Corsos que decaen y esqueletos en la duna

Señor Director:
En tanto siguen los incendios y ha retornado la canícula, nos enteramos que en Santa Rosa parece haberse asistido a la decadencia de los carnavales. Cierto es que ya no se trata de las carnestolendas de varias décadas atrás, con máscaras, carrozas, papel picado y pomos con agua. Ahora lo que se ofrece es la actuación de conjuntos, sin duda meritorios en lo suyo y nos queda la duda de si la diferencia hace que el público vaya dejando de ser protagonista y pasando a la condición de espectador.
Quizá por no conseguir protagonismo internacional o por la gana de hacer un amasijo, un grupo de rugbiers argentinos atacó a un joven, también rugbier, que salía del boliche. No es la primera vez. Como el amigo de la víctima intentara su defensa, nuestros valientes de la pelota ovalada lejos de oponer razones optaron por molerlo a golpes de puño y puntapiés, hasta dejarlo de cama en un hospital. Mundo extraño y dispar nos ha tocado en suerte. En otras ocasiones, los violentos atacan a quienes identifican como gays. Otros, como aquí, parecen satisfacerse con golpear al que ven diferente o no les cae en gracia. Mientras hay lugares del mundo donde se admite ya el matrimonio gay, quedan estos reductos de barbarie con la consiga de demoler al distinto, negándole hasta el derecho a la vida.
Una aparición de esqueletos en dunas de la península Valdés no lejos de Puerto Pirámides produjo la primera impresión de que se podría estar antes de uno de esos cementerios clandestinos a que son propensas algunas dictaduras. Luego se supo que los esqueletos de tales dunas tienen una data de tres mil años y que el lugar es lo que llaman un sitio arqueológico. Por ahí pasaron nuestros antepasados durante la larga marcha iniciada en Alaska, cuando les fue posible salvar la distancia entre Asia y América. Si bien hubo otros ingresos a América por vía marítima, el recorrido desde Alaska hasta Tierra del Fuego está documentado y hay testimonios dejados por esos pueblos de cazadores y recolectores. A su paso algunos de ellos, que hallaron refugio en cavernas, dejaron pictografías, cuyo sentido último se discute puesto que existe más de una posibilidad: que tuviesen conciencia de que otros que llegarían en algún momento pudiesen aprovechar su experiencia. O que el sentido artístico haya tenido esas tempranas manifestaciones. Lo cierto es que cada grupo se hacía sedentario mientras durase la oferta natural de alimento, luego de lo cual retomaban la marcha hacia el sur. Hay una costa de río en Estados Unidos donde se han contado siete asentamientos sucesivos, pues la naturaleza rebrotaba si le daban oportunidad. Antes y ahora, nuestra especie fue básicamente destructora del recurso natural. La diferencia entre el antes y el ahora es que ya no quedan espacios vacíos en el ajetreado planeta que nos soporta. Los esqueletos de Valdés quedaron a la vista, al parecer, porque ha habido una larga temporada de fuertes vientos que fueron peinando las dunas.
En tanto y como para demostrar que el tiempo corre con más velocidad que nuestra capacidad de adaptarnos a sus vaivenes, asistimos a una incesante oleada de femicidios. Uno de los más espeluznantes se produjo en Mendoza. Un hombre fue hasta la casa de su ex pareja y la mató, cosa que también hizo con el hijo y con la madre. Para “borrar las huellas de la infamia” (como dice la letra de nuestro “Arrésteme, sargento, y póngame cadenas”), el individuo prendió fuego a la casa. Pasó por lo de su nueva pareja, le dijo que le parecía que se había “mandado una macana” y poco después se suicidó.
Todos coincidimos en pensar que sucesos como el que acabamos de relatar, se deben a que los cambios sociales (los que promueve ahora el feminismo) no son sincrónicos con nuestra capacidad de adaptación. El machismo, que imperó por milenios, ha sido el hábitat natural del varón hasta que las sufragistas inglesas abrieron la brecha.
Atentamente:
Jotavé