Cuando se siente como necesario matar a otro

Señor Director:
En el pasado fin de semana se pudo conocer noticia de tres casos de femicidio que se han producido en Mendoza, una provincia que en relación con sus habitantes puede estar entre las primeras en este tipo de crímenes.
El lunes se había denunciado la desaparición de dos mujeres: Julieta González, de 21 años y Janet Zapata, de 29. Al día siguiente se supo que habían sido encontrados dos cuerpos, que pertenecían a esas mujeres. El de Julieta estaba atado de pies y manos y había sido arrojado en un descampado. El de Janet estaba semienterrado, también en un descampado. Por el caso de Janet había un detenido, el cual habría actuado como sicario de la pareja de ella, Damián Minati, también detenido. De comprobarse que éste fue un crimen por encargo, no sería el primero
El pasado miércoles un grupo de mujeres, con el apoyo de algunos varones, salió a manifestar con el cartel “Ni una menos” (en Ugarteche, también Mendoza), esta vez por la muerte de una joven mujer (19 años), llamada Ayelén Arroyo, cuyo asesino sería su propio padre, Roque Arroyo, 54 años. Este hombre ha sido detenido y quedó encausado bajo el cargo de “homicidio calificado por el vínculo”, al que se agregó “abuso sexual con acceso carnal en grado de tentativa”. Este último hecho había sido denunciado por la víctima dos semanas atrás, pero Arroyo desobedeció una restricción de ver a su hija, y por lo que parece la mató donde la encontró (en la casa de un hermano). Ahora el gobierno de Mendoza pide jury de enjuiciamiento para el fiscal de instrucción Fabricio Sidote, que fue quien recibió la denuncia de Ayelén, pero accedió a la libertad del acusado con unan restricción de acercamiento que no fue acatada. Además, autorizó que Roque Arroyo residiera en una casa a unas pocas cuadras de la que ocupaba Ayelén. Otra hermana de ésta, que acaba de llegar de Salta, donde reside, dijo que ella también fue violada por su padre reiteradas veces y que la hija de Ayelén, de un año, estaba siendo manoseada por el hombre cuando fue sorprendido por la madre.
Por lo que se va viendo, se produce ahora una reacción inmediata (incluso con carteles que apelan a la ironía, como el que las manifestantes desplegaron ante la sede judicial, que decía: “Perdonen la molestia, pero nos están matando”) y hay más sanciones penales aceptables y prontas, aunque esto último no siempre. No obstante, la matanza de mujeres no se detiene y hasta parece que se exalta, como si los autores fuesen siempre sicarios de un mandato que podría enunciarse así: “Matad a las mujeres”.
Hasta ahora, en mi análisis sobre causas probables de esta agresión a la mujer he destacado la importancia del cambio social que se produce en nuestro tiempo y que puede señalarse tuvo su punto de partida la victoria de las sufragistas por el voto de la mujer, ahora ampliado a todo el universo de derechos. El proyecto de nueva ley electoral que está en debate eleva la representación femenina del 30 al 50 por ciento de los candidatos a cargos públicos. Si bien en el terreno político se va llegando a la igualdad, en otros campos el proceso es más lento. Los hombres que incurren en femicidio pertenecen a todos los niveles sociales, pero hay un predominio del sector más bajo de la sociedad, lo que podría explicarse por la relación entre nivel social y educación y porque los estratos más bajos tienen más miembros. Sigo sosteniendo esta opinión, aunque ahora busco explicarme la magnitud de estos crímenes y su relación con deformaciones sexuales, que pueden tener más importancia de la que se les atribuye. Puede ser que la peligrosidad aumente con la condición sexual real de cada individuo.
Reproduje el cartel que dice “Perdonen la molestia, pero nos están matando”. Expone una verdad lacerante tanto por las muertes que se están produciendo como por una morosa respuesta de la justicia, que sigue siendo deficitaria, a pesar de estar actualizándose.
Atentamente:
Jotavé

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