Con un ojo en lo que pasó en 2008 y oteando el horizonte de 2009

El actual será un año político y electoral, y tendrá por añadidura el marco de la crisis internacional, por lo que es previsible que las vacaciones de los políticos se acorten. El 2009 aparece como muy especial.
EMILIO MARIN
La oposición, que vive poniéndose en víctima frente a lo que pinta como un gobierno prácticamente dictatorial, volvió a poner el grito en el cielo por la designación de Ricardo Echegaray en la AFIP. Mariano Grondona lo llamó “el verdugo del campo” y deploró su nombramiento así como el discurso de la presidenta en Chaco, al que calificó directamente de “anticapitalismo visceral”.
El columnista de “Gaceta Ganadera” sangraba por la herida de los intereses económicos que defiende. Cristina Fernández, en el mensaje aludido, había dicho que la llamada crisis de Estados Unidos constituía en realidad una “estafa internacional”.
Aquellos intereses están preocupados porque temen que la AFIP con su flamante titular ponga en la mira la evasión fiscal y los negocios turbios del sector enriquecido del agro. Por eso se apresuraron a reflotar un trabajo interesado de la Sociedad Rural Argentina titulado “El mito de la evasión en el agro”. Durante los cuatro meses que duró el lock out sojero se comprobó fehacientemente que aquél no era un mito sino la pura realidad, con operaciones irregulares de venta y un trabajo informal que supera con creces la media nacional.
El lamento campestre tiene un cierto tono lúgubre porque advierte que Echegaray mantendrá también cierto control en la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) de la que proviene. Temen ser tomados con un control de doble pinza.
Quizás sea por eso que los dirigentes de la Mesa de Enlace han reflotado las amenazas de cortes de rutas y medidas de fuerza. Ya en vísperas de la Navidad los seguidores del bocón de Gualeguaychú cortaron durante horas la ruta 14. Y ahora los alineados con Eduardo Buzzi dejaron trascender que si no hay cambios a lo que este dirigente llamó “política agropecuaria desastrosa” del gobierno, en febrero volverían a las rutas. Un poco más formado políticamente que su elemental compadre de Gualeguaychú, el presidente de la Federación Agraria expuso que esas medidas serán una pata del accionar en 2009. La otra, muy importante, será la formación de un amplio bloque legislativo que defienda los intereses sojeros a través de diputados y senadores de diferentes partidos.
Unos irán en las listas de Elisa Carrió (donde también se anotaría Juan C. Alderete, de la CCC), otros con Mauricio Macri y el PRO, otros con el duhaldismo y otros, como Buzzi, secundarían a Hermes Binner, Pino Solanas, Luis Juez y alguna otra formación con pasados tintes de centroizquierda. Una oposición sistemática como esa a los Kirchner será del gusto del diario donde escribe Grondona y, sobre todo, de la embajada de míster Earl A. Wayne. Que le sirva al país, eso ya es otra cosa.
El pasado ya llegó.
Eso cantaba hace años el Indio Solari con los Redondos. Y teniendo en cuenta los planes de los dirigentes agropecuarios y de los políticos afines, puede ser realidad. Dicho en otros términos, la pelea de 2008 se podría repetir en 2009, con la exacerbación derivada de que en octubre próximo habrá unas legislativas decisivas. Es que serán la pelea de semifondo de las presidenciales de 2011 y en buena medida pueden anticipar su resultado.
El panorama para el gobierno es bastante crítico. No tanto porque conserve sólo el 28 de imagen positiva, según deducen los opositores de determinadas encuestas. Números al margen, es verdad que la presidencia de Cristina Fernández quedó conmovida por el sacudón del 17 de julio, cuando la traición de Julio Cobos le propinó una derrota de esas que son difíciles de asimilar. Y no sólo por el papelón legislativo sino sobre todo porque con esa votación quedó impedida la intención oficialista de echar mano a recursos con que producir una relativamente mayor distribución del ingreso. Esto último es lo que capotó aquella madrugada. Además, claro está, perder el invicto no le gusta a nadie, y menos a un gobierno que venía embalado por varios años de una posición sólida derivada de la reactivación económica, reflejada en las victorias de 2005 y 2007. El propio jefe de Gabinete admitió la erosión del poder gubernamental.
¿Abandonó el kirchnerismo su proyecto de insuflar al capitalismo dependiente un poco de solidaridad y equidad sin quintar las estructuras injustas propias de ese sistema? No. No lo abandonó como quedó expuesto cuando sacó de la galera el proyecto, finalmente aprobado en el Congreso, de que los fondos previsionales pasaran a ser controlados por el Estado con la consiguiente entrada a boxes de las pinchadas AFJP. Dicho sea de paso, esos fondos están ahora financiando al gobierno, a tasas razonables, que no hubiera tenido en un mercado internacional de puertas casi cerradas al país, antes de la crisis, y directamente cerradas a posteriori. La derecha política y mediática se sigue quejando amargamente de esa financiación estatal, desnudando su condición de viuda de las AFJP.
Pero el oficialismo tiene, no obstante, dos problemas básicos.
El primero es si le alcanzará el tiempo para nuevas medidas (paliativos, mejoras, nada de fondo) con que atraer a sectores sociales que se le desperdigaron en 2008. Descontada la díscola Capital Federal, perdida a manos del PRO al margen del conflicto con el agro, esta pulseada le sangró parte de la base social en el interior y parte de capas medias urbanas. ¿Los podrá persuadir antes de octubre? A eso apuntan, en parte, las varias medidas pro clase media presentadas como remedios para la crisis, entre otras el plan para comprar autos 0 km, los créditos para Pymes, etcétera.
La otra duda es si los paquetes anticrisis de la presidenta efectivamente servirán de paraguas. Todavía no se ha probado su eficacia pues la crisis no pegó de lleno, al cien por ciento en estas latitudes. Lo conocido han sido prolegómenos. En buena medida la performance del gobierno ante ese temporal determinará sus chances en octubre, al margen de las desopilantes denuncias de la pitonisa de la Coalición Cívica acusada de “pirucha”.
 
Se opta por Rico.
La situación del kirchnerismo no es sólo difícil por la debilidad en que quedó después de la batalla sojera o por los vientos de fronda soplados por Wall Street. En el fondo, lo decisivo en su debilidad actual es que Néstor Kirchner, como titular del PJ, está haciendo una alquimia político-electoral que puede ser contraproducente para la suerte de la presidenta de la Nación y él mismo.
En efecto, ha colocado al viejo aparato peronista como el contenedor de los políticos y dirigentes con los que piensa dar la madre de todas las batallas en 2009. De ese modo truncó el proyecto de transversalidad que había alentado tantas expectativas en la centroizquierda y parte de la sociedad en 2005. Con Daniel Scioli y Hugo Moyano como vicepresidentes del justicialismo, con la incorporación de personajes siniestros como Aldo Rico y otros por el estilo como los barones del conurbano, con pactos con senadores sojeros como Carlos Reutemann, con sumatorias a la devaluada “Confluencia Plural” de gobernadores como Jorge Sapag de Neuquén, etc, es imposible que el ex presidente acreciente su capital político.
Hubo fugas por derecha, como la de Felipe Solá y otros legisladores. Y hubo pérdidas de aliados por izquierda, como el diputado Miguel Bonasso y los dirigentes de Libres del Sur, quienes alientan la idea de una o más listas de centroizquierda con el variopinto que componen Binner, Solanas, Sabatella, De Gennaro y otros posibles candidatos.
Y uno de los que Kirchner cuenta como poroto propio, caso Reutemann, acaba de despacharse en un reportaje diciendo que “ahora sí” piensa que puede ser candidato presidencial. Al ex gobernador santafecino no le podrán reprochar que es un extraño como Cobos, pues desde su captación por el menemismo y el duhaldismo pasaron muchos años, igual que en su pertenencia al bloque de legisladores kirchneristas hasta el recordado 17 de julio.
El matrimonio presidencial no tiene demasiado tiempo para pergeñar sus jugadas porque está apremiado por cierta debilidad y el desafío de octubre, más el desgaste del ejercicio del gobierno. Por ahora parece haber optado por esa rara sumatoria de gente de refresco como Sergio Massa y Jorge Capitanich con el impresentable ex carapintada y los tránsfugas del duhaldismo.
Esa opción implica desechar la idea de reflotar la transversalidad prometida en 2005, cuando se rompió con el duhaldismo.
Haber privilegiado aquello le provocará cortocircuitos con sus nuevos aliados, algunos de ellos progresistas como los intelectuales de “Carta Abierta”. Al final de cuentas, si todo le sale bien a los Kirchner, en octubre podrían ganar los comicios pero terminarían ofreciendo en 2011 un viejo producto, de la centro-derecha peronista y del establishment empresarial, sea Reutemann, Scioli o uno similar. En tal caso el título de esta columna ya está listo: victoria pírrica.
Ojalá que de los próximos viajes a Cuba y Venezuela, dos de los laboratorios sociales y políticos más apasionantes de la región, la presidenta vuelva con alguna idea diferente. Para ello tendría que ir no como mera fenicia, a comprar y vender, sino sobre todo con la mente abierta, a dialogar.