sábado, 21 septiembre 2019
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Cortan el Atuel y encima se burlan

Las elocuentes y conmovedoras fotografías del río Atuel publicadas por este diario hace unos días, son el corolario de lo que se anticipaba en algunos ámbitos interesados en la defensa de nuestros ríos: por un lado la concreción de algunos avances en materia judicial y que merecieron ásperas réplicas y objeciones desde varias instancias cuyanas, oficiales o privadas. Pero por otra parte la ratificación de que, en lo esencial, la política mendocina con relación al río Atuel no ha variado nada.
La resolución que la Corte Suprema de Justicia emitiera un año atrás en lo relativo a la fijación de un caudal para La Pampa -muy bien recibida en nuestra provincia- se fue diluyendo en actos burocráticos tan menores como efectivos en su conjunto, que fueron desde las objeciones a los plazos hasta la pretendida necesidad de mayores estudios, pasando por medidas agraviantes como la promoción turística sobre los caudales plenos del río y con un acompañamiento (que bien puede considerarse complicidad) por parte de Nación de aquella estrategia dilatoria. Los irrisorios valores de escurrimientos propuestos por ambas partes coligadas eximen de mayores comentarios.
Ahora el río se ha cortado una vez más, y en las mismas condiciones que a lo largo de setenta años (o de un siglo si se hila más fino): sin aviso ni justificación alguna, en una suerte de respuesta cínica a las modestas iniciativas turísticas que comenzaron a surgir en La Pampa a orillas del Atuel. Y para peor un funcionario mendocino se burla de los pampeanos al afirmar que este nuevo corte obedece a causas «naturales».
La conclusión que puede extraerse de estos hechos no es nueva. A despecho del proceso judicial en marcha, otra vez Mendoza se ha atrincherado en su vieja táctica de prolongar en el tiempo el estado de cosas, ya sea a la espera de un golpe de suerte político (como el que hoy la beneficia) o que la misma inercia que suele campear en el país postergue in eternum la resolución del problema. El panorama es tan evidente que el periodismo nacional ha llegado a calificarlo como «un conflicto sin fin».
La desaprensión mendocina -que en este caso hasta desdeña la intención última que late en la resolución de la Corte Suprema- no aparece como sorpresiva para quienes vienen siguiendo con atención este antiguo y lamentable conflicto entre dos Estados provinciales.
La Comisión Interprovincial del Atuel Inferior, que en su momento objetaran algunas entidades pampeanas por su identificación nominal con su antecesora, parece estar volviendo a desempañar un papel poco efectivo ante la indiferencia y falta de respuesta mendocina. Acaso ya no sea suficiente la comunicación a la Corte sobre la interrupción de caudales y habrá que apuntar a visibilizar de otra forma el conflicto ante todo el país apelando a medidas de otra entidad que deberán ser evaluadas y planificadas. Quizás llegó la hora de emprender otras acciones más enérgicas que complementen y refuercen las ya emprendidas en el máximo tribunal del país y que por el momento, y en los hechos, no han provocado resultado alguno.
Mendoza ha demostrado hasta el hartazgo que no cambiará de actitud y hoy lo vuelve a ratificar.