Cosas que pasan y que no son de dejar pasar

Señor Director:
La noticia dice que allanan el boliche Mil Demonios, en Rawson, capital de Chubut, y hallan a una niña de 14 años que había sido llevada allí desde el hogar de menores donde estaba alojada.
El otro dato permite saber que en el mismo procedimiento y en el mismo boliche fue hallado un hombre mayor, llamado Fernando Peralta. Esta persona que se permitía tal expansión desempeñaba el cargo de subsecretario de Derechos Humanos de la provincia.
Peralta renunció de inmediato a tales funciones públicas, porque su presencia en el lugar provocó lo que la prensa llama “escándalo”, palabra generosa en acepciones, según la RAE. Veamos algunas: Acción o palabra que es causa de que alguien obre mal o piense mal de otra persona; alboroto, tumulto, ruido; desenfreno, desvergüenza, mal ejemplo; asombro, pasmo, admiración; dicho o hecho reprensible que es ocasión de daño y ruina espiritual del prójimo… Hay otras dos que se refieren al fariseísmo activo o pasivo. El fariseísmo es sinónimo de hipocresía. Creo que vale acudir al mataburro, porque ayuda a la buena lectura. Cabe agregar que Peralta es mencionado como el propietario del boliche, en cuyo supuesto uno podría preguntarse si ese tipo de ambientes es donde se debe buscar a quienes velarán por los derechos humanos en la jurisdicción.
La otra noticia también tiene procedencia patagónica, en este caso Río Negro. Dice que el Consejo de la Magistratura (judicial) de Río Negro destituyó al camarista Juan Antonio Bernardi por “mal desempeño y graves desórdenes de conducta”. Peralta era camarista en Viedma y estaba suspendido en esas funciones desde hace 17 meses. En marzo de 2015 la madre de una niña alojada en el Centro Integral de Niños y Adolescentes denunció salidas de su hija y otras jóvenes para tener contactos sexuales con adultos. Planteado el caso, otras adolescentes alojadas en el mismo instituto (de protección de menores y adolescentes) declararon en cámara Gesell que eran llevadas a la casa quinta del camarista Bernardi, en una zona rural, para reuniones con un grupo de adultos conocidos como “la banda de los viejos”, donde se cometían abusos sexuales a cambio de dinero o regalos. Separado de su cargo judicial, Bernardi afronta ahora un juicio penal.
Está claro que este caso de Viedma también es escandaloso, en particular porque tanto el renunciante de Chubut como el destituido de Río Negro son individuos en ejercicio de funciones encaminadas a velar por las personas del común, en ambos casos por menores y adolescentes que estaban bajo la tutela del Estado. La justicia es la que habitualmente interviene para tutelar a esas mujeres y el Estado, del que la justicia es parte, es quien provee y mantiene los institutos donde se ejerce la tutela. O sea que las niñas del caso serían otras tantas Caperucita Roja rescatadas de una selva donde puede haber lobos, para conducirlas a lo que resulta ser la antesala de la casa del lobo.
Puede haber quien se diga o piense que estas cosas han pasado siempre. Cabe objetársele que no puede ser razonable lo que supone porque lo sensato es esperar que una mayoría de gobiernos y de institutos cumplan bien lo básico de su objetivo. Lo contrario significaría que la mayoría de las personas son abusivas y corruptas y que las que no lo son o no llegan a serlo en acto es porque no se las ha puesto ante una situación capaz de desatar su tendencia natural. La refutación de este modo de pensar desbordaría el espacio de este comentario, pero diré que la sociedad humana, constituida a partir de haberse asumido responsable de su conducta, basada en su libertad, propone y se obliga a respetar sus propias propuestas y que el fariseísmo o hipocresía es el rostro que muestran quienes desisten de este empeño sin confesarlo y en casos sin confesárselo. Este tema es mucho más complejo, así como siempre es difícil el proyecto humano de convivencia responsable.
Atentamente:
Jotavé