Crisis arruina obras e infraestructura

ECONOMIA EN BRASIL

Además de desequilibrios macroeconómicos, como la caída del producto interno y las altas tasas de inflación y déficit público, Brasil soporta pesadas pérdidas por la paralización de muchos proyectos petroleros y logísticos.
Gran parte de la infraestructura en construcción respondería a un ciclo que se agotó, el de la demanda y precios de materias primas en alza.
La desaceleración económica de China golpeó muy especialmente al mineral de hierro, cuyos precios cayeron más de 60 por ciento desde 2013. En consecuencia difícilmente serán viables varios yacimientos mientras perdure ese cuadro, igual que dos ferrocarriles en construcción en el Nordeste de Brasil y ahora de incierta conclusión.
El Ferrocarril Oeste-Leste (Fiol), diseñado para cruzar el estado de Bahia y alcanzar áreas productoras de soja, depende de que entre en operación una mina de hierro en Caetité, a 380 kilómetros en línea recta desde Ilheus, la ciudad costera donde se instalaría un puerto exportador.
Situación similar enfrenta la línea ferroviaria Transnordestina, más al norte, que unirá otra zona minera y agrícola a dos puertos ya operativos. “Pero la mina allá ni siquiera existe aún”, ironizó Newton de Castro, profesor en la Universidad Federal de Río de Janeiro.
“El mineral malo, con bajo tenor de hierro, sale del mercado cuando disminuye la demanda, afectando los ferrocarriles que lo transportarían”, explicó a IPS este ingeniero con doctorado en sistemas de transporte, crítico de los “malos proyectos” que proliferaron en Brasil en los últimos años, para suplir una supuesta carencia de infraestructura.
Las dudas sobre la viabilidad de la mina de Caetité contaminaron el Porto Sul, donde llegaría el Fiol. La construcción de ese megaproyecto portuario aún no comenzó y la del propio ferrocarril está paralizada y fue excluida del plan gubernamental para ampliación de las vías de transporte.
La línea Transnordestina avanzó algo más, favorecida por la existencia de los dos puertos de destino que son también complejos industriales: Suape en el nordestino estado de Pernambuco y Pecém en el más norteño estado de Ceará.
Pero el yacimiento de hierro y otros minerales para el que se construyeron está abandonado desde la quiebra de su dueño, antes conocido como el hombre más rico de Brasil, Eike Batista.
Otro gran proyecto, la duplicación del Ferrocarril de Carajás, de la principal empresa minera del país, Vale, tiene mejor suerte. “Transportará mineral de excelente calidad y su costo será bajo, ya que se trata de ampliar una infraestructura ya existente”, evaluó Castro.
La coyuntura de menor demanda y bajos precios “sacará del mercado las minas de costosa explotación y las pequeñas empresas mineras”, favoreciendo el predominio de las grandes, como Vale, la anglo-australiana RioTinto y la británica AngloAmerican.
Brasil es el segundo productor y exportador mundial de hierro detrás de Australia, y Vale la mayor productora del mineral, que tiene como principal mercado a China.
Los puertos también sufrirán contenciones en su proceso de multiplicación y ampliación a lo largo de las costas brasileñas, no solo por el bajón minero. En su contra juega principalmente la crisis petrolera en Brasil, debido al hundimiento de precios y principalmente al escándalo de corrupción que golpea al grupo estatal Petrobras.
El drástico recorte de las inversiones de Petrobras abate el programa oficial de desarrollo de una amplia industria naval, que comprendía decenas de astilleros distribuidos a lo largo de la costa brasileña, para producir buques, plataformas, sondas y otros equipos de exploración y producción petrolera en aguas profundas costa afuera.
La crisis provocó el despido de decenas de miles de obreros y la suspensión de las obras de muchos astilleros y sus áreas portuarias. Solo la empresa naval Enseada, contratada para hacer seis buques-sonda para Petrobras hasta 2020, al costo de 4.800 millones de dólares, despidió casi todos sus 7.000 trabajadores desde 2014.