Cordera y Belén, machismo y violencia contra las mujeres

EL ROCK Y EL PODER JUDICIAL

Los dichos de Gustavo Cordera deben ser repudiados y hasta sancionados, pero más grave es que todavía existan jueces capaces de condenar a una joven por un aborto, en un juicio plagado de prejuicios y sin pruebas.
IRINA SANTESTEBAN
Las declaraciones del ex líder de la banda Bersuit Vergarabat, un músico progresista, sorprendieron a todos y todas, incluso a quienes lo habían invitado a una jornada en el TEA Arte (Escuela de Periodismo con orientación en Arte, Cultura y Espectáculos). Allí, frente a preguntas de los alumnos, en un simulacro de conferencia de prensa, el cantante se despachó con afirmaciones de una misoginia que causó asombro e indignación, proviniendo de alguien que dijo luego -para defenderse- que adhería al colectivo #Niunamenos.
Sus dichos, en los que justificó la violación de “mujeres histéricas” que no “saben tener sexo si no se las viola”, y tuvo expresiones groseras para intentar explicar el abuso de menores como si fuera una “normal relación” entre un varón adulto y una adolescente, fueron rápidamente difundidos por las redes sociales y los medios de prensa, provocando un rechazo generalizado.
En un primer momento, el músico sostuvo sus opiniones, después intentó justificarse, aludiendo a una supuesta “puesta en escena”, diciendo que se trataba de un “psicodrama” donde él debía “provocar” a los alumnos, como es su habitual estilo. Sin embargo, nadie le creyó, y rápidamente las autoridades del Consejo Nacional de las Mujeres anunciaron que iban a denunciarlo ante el Inadi, un organismo con facultades sancionatorias, que puede aplicar multas, exigir retractación y/o disculpas, publicación de las mismas, etc.
Más allá del ruido mediático que esas declaraciones provocaron, es necesario analizar el momento y el contexto en el que se producen. Cordera tuvo esas expresiones cuando se le preguntaba por las acusaciones que pesan sobre algunos músicos de rock por abusos y/o violencia contra jóvenes mujeres. Fue como una defensa corporativa, en un ambiente donde pareciera que, de ese tema “mejor no hablar”.

Defensas contrapuestas.
Periodistas de claras diferencias políticas e ideológicas, como Jorge Lanata o Víctor Hugo Morales, cuando abordaron el tema y entrevistaron a Cordera, lo trataron con cierta indulgencia. En el segundo caso, quizás porque se trata de un músico progresista, “del palo”, solidario con causas justas y amigo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que ha firmado pronunciamientos en defensa de los derechos humanos.
En el caso de Lanata, podría tratarse también de una “defensa corporativa”, ya que este “showman” del periodismo tuvo expresiones muy agresivas y misóginas contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, antes y ahora, y también ha sido blanco de críticas de otras periodistas, por supuesto maltrato. Los programas de Lanata y algunas tapas de la revista Noticias o notas del diario Perfil, no se diferencian mucho del calificativo “yegua” de los y las caceroleras.
¿Será eso? ¿Se trata de defender a quien queremos, de ser más comprensivos contra estos “exabruptos” porque “el Pelado” es una persona con posiciones progresistas en otros temas? ¿O es que los alcances de esta problemática y la gravedad de la violencia contra las mujeres, todavía no es dimensionada por algunos varones?

Fueron graves.
Los dichos de Cordera no pueden ser minimizados, fueron graves, aún cuando luego haya pedido disculpas e intentado explicarlos. Es una figura pública, un cantante con predicamento entre jóvenes y adolescentes, y sus palabras adquieren relevancia que él debió haber medido, sobre todo en Argentina, donde una mujer es asesinada cada 30 horas, víctima de la violencia de género.
Las violaciones, el abuso de niñas y adolescentes, la violencia contra las mujeres, etc., son crímenes, y no pueden ni deben ser tratados con ligereza. Aunque no haya sido su real intención, los dichos de Cordera desbaratan años de esfuerzos y trabajo de décadas de los movimientos de mujeres.

Educar contra la violencia.
Se le exige al Estado políticas de género, que se sancionen leyes que protejan a las mujeres contra la violencia machista, que la Justicia tenga una perspectiva de género y se condene el femicidio y el maltrato. Pero un presupuesto fundamental para cambiar las conductas violentas machistas, es la educación, porque hay que cambiar profundamente los estereotipos de siglos en una sociedad patriarcal, que han puesto a la mujer en una situación de subordinación al varón, quien puede someterla y poseerla, cual si fuera una cosa.
Cuesta mucho (en recursos materiales y humanos, pero más que nada en voluntad política) que se aprueben y apliquen programas educativos en las escuelas, que tiendan a erradicar las conductas violentas de los varones hacia las mujeres, desde la infancia. Las declaraciones de Cordera constituyen un retroceso enorme en ese esfuerzo, porque su palabra tiene peso e influencia entre los jóvenes y otros sectores populares.

Juzgar con violencia.
Si los dichos de Cordera fueron graves, mucho más lo es que se condene a una joven por homicidio, en un caso de aborto espontáneo.
Eso fue lo que le dijeron a Belén que tenía, cuando llegó al hospital Avellaneda de San Miguel de Tucumán, con hemorragias y fuertes dolores en el vientre, en marzo de 2014.
El nombre no es el real, porque se trata de preservar su identidad, y así lo pidió ella, aunque hace unos días los jueces que la condenaron revelaron su verdadero nombre.
Su abogada, Soledad Deza, de la Asociación Católicas por el Derecho a Decidir, quien tomó el caso luego de la condena, ha denunciado que se le impusieron a Belén “concepciones conservadoras por encima del cumplimiento de la ley” (Página/12, 26/04/2016). Deza apeló la condena ante Casación y pidió la excarcelación, pero hasta el momento sigue detenida desde hace más de dos años (ver aparte).
Belén denunció maltrato en el hospital, adonde la acusaron de “haber matado al bebé”, y sin embargo ella dijo que no sabía que estaba embarazada. Según escribe la periodista Mariana Carbajal en Página 12 (cit.): “el médico José Daniel Martín, que la atendió, le informó que estaba teniendo un aborto espontáneo”. Y sin embargo fue condenada por “homicidio agravado por el vínculo”.
Entre los malos tratos que recibió, fue revisada por personal del hospital en presencia de policías, le trajeron el feto en una caja y se lo mostraban, sin respetar el estado en el que se encontraba, la acusaban e insultaban.
Para la abogada de Belén, ese accionar configura “formas de torturas y tratos degradantes, tal como lo definió en 2013 el Informe del Relator Especial sobre la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, de la Comisión contra la Tortura de la ONU, Juan Méndez”.
Nada de eso se tuvo en cuenta en el juicio, ni se cuestionó ese accionar en el hospital, que claramente constituye “violencia institucional”.
La más grave de las irregularidades del juicio es que, habiendo negado Belén que ese feto fuera su hijo, no se le practicó un análisis de ADN para acreditar esa acusación. Sin embargo, fue condenada por un crimen, agravado, sin pruebas.
Los jueces Dante Ibáñez (presidente) y Rafael Macorito y Fabián Fradejas, justificaron su resolución, porque se basa en “la doctrina que la Corte Suprema de Justicia de la Nación fijó en el caso de la jujeña Romina Tejerina, donde la imputada alegó que el bebé había sido producto de una violación”.
Lamentablemente esa doctrina fue fruto de un fallo de la Corte Suprema que, con el voto en contrario de Eugenio Zaffaroni, pero con el voto favorable de dos mujeres juezas, Carmen Argibay y Elena Highton, confirmó la condena a 14 años que le había impuesto el Tribunal Penal de Jujuy. ¡Y eso que por entonces no gobernaba Gerardo Morales!

Santa Tejerina.
La joven jujeña cumplió más de 9 años de prisión por matar a su bebé, fruto de una violación y a quien había parido en el baño de su casa, luego de ocultar el embarazo a su familia. Durante años fue un símbolo de lucha de las organizaciones de mujeres contra las concepciones patriarcales en el Poder Judicial y también en la propia sociedad donde ella vivía, que la acusaba a ella y no a su violador.
León Gieco inmortalizó este caso en su tema “Santa Tejerina”; muchos años antes, el dramaturgo alemán Bertolt Brecht, había abordado ese tema en su poema “La infanticida Marie Farrar”. Quien lea esos versos, no puede menos que indignarse luego ante casos como los de Romina, o ahora, el de Belén.
Seguramente éstos y otros casos volverán a ser motivo de debates y resoluciones en el próximo Encuentro Nacional de Mujeres, que tendrá lugar en Rosario en el mes de octubre.

Ordenaron la libertad de Belén
La Corte Suprema de Justicia de Tucumán ordenó ayer la liberación de la joven que permanece detenida hace un año, acusada de asesinar a su hijo recién nacido en el baño de un hospital provincial. En medio de una polémica por el caso, que movilizó a distintos sectores sociales del país, los vocales de la Corte Antonio Gandur, Antonio Estofán y Daniel Posse firmaron un fallo que dictamina la liberación inmediata de la mujer, que aquí la prensa bautizó como “Belén”, de 27 años, para mantener en reserva su identidad. Según agencias de noticias, los jueces dispusieron que las actuaciones regresen a la Sala III de la Cámara Penal, que la había condenado en marzo, mientras la Corte se dedica a resolver la cuestión de fondo, informaron ayer fuentes vinculadas al caso.