Cosas ciertas, cosas que pueden ser falsas y otras muy truchas

LA SEMANA POLÍTICA

La política está llena de embrollos. A muchas cosas reales se las disimula. Otras son muy dudosas y se las da como verdaderas, aún desmentidas. Y otras son decididamente falsas, pero circulan con sello oficial.
EMILIO MARÍN – Una cosa es real, aunque hasta el 6 de abril habrá maniobras para postergarla: la huelga general dispuesta por la CGT. Fue un parto de montes que duró entre agosto, cuando se anunció la parición en un Comité Central Confederal, hasta el jueves 16. En el medio, todas las idas y venidas que caracterizan a la relación entre esa burocracia sindical y Mauricio Macri, con concesiones recíprocas. Unos recibían fondos de obras sociales y otro unos meses de tranquilidad.
Al final las bases pusieron fin a tantas postergaciones, con la masiva marcha del 7 de marzo y la protesta que impactó en los triunviros y el palco oficial. La cesárea fue fijada para el 6 de abril, salvo una excusa de último momento.
En ese airado reclamo de trabajadores incidió muchísimo el clima social caracterizado por altos índices de desempleo y pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Sobre lo primero está a la vista lo de Sancor, fábrica de productos lácteos de primera necesidad que en el ajuste pasaron a ser prescindibles en muchos hogares o reducidos a su mínima ingestión. Sus directivos comunicaron al gobierno que piensan cerrar cuatro plantas y el número de cesantes no será de 500 sino del doble. Esas cosas incidieron en la determinación del paro general.
Y sobre el deterioro de los ingresos de los trabajadores, la mejor demostración pueden ser los docentes, otrora tan venerados por su rol y hoy privados de una ley que les garantiza una paritaria nacional en un país tan desparejo. Su paro de varios días, sobre todo en la estratégica provincia de Buenos Aires, demuestra que hay muchos salarios por debajo de la línea de pobreza de quienes imparten clases y también, en igual o mayor medida, en los hogares de donde provienen los alumnos.
Ese cuadro de protesta también se lo puede leer entre líneas en la modalidad del paro. Será matero, para decirlo en lenguaje llano, sin movilización. Es que los popes cegetistas, luego del desborde y desaire público que sufrieron el 7 de marzo, no quieren poner la otra mejilla. El horno no está para bollos. Mejor un paro con la gente en su casa, criticando al gobierno; si se la llama a Plaza de Mayo pueden cobrar otra vez los triunviros. El paro silencioso es de los hacen ruido para todos lados.
Quedaron mejor ubicadas las dos CTA, de Yasky y Micheli, que habían llamado al paro del 30 de marzo. Así pusieron también su cuota de presión sobre Azopardo 802 y ahora, cuando allí se llamó a parar el 6 de abril aquellos van a adherir pero manteniendo una movilización callejera el 30 de marzo, para calentar la previa.

Cosas que pueden ser falsas.

El viernes 17 Marcelo Bonelli, columnista de Clarín, detonó una bomba periodística. En su Panorama Empresarial aseguró que el ex jefe de gobierno español, Felipe González, le preguntó a Mauricio Macri: “Presidente: ¿por qué no va presa Cristina Kirchner?”. Luego habría insistido con “¿Cuándo va a ir presa Cristina?”. Y ante las supuestas evasivas de su interlocutor, relativas a las demoras de la justicia, González le habría dicho: “Quiero que sepas que nadie va a invertir en serio en Argentina hasta que los hechos de corrupción de Cristina sean juzgados y condenados”.
Como era previsible, ese supuesto diálogo generó un gran revuelo político aquí y España. La directamente afectada, Cristina Fernández de Kirchner, usó las redes sociales para difundir dos carta-documento a Macri y González, intimándolos a que en 24 horas ratificaran o rectificaran lo publicado por Clarín.
El jefe del PRO se mantuvo en silencio, sin decir ni mu; se sabe que el que calla otorga. González, en cambio, desmintió personalmente y por medio de su vocero de prensa, tal especie envenenada. En la noche del viernes fue entrevistado por Gustavo Sylvestre en Minuto 1, por C5N, y reiteró que lo de Bonelli era completamente falso y además no correspondía a su pensamiento.
Es que Cristina lo había apurado. Le costaba creer que él fuera autor de un acto de interferencia alevosa en los asuntos internos argentinos en desmedro de una ex presidente democrática. Y el interpelado se desmarcó de la información que Clarín daba por cierta.
El proceder del monopolio de Héctor Magnetto y el de Bonelli está lleno de casos donde la mentira se presenta como verdad absoluta. Esta podría ser una más de la vasta colección. Es muy posible. Hay un 90 por ciento de posibilidad de que sea otra mentira.
De todos modos, se puede dejar 10 por ciento para considerar que la conversación de Macri-González existió, si bien no en esos exactos términos. ¿O la derecha española, en convergencia con Clarín, acaso no coincide en la conveniencia de que la ex presidenta vaya presa? ¿O González no devino en un lobbista de esos holdings españoles en Latinoamérica? ¿O no hay un debate al interior del macrismo sobre la conveniencia de empujar a su gran rival a la cárcel, pensando en las legislativas de 2017 y las presidenciales de 2019? Es sabido que Jaime Durán Barba sugiere que CFK no vaya presa por ahora y sirva de sparring para polarizar la elección en Buenos Aires. Otros del PRO-Cambiemos, en cambio, quieren la ayuda de Claudio Bonadío en Comodoro Py para que ella sea detenida, ante el temor que les infunden ciertos sondeos al revelar una alta intención de voto en ese distrito clave.
La credibilidad de Bonelli es cercana a cero, igual que la de Macri en estos tópicos y la de González, que nunca va a convalidar las cuestionadas afirmaciones. A los 75 años puede ser un poco bocón, pero como no hay grabaciones ni videos sabe que tiene que negar y negar.
El episodio está más cerca de la falsedad que de la verdad, a diferencia de lo del 6 de abril, cuando en efecto habrá un paro general contra el gobierno de los monopolios, entre otros los de casa matriz en España.

Cosas que pueden ser o no.

La economía argentina concluyó el 2016 con un lapidario 2,4 por ciento negativo. Y esa marcha descendente continuó en el primer bimestre del año, aun cuando 2017 podría cerrar con un leve repunte. De ser así, en el mejor de los casos, la economía volvería a su nivel de fines de 2015, con el detalle de que el crecimiento vegetativo de la población no habría puesto las cosas en el mismo lugar (habría igual cantidad para repartir pero entre más personas).
Además hay que aguardar para ver si efectivamente ese rumbo algo mejor sucede, o si se pincha a mitad de camino por causas locales y otras de índole internacional (el mundo Trump tiene sus trampas para los que tienen de horizonte estratégico ser el supermercado del mundo).
Muy entre dientes, como suele hablar, el presidente admitió en declaraciones, en la ampliación de la planta de PSA de Peugeot-Citroën, que para la mayoría de la población las mejoras económicas aún no se notan. Sin embargo, jura que ya se salió de lo peor, un abismo que sería culpa de la administración anterior.
En el único punto donde esa adjudicación de culpas hacia atrás es correcta es en otro asunto alejado de los pesares de la gente que no llega a fin de mes. Es en la falta de justicia, de esclarecimiento y condenas a los culpables del atentado contra la embajada de Israel, del que el viernes se cumplió 25 años sin novedades judiciales. Hace un par de años el titular de la Corte, Ricardo Lorenzetti, lo había dado equivocadamente como “cosa juzgada”.
Tampoco en este asunto el presidente camina de la mano de la ley, en la medida que es parte de quienes acusan sin fundamentos a Irán de ser el autor de tamaño acto de terrorismo. Y, en vez de encaminar la desastrosa investigación de ese atentado y el cometido contra la AMIA, a esa errónea adjudicación de responsabilidades le sumará ahora una ley para juzgar en ausencia a presuntos responsables. Esa norma legal generará un terremoto judicial y más aún si -como se rumorea- será aplicada en forma retroactiva para condenar a inculpados sin pruebas en hechos de 1992.
Un caso típico de subjetivismo alejado de todo criterio real y legal. Irán lo hizo, es la acusación de Israel, el Mossad y presidentes argentinos, en forma destacada el actual, más la ex SIDE del eterno Antonio Stiusso y el fallecido Alberto Nisman. Aunque naveguen en un mar de dudas y no tengan la más mínima prueba, su dictamen es inapelable: condenar a Teherán a como de lugar, aun cuando la república islámica no tenga antecedentes de terrorismo alguno.
Con el mismo subjetivismo, pero con tantísimos datos que van a contramano de sus afirmaciones, el Indec de Jorge Todesca afirmó que en el cuarto trimestre de 2016 el desempleo había bajado al 7,6 por ciento. Imposible cotejarlo con mismo lapso de 2015 porque la decisión del presidente fue desactivar esa medición y las primeras de 2016.
El Indec renovado dice que sus estadísticas son excelentes, pero la recesión, la inflación aún alta, la caída del consumo, el deterioro de los ingresos, el parate de compras con tarjeta y la apertura indiscriminada de las importaciones alertan a los gritos que el desempleo y la pobreza aumentan. ¿Se le creerá a Macri y su Indec, o a los miles y miles de docentes que piden un sueldo digno y al personal de Sancor, Atanor y General Motors que quiere trabajar?