Cosas que pasan en una y en muchas ciudades

Señor Director: El autor de estas notas está atento, principalmente, al acontecer mundial, pero no se distrae de lo que sucede en su propia ciudad.
Santa Rosa, quizás porque ha crecido y está dando un estirón prolongado, a tono con el proceso de
predominio total de lo urbano que se observa en nuestro tiempo, no diré que funciona como el Aleph de Borges, que reproducía el todo de todo tiempo (una especie de mirada de una deidad), pero sí que permite comprobar que el hombre social produce conductas que se repiten en el tiempo y en el espacio. Dato éste que confirmaría la unidad de la especie homo.
Veamos lo anotado al leer el diario el pasado jueves ocho.
Lo primero que llama la atención es lo que anoté como “el extraño caso de la Lista Verde”. La novedad, ante la próxima elección de delegados de la Cooperativa Popular de Electricidad, consistía en la reaparición de la competencia, luego de años de presentarse una sola lista. Lo extraño es que quienes se decidieron a producir esta novedad interesante (porque sin competencia siempre falta algo que importa) presentaron una lista en la que figuran algunas personas que no están asociadas y que la mayoría de los candidatos omitió su firma, siendo que ser socios y firmar son condiciones corrientes. La extrañeza que el hecho ocasiona y la correspondiente pregunta que queda por ahora flotando sin respuesta es qué sentido puede tener algo tan burdo.
La segunda anotación da cuenta de un atentado del que resultó quemado un auto y también afectado el frente de la vivienda donde estaba ese vehículo. El fuego luego fue controlado por los bomberos, llegados con presteza. Si bien el suceso quedó encuadrado dentro de una situación de la que se tenía conocimiento (un proceso de quiebra donde hay cierta cantidad de concursantes y el hecho de que se sepa que hay otras personas que creen tener acreencias, pero no han entrado en la lista de concursantes). El hecho es extraño por el grado de violencia que algunos de los excluidos muestran estar dispuestos a ejercer, quizás como su manera de presionar para ser tenidos en cuenta, o de desquitarse por saber que no tienen posibilidad de entrar en la lista de concursantes.
El tercer caso publicado el mismo día en nuestro diario es el de un comisario, quien fue premiado públicamente como reconocimiento a su eficacia y competencia para el cargo, en la celebración policial de su Santa Rosa (o sea, el 30 de agosto pasado), luego de lo cual, apenas ocho días más tarde, fue imprevistamente relevado de sus funciones, sin que se dieran a conocer formalmente los motivos de esta extraña decisión. Puede esperarse que si la separación del cargo subsiste y el sumario o acción administrativa formal confirma la separación, se llegue a saber si el diploma recibido el 30/8 le será retirado. O si todo se deslizará como si se tratase de un retiro jubilatorio normal, dentro de una vigente modalidad de no informar a la prensa de los hechos que provocan la intervención policial.
El cuarto suceso no se produce en Santa Rosa. El concejo deliberante de una población próxima decidió cambiar el nombre del salón de actos municipal. Se llamó originalmente J. A. Roca y luego, hace pocos meses, fue cambiado por N. Kirchner, ambos ex presidentes, aunque distanciados por todo un siglo. A su vez, el intendente se niega a convalidar este cambio y queda planteada una diferencia que deberá zanjarse para que la paz ayude al buen desempeño de la gestión. Roca y Kirchner se diferencian no solo por el paso del tiempo sino por su posición y su opinión con respecto al papel de Roca en la campaña que lo tuvo por comandante de la fuerza militar que fue presentada como necesaria para dar presencia del Estado en un vasto territorio (la Patagonia), pero que incluyó lo que en nuestro tiempo se considera crimen de lesa humanidad. Esta semana he abordado este tema histórico y trataré de desarrollarlo de modo más explícito.
Atentamente:
Jotavé

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