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Domingo 07 de junio 2026

Cuando un personaje es por completo simbólico

Redacción 26/05/2013 - 03.37.hs

La muerte de Jorge Rafael Videla provocó la previsible catarata de declaraciones.
He preferido escuchar y leer para luego ver si cabe dar expresión a mi manera de entender.
Diré para comenzar que veo (a Videla) distinto a quienes lo precedieron, desde el sector militar, en la ejecución de una política que no siempre fue la misma. Su antecedente más próximo, Onganía, expresaba a una cultura militar muy fuerte, a la que sumaba su propio desarrollo de un fundamentalismo de los que excluyen la duda. En cambio, Lanusse fue la expresión de quienes viven dos mundos simultáneos y de difícil conciliación: el del militar y el del civil.
Expreso un punto de vista personal, que veré de fundamentar con más detalle en otra oportunidad. De todos los apellidos militares que quedaron impresos en el acaecer político del siglo pasado pude conocer personalmente, por haberlos visto (no por tener alguna relación próxima) a Perón, a Rojas, a Aramburu, a Onganía y a Lanusse. Las oportunidades surgieron de mi quehacer periodístico o de mi paso por la casa de gobierno, también en ésta como comunicador. Aparte de esto, que fue circunstancial, aunque no desdeñable en la formación de mi juicio, ellos, junto con algunos civiles (los líderes socialistas, los radicales Balbín, Frondizi, Illia, más algunos conservadores, y Lisandro de la Torre, que sobresalieron en el Congreso), todos fueron protagonistas de la saga de la que fui más que nada espectador, a veces esperanzado, a veces con rechazo y siempre como alguien que quiere entender a cada hombre en su circunstancia.

 

Símbolo.
Digo en el título que Videla fue "por completo simbólico" porque lo entiendo como expresión de la cultura militar, ya como alguien poseído por ella; otros tenían algún tipo de apertura hacia la cultura civil.
La cultura militar, compleja como todas, tiene un rasgo dominante: hay una misión por cumplir para la cual no sirven los que vacilan o dudan; ni se pide ni se dan razones, porque el militar es una criatura creada por la sociedad para ser el instrumento de lo que está más allá de la razón, de lo discutible y de lo negociable: la guerra.
Cuando pensaba esta nota, me puse a mirar una película. Era sobre la independencia de Estados Unidos. Un jefe militar inglés que trataba de reprimir la rebelión convocó a un pequeño pueblo a la iglesia y luego de obtener información, clausuró las puertas y les prendió fuego. Un subordinado dudó de cumplir semejante orden y entonces el jefe le dijo esta frase: "la honra no reside en los medios, sino en los fines". El subordinado siguió dudando, pero ejecutó la orden y fue el primero en iniciar el incendio. No sé si Videla pudo expresar un razonamiento como el mencionado, pero ya para nuestro tiempo la idea implícita estaba muy desarrollada. Ahora se dice que "el fin justifica los medios"
Este es el simbolismo que veo en la formación militar que ha predominado (el proceso de creación de ese "instrumento" de la sociedad por quienes tienen el poder). Todo oficial de la milicia conoce el símbolo, pero algunos lo consideran como tal, como una representación de lo real, y otros como la realidad misma. Mi impresión es que en esto coincidían Onganía y Videla, aunque siempre ignoraremos lo que hubiese hecho Onganía de haber vivido la circunstancia de Videla. Aceptar el símbolo como realidad única lleva a desdeñar la política (que es empecinada gestión del conflicto) y, de hecho, al modo de ver la vida humana en la situación de guerra. Entonces se puede quemar la iglesia con todos los fieles adentro o desaparecer personas, apropiarse de hijos recién nacidos y ensayar con éstos la operación de destete.

 

Destete.
Explicaré esta palabra destete, aunque ya lo he hecho en alguna columna. Recordé, entonces, al hablar de El Salitral y su prodigiosa transformación en el parque Don Tomás, que durante la primera versión de ese lugar de Santa Rosa, escuché a una persona que yo tenía por muy versada (y lo era), que para mejorar la suerte de los moradores podría ensayarse el destete, que consistía en separar al recién nacido de su madre y educarlo en otro ambiente. Luego supe que esta idea estaba en la atmósfera intelectual de los primeros años del siglo XX y formaba parte de una corriente de pensamiento.
Lo que hizo la dictadura fue aplicar el destete y agregarle un elemento más notoriamente atroz: la inmediata ejecución de la madre. El otro progenitor ya había sido aniquilado, si había caído en tales manos. Las familias elegidas para salvar al pequeño fueron de militares o de devotos religiosos. Eran el "modelo".
Jotavé

 


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