Cuando todo parecido no es tan solo coincidencia

Señor Director:
Habrá quien manifieste sorpresa o asombro al advertir coincidencias en la expresión política de países soberanos y habitualmente diferentes en por lo menos algunos rasgos.
Perciben que el acontecer político de Brasil, que ha culminado con una “condena judicial” a Lula sin prueba fehaciente, guarda creciente semejanza con el desenvolvimiento político de la Argentina.
El acontecer “político” es la manifestación visible de la relación que existe en la sociedad por la conflictividad propia de la vida asociada. Es lo que llamamos el “conflicto”, que se da al chocar fuerzas o necesidades o pretensiones opuestas entre los individuos y los sectores que agrupan las afinidades en su situación social. En un tiempo un aspecto significativo de estas fuerzas y, por ende, del conflicto fue caracterizado como el choque de dos colectivos: lo que inicialmente se llamó burguesía y el proletariado. En la medida en que estas energías colectivas fueron tomando conciencia de sí mismas y desarrollando una estrategia apropiada para mantener el predominio de una parte o para al menos compartir el dominio con la otra parte, la lucha tomó una apariencia más visible.
El proletariado optó por organizarse mediante la sindicalización a fin de estar en condición de equiparar las fuerzas en disputa para alcanzar una igualdad en el goce de los bienes que resultan de la explotación de necesidades y recursos naturales. Pudo entender que cuenta con aliados naturales en algunos productos de la evolución de la sociedad; particularmente en la educación, pues el saber tiende a expresarse como poder: de lograr que el acceso al saber fuese una disponibilidad para todo ser humano se pasaría a participar de esa fuente de poder. Luego se observó que los procesos de democratización de la sociedad que venían ensayándose desde la antigüedad podían llegar a ser un arma decisiva para la conquista de la igualdad proclamada o el reemplazo del poder tradicionalmente acaparado por una minoría. Al mismo tiempo, su rival, que además de burguesía fue llamado oligarquía (gobierno de pocos), no tardó en entender que en ese esquema (soberanía del pueblo, elecciones libres) llevaba las de perder, buscó hasta encontrar la manera de contrarrestar la desventaja democrática sin modificar su apariencia externa. Este objetivo demoró más de un siglo en concretarse y fue suplido con el fraude y la violencia de la represión, incluyendo los llamados golpes de Estado (interrupción “provisoria” del procedimiento democrático).
Desde finales del siglo XX se desarrollan vigorosamente los medios de comunicación y la “oligarquía” ve llegado el momento de dejar de retroceder y de compartir espacios de poder. Logra el dominio completo o predominante de la comunicación y del espectáculo, y opera sobre la conciencia colectiva para confundir la razón de ser de la lucha social. Al mismo tiempo, con el desarrollo tecnológico y su robotización, mina la fuente del poder proletario. El sindicalismo pierde paulatinamente su protagonismo y se demora el desarrollo de fuerzas alternativas. Hoy, en la Argentina, no tenemos una sino cuatro “centrales” del trabajo asalariado y la militancia se resiente porque la conducción sindical tiene creciente acceso a los bienes y beneficios de las clases altas.
Lo descrito es una forma de entender el desarrollo del conflicto hasta su nivel actual. El poder de la minoría ya se ha trasladado al diez por ciento que acapara tanta riqueza como el noventa por ciento de la población mundial. De ese noventa, un diez por ciento se ha hecho extremadamente rico y usufructúa la globalización. Se ha independizado de los poderes nacionales y los condiciona o reemplaza incluso por la vía del voto universal.
Todo parecido en el acontecer político (de Brasil y la Argentina, por caso) solamente testimonia el estado actual del conflicto.
Atentamente:
Jotavé