Cuando ya no quedan más elecciones ajenas

Señor Director:
Pensaba en la elección presidencial norteamericana ahora que ya están elegidos los dos protagonistas, Hillary Clinton, por los demócratas, Donald Trump por los republicanos.
Al pensar esta elección para elegir sucesor de Barak Obama, primer hombre de color llegado a la presidencia, me pregunto si realmente me interesa o nos interesa. No son pocos los que se dicen que la política exterior de esa nación no variará en lo sustancial y mucho menos en lo que pueda ser favorable para nuestras expectativas. Ya llevamos muchos años de relaciones con esa potencia mundial y, además, tenemos toda la historia de la relación con el Reino Unido, la potencia que la precedió en el dominio mundial y que sustituyó a España. No revelo nada si digo que Inglaterra generó una relación económica que podemos llamar poscolonial, porque aceptaba la independencia política pero condicionaba la autonomía económica, prevalida de su revolución industrial y de la amplitud planetaria de sus dominios.
El mundo ha dejado de estar constituido por partes separadas y se ha producido de hecho una unificación a partir del desarrollo del capitalismo hacia el predominio de formas financieras, favorecidas por los nuevos medios de comunicación. Esta etapa del capitalismo genera un mundo unificado que incluso se permite tener territorios emblemáticos de su poder en los paraísos fiscales, generados para limitar el poder de los estados nacionales y para exteriorizar su autonomía. Digo que, no obstante, toda elección presidencial nos interesa, sobre todo las de las grandes potencias, porque en los estados nacionales es donde sigue teniendo sentido la democracia, en cuanto ésta supone un grado importante de protagonismo popular. Son ellos los que han dado nacimiento y sostienen una forma alternativa y declarada de gobierno mundial, con la Organización de las Naciones Unidas, la cual, no obstante el peso desfavorable de su consejo de seguridad, también representa la voluntad de reconocer el protagonismo del pueblo y procurar el afianzamiento de los derechos humanos. La singularidad del momento por el que estamos pasando en el mundo está dada por las relaciones reales, aunque no explícitas, entre los gobiernos nacionales (el Estado) y el poder financiero, que pugna por condicionar al Estado y convertir a los gobiernos en ficciones, en la medida en que hayan comenzado a subordinársele.
Esta tensión y esta lucha se exteriorizan en el proceso preeleccionario de los Estados Unidos, aunque la información que trasciende es insuficiente y aparece condicionada a una suerte de ficción aceptada: la de que no hay allí una lucha entre un poder financiero que ya no cabe en los moldes de los Estados y los gobiernos y los partidos que concurren a las competencias electorales. Obama será recordado como el primer afro que llegó a la presidencia, pero también se hará notar que el programa que le daba significado a este debut quedó olvidado o reducido a expresiones muy mezquinas. Fue el primer negro elegido presidente, pero no el ejecutor de cambios sustantivos, aunque hay que reconocer cierta dignidad y consecuencia en lograr que su gestión ofreciese batalla. La resistencia a Hillary, dentro del partido Demócrata, se relaciona con el ascenso de Bernie Sanders, quien sorprendió al ganar adhesiones, crear suspenso acerca de la definición y, finalmente, imponer ciertas políticas como partes del programa de gobierno demócrata. Se reconoce que Hillary se vio forzada a aceptar propuestas renovadoras (socialistas, dado que Sanders siempre se declaró socialista) y porque mucha parte de la juventud siguió a Bernie Sanders. Ahora mismo, en la convención que consagró a la Clinton, no pocos de los partidarios de Sanders han dicho que no la votarán o que si lo hacen será por evitar el mal mayor, que ven representado por Trump, el candidato republicano.
Atentamente:
Jotavé