Inicio Opinion ¿Cuánto costó?

¿Cuánto costó?

El gobierno nacional que tan rápidamente acusó a la dirigencia gremial de provocar un enorme «costo» al país por el paro general del último 29 de mayo nada dijo del quebranto económico derivado del masivo corte de energía del domingo. En su ofensiva contra el reclamo de los sindicatos, funcionarios macristas hablaron de 40 mil millones de pesos de «pérdidas» ocasionadas por la última huelga, pero tanto nivel de detalle no se observó, ni de lejos, a la hora de evaluar los daños económicos del mayor corte de energía en la historia de nuestro país. En las horas posteriores al paro la ministra de Seguridad se había despachado con un belicoso discurso amenazando con pasarle a la dirigencia gremial la factura de los gastos provocados por el despliegue de las fuerzas de seguridad el día del paro.
Hoy, en cambio, los integrantes del gabinete nacional y la guardia pretoriana de los medios porteños esquivan toda referencia a las consecuencias económicas del apagón del domingo. Y menos todavía de reparar los cuantiosos daños económicos provocados. «De eso no se habla» parece ser la consigna aunque la parálisis que sufrió casi todo el país -solo Tierra del Fuego se salvó del corte- afectó no pocas actividades económicas y obligó a los gobiernos provinciales a desplegar grandes operativos de emergencia para atender las necesidades impostergables de la población.
Tampoco hablan de la notable incongruencia entre el astronómico aumento en la tarifa de la energía eléctrica, que superó por lejos el dos mil por ciento en lo que va del gobierno de Cambiemos, y semejante descalabro del sistema interconectado nacional. La excusa para justificar el brutal castigo al bolsillo de los argentinos fueron las «inversiones», pero la falla de la línea de alta tensión y el posterior colapso en cadena del servicio en todo el territorio no habla, precisamente, de un buen mantenimiento como lo señalan los especialistas en la materia más reconocidos.
Lo cierto es que las compañías energéticas están entre las pocas privilegiadas que tienen asegurado un cuadro tarifario fijado en dólares que pagan los argentinos que ganan sueldos en pesos. Algunas pertenecen a grandes empresarios muy cercanos al gobierno e, incluso, la conocida empresa de la familia del propio presidente de la Nación tiene participación accionaria en ellas. La divulgación de la monumental distribución de ganancias a los accionistas de la mayor compañía de transporte de energía (ver en esta misma página) producida apenas dos meses antes del apagón habla de cuál ha sido el verdadero destino de la brutal transferencia de ingresos que se viene operando en el país desde las clases populares a la elite empresarial.
Ese cruce de intereses que se ha vuelto moneda corriente en la Argentina gobernada por el macrismo no escandaliza a la prensa que se autoproclama «independiente» y que todavía, a más de tres años de asumida la administración de Cambiemos, sigue batiendo el parche contra el gobierno anterior. Ese «periodismo de guerra» continúa hablando de la llamada corrupción K pero nada dice de la actual corrupción M, a pesar del daño que esta última viene provocando en la vida de los argentinos.