Cuando el cuento no es forma menor del relato

Señor Director:
No creo ser el único que se pregunta por qué el cuento se publica poco con respecto a la novela. Y la poesía se publica menos aún que el cuento.
El caso es que cuentistas y poetas suelen hallar su sitio en publicaciones locales o de ámbito restringido geográficamente. O quedar inéditos. Cuando muere un famoso escritor de novelas, en cualquier parte, las notas que aparecen a lo largo del tiempo comienzan a consignar referencias a relatos cortos o poesías que han quedado olvidados. Y sucede que las editoras entonces ponen su mirada sobre esos “trabajos menores” y los reúnen en un nuevo volumen que generalmente se vende bien. Algunos de estos escritos suelen ser rescatados por el celo de familiares o de colegas del autor desaparecido que frecuentaron su intimidad.
En el caso del colombiano García Márquez sus relatos no quedaron inéditos porque Gabo era un periodista que creaba sus propios medios. Quizás sea por esto que Colombia, dispuesta a tener su premio distintivo en el campo de las letras, ha creado el Hispanoamericano de Cuento García Márquez, cuya primera edición se acaba de realizar. Está dotado con un premio de 100 mil dólares. García Márquez ganó fama mundial (y el Nobel de Literatura) por su novela Cien años de soledad, pero Colombia une ahora su nombre al cuento, al relato corto.
El ganador de esta primera versión del García Márquez, entre 123 participantes de América y España, fue el argentino Guillermo Martínez, quien presentó su libro de cuentos titulado Una felicidad repulsiva (Planeta, 2013). En un reportaje dice que escribe cuentos desde siempre y que algunas de sus novelas tuvieron inicialmente forma de cuento. Otros autores han dicho lo mismo. O sea que la novela puede ser, suele ser y probablemente sea muchas veces un cuento alargado. Si mantenemos la atención puesta en esta posibilidad, podemos recordar que se ha llamado inspiración o soplo de las musas al punto de partida de las creaciones literarias significativas. Los poetas románticos fueron vistos como individuos que estaban a la espera de ese soplo, que muchas veces llegaba con demora o no llegaba. La idea que puede estar larvada en esta tradición queda a lo que cada uno imagine. Una interpretación posible es que la poesía y el relato creativo en todas sus formas tengan un mismo origen: una mirada distinta, un asombro de características especiales, una sensibilidad abierta a las aperturas de lo diferente.
Mempo Giardinelli, que fue miembro del jurado, se muestra entusiasmado por la importancia que está adquiriendo de manera inmediata el premio García Márquez de cuento. Hace notar que Colombia se suma a las naciones de nuestra región que tienen su premio: Venezuela el Rómulo Gallegos de novela, Chile el Neruda de poesía, México el premio internacional Juan Rulfo… Pero “la Argentina no supo o no pudo, o acaso ni quiso hacerlo jamás. No tenemos el Premio Jorge Luis Borges al mejor cuento fantástico o el Premio Julio Cortázar a la más original obra narrativa”. Es más, agrega, la Argentina nunca tuvo una política cultural trascendente “y ya es tiempo de que se asuma este desafío”. Podría pensarse que a la Argentina no le va mal en los premios internacionales, pues nuestros autores aparecen en la lista de los ganadores. No obstante, la observación de Giardinelli es atendible, máxime en la actual etapa de regionalización y de defensa de las identidades culturales.
Digamos también que el libro del ganador del primer García Márquez, Guillermo Martínez, incluye once relatos en su libro Una felicidad repulsiva, que ahora va a estar en todas las bibliotecas públicas de Colombia (así lo dispuso el presidente Santos). Este autor, que también se orientó hacia las matemáticas, ha ganado paulatinamente su sitial entre los creadores literarios argentinos y sus relatos tienen traducción a multitud de idiomas y dan tema a películas.
Atentamente:
JOTAVE