Cuando se busca la causa en otra parte

Señor Director:
Como se ha podido leer, han hecho su reaparición los “supremacistas blancos”, esto es los que sostienen su preeminencia con respecto a todo hombre con rasgos faciales y coloración de la piel distintos. Entre las causas y efectos de la reciente elección presidencial en EE. UU. se apeló a este tipo de ideas y de tendencias que suelen permanecer aletargadas hasta que algo las hace emerger. De hecho, el partido Republicano procuró excitarlas a fin de completar el dominio del poder político que ya poseía en el Senado.
Como expresión destacada del neoliberalismo triunfante en gran parte de Occidente, ahora se utiliza metódicamente el procedimiento de despertar estos rasgos de la condición humana como una forma actualizada del exorcismo. La experiencia que recibe este nombre presume que el mal no está en nosotros, sino que viene de otro lado. En tiempos más lejanos todo el mal o lo malo era atribuido a un ser poderoso, el diablo o demonio o a espíritus subordinados a éste personaje de la llamada Creación, el cual y su progenie andaban siempre en la búsqueda de instalación gratuita en algún humano distraído o ingenuo, abierto por eso a cualquier intrusión. Algo así como los ahora llamados “ocupas”, que entran a casas deshabitadas que no han cerrado debidamente sus accesos. El exorcista ejercía sus artes curativas hasta lograr que el o los malos espíritus salieran de tal cobijo, con cuya acción hacían notoria su presencia y su poder. En nuestros días, los “ocupas” suelen ser expulsados por la fuerza policial o la gendarmería, prefiriendo que esos intrusos se arreglen para vivir en la vía pública, ya no como ocupas sino como “seres en situación de calle”. Obsérvese la finura hipócrita de esta forma de expresar lo que, para otros ojos, es testimonio de desigualdades asumidas por muchos hasta como necesarias y convenientes.
En Virginia, los supremacistas de la condición aria pura arremetieron contra una reunión de personas de variada extracción social convocadas con la finalidad de repudiar las varias manifestaciones de la xenofobia. En la potencia norteña esta repulsa ha estado tradicionalmente dirigida contra los afroamericanos, sin tomar en cuenta que la presencia que motiva esos desmanes no tuvo origen en la voluntad de sus víctimas, sino que los de piel negra fueron aprisionados o comprados en África y llevados y aceptados como esclavos, sobre todo al sur tradicional del ahora vasto territorio de los Estados Unidos. El hecho jurídico de que los descendientes de tales esclavos hayan terminado siendo formalmente aceptados como ciudadanos en la plenitud de derechos no ha cambiado la decisión de ensayar diferenciarse, incluso matando al otro. En el episodio comentado la agresión inicialmente verbal fue complementada por un joven blanco supercivilizado, quien lanzó su automóvil sobre el grupo de manifestantes, mayoritariamente blancos no racistas. El saldo fue la muerte de una mujer blanca, abogada, de 32 años, llamada Heather Heyes, que se había unido a la repulsa de esa forma violenta de exclusión. Hubo además una veintena de heridos. El terrorista fue identificado.
Últimamente se ha visto que no basta con declarar y formalizar en documentos políticos fundamentales el principio de la igualdad de los seres humanos. Se ha hablado de la necesidad de “emponderar”, que así se propone que cada persona tome conciencia del objetivo de reconocer la hermandad básica de los humanos. En tanto hay quienes ponen su empeño en hacer real y operante la antigua tendencia a expulsar sus demonios instalándolos en cuerpo y alma de los menos favorecidos por la fortuna, muchos de los cuales también hacen esa operación, trasladando sus demonios a un “Otro” y buscando ser reconocidos y aceptados como los que son “como uno”: los biennacidos, aunque no tengan la apariencia física o el color de la piel de los preferidos.
Atentamente:
Jotavé