a la B nacional. A Ramón también le reajustaron a la baja el contrato, cuando ganó D’Onofrio y la nueva Comisión Directiva, en diciembre del año pasado. Y lo aceptó, diciendo que incluso para Ríver trabajaba gratis. No creo en esa gratuidad, que pareció un gesto demagógico más, bien de su estilo tradicional, pero lo objetivo es que cobró menos de lo pautado en el ciclo Passarella.
Supongo que Enzo Francescoli, Beto Alonso y otros grandes ex jugadores que ahora trabajan en el club percibirán sus salarios, pero no están allí por plata. Pienso lo mismo de Borghi, que no creo haya vuelto por cash a Argentinos, que se iba al descenso. Riquelme y Verón no regresaron al césped por dinero. La felicidad no lleva necesariamente el signo monetario. Si lo sabrán esos 63.000 o más hinchas de la banda que fueron a la cancha el domingo, incluso viajando desde sus provincias lejanas, sólo por los colores que llevan en el ventrículo izquierdo. Dicen que “es el más susceptible a entorpecer su perfecto engranaje cuando nuestro sistema cardiovascular se ve sometido al estrés”.

Es para Clarín…
Los festejos del campeón fueron casi perfectos. Sin invasión de público dejando semidesnudos a los jugadores para llevarse algo. Con vuelta olímpica de quienes deben darla y sin colados, en una organización casi europea, al nivel que la del Juventus, según dijeron los que vieron el festejo del equipo del proscripto Tévez.
El domingo era de gloria para la Televisión Pública. Es que en tres partidos se decidía el tercer descenso y en otros tres el campeón, con televisaciones de FPT que iban a tener alta audiencia. Y para el campeón, con varias horas de pantalla caliente después del pitazo final de Silvio Trucco.
No fue casualidad que Aptra y Canal 13-Grupo Clarín prepararon para ese día clave del rating la entrega de los Martín Fierro. Como siempre, el hegemónico canal de Clarinete se llevó la mayor cantidad de premios, incluyendo uno para “Periodismo para Todos” y la mejor conducción masculina para Jorge Lanata. Así postergaron a “Bajada de Línea” de Víctor Hugo Morales y a buenos periodistas como Pedro Brieger y Reynaldo Sietecase, que competían con el empleado de Magnetto.
Que en el rubro Interés General le dieran la estatuilla a Susana Giménez en vez de a “Televisión Registrada”, fue como cobrar un gol hecho con la mano, o mejor dicho, decisión de un árbitro comprado con mucha plata y pauta publicitaria.
De todas maneras no pudieron expulsar a “Fútbol para Todos”, premiado como mejor programa deportivo. Es social, porque por su gratuidad los hinchas de Ríver pudimos ver los cinco goles en vivo sin tener que esperar hasta la noche. Y los de Colón el suyo, agónico, cuando terminaba el partido, con los de Rafaela comiéndose las uñas y los de Godoy Cruz ya festejando con algún tinto de bodega.
Bastante educados, los de River cantamos 90 por ciento por el equipo y apenas un par de veces contra el archirrival. Pido disculpas por expresiones xenófobas que se colaron en breves pasajes. Son deformaciones que permite el fútbol y a las que hay que sacarle tarjeta roja. Mejor hubiera sido cantar “es para Clarín que lo mira por TV”. Campeones hoy; antes en puesto 17, subcampeones o a idos al descenso, pero nunca fachos.