Contra el nepotismo

El proyecto de ley que anunció el radicalismo para “prohibir el nepotismo en la administración pública provincial” no debería tener opositores. Es un problema muy viejo, un privilegio irritante herencia de las épocas monárquicas e incompatible con las exigencias de la vida democrática. Por lo demás, el propio Partido Justicialista ganó las elecciones con su líder afirmando que el Estado se encuentra en un nivel de saturación de empleados y anunciando el desarrollo de políticas de empleo en la actividad privada. Todavía más: hace pocos días el propio gobernador vetó el ingreso por la ventana de un deportista por razones ajenas a la necesidad de la administración.
Que la burocracia estatal llegó a un límite de saturación es algo bien conocido, y que fue por causa de la arbitrariedad y el abuso en materia de designaciones también. Un subproducto de ese proceder autoritario es el ingreso indiscriminado de familiares de funcionarios, un serio problema que aqueja a todas las reparticiones públicas de los tres poderes del Estado
La Constitución “no admite prerrogativas de sangre ni de nacimiento” y establece que “todos los habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad”. Más claro imposible. De ahí que el argumento remanido de que no se puede “vetar” el ingreso de familiares porque sería “discriminatorio” resulta falaz, además de constituir un razonamiento taimado que apunta a defender un sistema de privilegios de cuna.
Existe una sola forma, tal como lo fija la ley, de ingresar a la administración pública: mediante concursos que evalúen la capacidad y los conocimientos de los postulantes. Es la única metodología transparente. Las designaciones directas solo pueden tolerarse excepcionalmente en casos de reemplazos temporales o de urgencia. Desde luego que los concursos evaluatorios deben ser transparentes y a prueba de direccionamientos. Son muchas las denuncias que han cuestionado la falta de parcialidad de los evaluadores y maniobras en favor de postulantes.
Es un tema de gran relevancia que apunta al corazón del clientelismo político. Por tal motivo será seguido con expectativa por buena parte de la sociedad, hastiada de presenciar tantos privilegios irritantes. Es de aguardar que esta vez no termine en una nueva desilusión.