Contar cuentos sin que se esté mirando la hora

Señor Director:
El poema “A las flores”, de Pedro Calderón de la Barca, advertía que la brevedad de la existencia de las rosas debería servirnos de escarmiento. Mucho más atrás siempre se encontrará a alguien que hizo la misma observación y advertencia. Ahora el periodista Carl Honoré, escocés desde hace un tiempo radicado en Canadá, repitió el descubrimiento y dio forma a su “Elogio de la lentitud”, un best seller.
Honoré se ubica en Roma, en su adolescencia y refiere que, luego de un paseo por las afueras, el ómnibus que debía tomar se demoró sensiblemente. Con sus 15 años, no se impacientó ni caminó a grandes pasos. Optó por escuchar música. Escuchó a Simon y Garfunkel cantado los placeres de hacer las cosas despacio, alargar el goce del momento. A mi vez, al leerlo, recordé un bolero: alguien que vive una noche de amor y sólo pide a su dios “haz esta noche perpetua / para que nunca se aleje de mí / para que nunca amanezca”. Honoré se ubica otra vez en Roma, quince años después, ya periodista, en un aeropuerto, con un vuelo demorado. Entonces es él quien camina a grandes pasos y se siente estafado. Recuerda que un autor norteamericano refiere que hay padres que, solicitados por sus hijos pequeños que piden un cuento, se muestran impacientes, porque “se les va el tiempo”. Y que él mismo hace eso con un hijo suyo y que busca cuentos muy cortos y los relata rápidamente, hasta que el pequeño le advierte contrariado que va muy ligero. También recuerda que hay una oferta de cuentos tradicionales reducidos a muy pocas palabras, para padres que corren detrás del tiempo.
Estas experiencias lo llevan a escribir su Elogio de la lentitud. No descubre nada. El hombre siempre ha sido prisionero del tiempo: siente que el tiempo corre delante de él y apura su marcha. Lo que descubre o, más bien confirma Honoré, es que esta aceleración que impide valorizar los momentos que depara la existencia es en nuestra época una obsesión colectiva. Confirma que lo que se hace lentamente es mejor con frecuencia.
Agregaría por mi parte que nuestra vida discurre a través de momentos sucesivos y que eso es lo que tenemos, nada más. No hay otra oferta y quien no lo entienda desaprovechará su vida. No otra cosa decía fray Luis de León: ¡Qué descansada vida /la del que huye el mundanal ruido / y sigue la escondida / senda por donde han ido /los pocos sabios que en el mundo han sido! Luis Ponce de León vivió entre l527 y 1591.
Todos han podido observar que, al planear un viaje, muchos prefieren, aunque dispongan de pocos días, que se pase por una multitud de sitios. Esto no se entiende, a menos que se trate de dedicarse a la contemplación de los compañeros de viaje, con mirada crítica y hasta dolida.

Manolito
Así, Manolito, se llamaba un chico de la barra de Mafalda. Así se llama el segundo nano-satélite argentino que surca raudo los cielos desde el pasado jueves 21. Lo hace a una velocidad inimaginable. Fue posible por la inquietud de un estudioso, Emiliano Kargieman, y porque lo escucharon en el ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, que gestionó para él una beca y luego financió su iniciativa. Y por la capacidad de la Invap, que ha desarrollado la tecnología atómica y espacial. Manolito ofrece servicios, datos para el agro y la exploración petrolífera, entre otros aportes.

Casino
El de Santa Rosa llevaba facturados 400 millones de pesos hasta el segundo cuatrimestre de este año. Casi once millones van al Instituto de Seguridad Social y otros 10 millones a Rentas. Este casino está completando una ampliación, que incluye un hotel 4 estrellas.
Unos nueve mil jugadores compulsivos pampeanos, una cantidad de foráneos y gente que sin ser dependiente gusta vivir tales emociones, nutren esas arcas.
Jotavé