Conferencia Episcopal con nuevas autoridades y viejas ideas

EL PAPA NO VIENE A ARGENTINA EN 2016

La semana pasada concluyó la asamblea del episcopado argentino. Renovó parcialmente sus autoridades y difundió
viejas ideas sobre la reconciliación y la lucha contra el narcotráfico. El Papa no viene de visita en 2016.
EMILIO MARIN
La Casa de Ejercicios Espirituales ubicada en Pilar se llama “El Cenáculo-La Montonera” pero por razones obvias ese segundo nombre se suele omitir incluso hoy, pasados 38 años del golpe militar-cívico que tanto acompañó la cúpula eclesiástica de Tortolo-Aramburu-Primatesta. Allí deliberó un centenar de obispos encabezados por José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe, en la asamblea 108.
Como toda entidad política, y el Episcopado lo es, uno de los aspectos donde el periodismo y los partidos de gobierno y oposición pusieron atención, a la hora de evaluar la conferencia de prensa de Arancedo, el viernes 14, fue en la composición de la mesa chica del Episcopado. La misma seguirá presidida por el mismo santafecino entre 2014-2017, ahora acompañado por el vice primero y arzobispo de la ciudad de Buenos Aires Mario Poli, y por el vice segundo Mario Cargnello, arzobispo de Salta.
Todos los ojos se posaron en Poli, de rápido ascenso en la cadena de mandos. Se lo valora como la mano derecha del Papa Francisco. Poli estuvo varios años como obispo auxiliar del cardenal Jorge Bergoglio y debe a éste su ascenso a cardenal. Ese dato político sobresalió en cuanto a los resultados de la reunión del episcopado.
En la conferencia de prensa brindada por los nuevos integrantes de ese Ejecutivo, Arancedo informó apenado que “por razones de agenda” el Papa no vendría a la Argentina en junio de 2016. En esa fecha se va a celebrar un Congreso Eucarístico Nacional en Tucumán, en el marco del Bicentenario de la Declaración de la Independencia. Llamó un poco la atención que con tanta antelación el Vaticano no pudiera arreglar los posibles problemas de agenda, de modo que Francisco pudiera volver al país en un hecho tan importante. ¿Qué otro acontecimiento político y religioso será prioritario, al punto de tener que resignar esa visita al país?
Esa complicación no fue explicada por Arancedo-Poli-Cargnello. Desde otro punto de vista sería una ausencia que podría reportar una consecuencia positiva: que la Iglesia pierda peso en ese Bicentenario y deje que el gobierno nacional de ese momento sea el verdadero organizador de la evocación, junto con la población tucumana y del resto del país. Demasiada injerencia tiene ya la Iglesia Católica en los asuntos institucionales como para que, además, sea el otro poder en conmemorar 200 años desde que los congresales declararon la independencia de “Fernando VII, sus sucesores y metrópolis” a lo que se añadió días después “y de toda otra dominación extranjera”.

Línea vieja.
Las declaraciones de Arancedo tuvieron un evidente tono político, en relación a la situación nacional. Por un lado pontificó con que “la Patria necesita avanzar en la reconciliación entre los distintos sectores de la sociedad. La amistad social, la concordia y la reconciliación son un punto de partida para trabajar en el servicio del encuentro entre los argentinos”.
Se trata de una exhortación muy genérica, que por eso mismo es errónea y no tiene visos de plasmarse en hechos. Y al mismo tiempo encierra grandes riesgos.
Es genérica y errónea porque una cosa es unir al vasto y heterogéneo 95 por ciento o más de los argentinos, que aún con diferencias tienen muchos comunes denominadores. Trabajadores de la industria y rurales, asalariados, pequeños productores agropecuarios, intelectualidad, comerciantes nacionales, cooperativas, Pymes, etc, pueden armonizar al menos en grandes temas nacionales y hay posibilidades para ello porque tienen puntos en común.
En cambio armonizar los intereses de obreros cesanteados de la norteamericana Lear con el CEO de esta firma, y a las familias de aquellos despedidos con el jefe de Gendarmería que los reprimió varias veces en la Panamericana bajo las instrucciones de Sergio Berni, es imposible.
Por otro lado, entre los pliegues enrevesados de aquellas generalidades sobre la “reconciliación” puede esconderse el viejo proyecto de la curia para cesar los juicios a los violadores de los derechos humanos, “dar vuelta la página” y proponer una amnistía para crímenes de lesa humanidad que son imprescriptibles.
En agosto de 2007, la Conferencia Episcopal presidida por Jorge Bergoglio había propuesto: “nuestro país sufre todavía fragmentación y enfrentamientos, que se manifiestan tanto en la impunidad, como en desencuentros y resentimientos. Nos queda pendiente la deuda de la reconciliación”. Arancedo refrita esa política siete años más tarde.

Afinidad con la oposición.
Los hombres de sotana se cuidan bastante para no quedar pegados a la oposición, sobre todo en esta época de vacas flacas para el sector.
De cualquier modo se nota en las resoluciones y comentarios de lo tratado en “El Cenáculo-La Montonera” bastante afinidad con esa oposición. En noviembre de 2013 los obispos habían emitido un documento planteando que el narcotráfico era el principal problema de una Argentina donde campeaba “la violencia”. Al mes siguiente, en una ceremonia “político-religiosa”, los referentes de la oposición concurrieron a firmarlo, bajo la presidencia del obispo Jorge Lozano, de la Pastoral Social. Daniel Scioli dijo estar de acuerdo con el documento pero se ausentó del acto para no engrosar una iniciativa de cuño opositor.
En la recién concluida 108 Asamblea Plenaria, los obispos dijeron por boca de Arancedo que el tema de lucha contra la droga se había instalado -supuestamente gracias al Episcopado- per que falta mucho todavía. O sea, el mérito es suyo y los defectos del gobierno… Al nuevo titular de la Sedronar, el cura Juan Carlos Molina, lo dejaron bastante solo. Y luego de que éste expusiera criterios menos penalistas y policíacos en la materia, más solo aún.
El otro tópico donde se revelan los vasos comunicantes entre el púlpito de Pilar y la variopinta oposición es en la crítica eclesiástica a las iniciativas del gobierno por reformar códigos y lograr cambios de fondo. Como se recordará, el intento de nuevo Código Penal parece haber sido colocado en el freezer ante las críticas liquidadoras del massismo y macrismo, pero el Código Civil y Comercial se convirtió en ley y el Código Procesal Penal avanza hacia la media sanción en el Senado.
¿Qué dijo la flamante mesa chica del Episcopado en nombre del centenar de obispos, todos supuestamente del sexo masculino? Lamentó “el apuro” para tratar esas leyes claves: “las cosas no pueden ser apresuradas, el poder político tiene que moverse en el plano de la Constitución; cuando dejamos de lado los tiempos de la Constitución, nos empobrecemos”.
Es al revés de lo que dijo ese arzobispo. Los proyectos fueron elaborados por especialistas, con mucha antelación y pluralidad. Luego fueron discutidos ampliamente en el Congreso y en el caso del CPP el proyecto tuvo 42 modificaciones. ¿Dónde está el apuro?

Separación de Iglesia y Estado.
Esas y otras injerencias de la Iglesia en asuntos propios del Estado y la política, así como de la población en general, suman puntos para que en una futura reforma de la Constitución se pudiera plantear un Estado laico y la separación de la Iglesia de aquellas materias, así como cortar el financiamiento estatal (en todo caso se podría habilitar una ayuda mínima para todas las religiones y no sólo para la católica).
No se crea que ese criterio es apenas opinión de unos ateos o liberales en el otro sentido del término. En la misma iglesia hay voces que plantean eso mismo o algo parecido, bien que son silenciadas y hasta castigadas por las jerarquías.
Es el caso del cura José Amado Aguirre, que tiene ahora 92 años de edad y vive en la ciudad de Oliva, Córdoba, donde cumple ya “28 años de castigo y ostracismo por haberse pronunciado a favor del divorcio civil”, según se lee en un muy buen reportaje del periodista Sergio Carreras en La Voz del Interior (16 de noviembre).
“Es increíble que la Iglesia haya tardado siglos en reconocer los atropellos abominables que ha hecho contra la razón. Durante seis siglos mantuvo la jerarquía de los tribunales de la Santa Inquisición, admitiendo las torturas para el proceso de los tribunales eclesiásticos”, se despachó al inicio.
Preguntado sobre la obsesión histórica de la Iglesia con el sexo, contestó: “porque con el sexo la Iglesia se impuso materialmente, por el aspecto económico. El papá tiene que mantener una familia, si el sacerdote tiene familia es dueño de sus propios recursos, mientras que si el sacerdote es célibe todos sus bienes, por no tener hijos, van después a la Iglesia. Ese es el gran poder de la Iglesia”.
En cuanto a la separación de ambas instituciones, el castigado cura cordobés, planteó en el citado reportaje: “si la iglesia reconoce a determinado Estado no tiene capacidad para juzgarlo, Jesús no le ha dado esa capacidad; yo veo una supremacía que todavía existe en la Iglesia sobre el Estado; la Iglesia no tiene por qué exigir un sueldo para sus obispos y si en la Constitución hay un acuerdo para eso entonces hay que modificarla”.
Queda claro que los miembros del Episcopado no son santos de la devoción del cura Aguirre y se explica la injusta sanción que pesa sobre él desde tres décadas.