Cuba votó democráticamente su Constitución socialista

LA ADMINISTRACION TRUMP CALUMNIA AL REFERENDO CUBANO

Después de consultas al pueblo y que la Asamblea Nacional aprobara el proyecto de nueva Constitución, los cubanos lo votaron por amplia mayoría el domingo en referendo.
SERGIO ORTIZ
Hacía mucho que los cubanos querían actualizar su Carta Magna, porque la suya venía de 1976, si bien con lógicos añadidos y reformas por la vía de leyes de su Asamblea Nacional del Poder Popular.
Y desde 2015 se pusieron manos a la obra, con comisión de estudio presidida por Raúl Castro e integrada por quien desde abril de 2018 fuera elegido nuevo presidente, Miguel Díaz Canel.
La Comisión aprobó un texto, al cabo de muchas reuniones en la base y en la propia Asamblea. Allí no concluía el proceso sino más bien comenzaba. La propuesta de Constitución bajó en consulta a toda la población entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre del año pasado.
En ese lapso hubo más de 110.000 reuniones con participación de 7.300.000 personas en barrios, lugares de estudio y trabajo en las 15 provincias. De resultas de ese democrático “de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba”, casi un 60 por ciento de los 224 artículos tuvo aportes.
El proyecto volvió a la Asamblea Nacional, quien le dio forma definitiva. La faena no había finalizado: faltaba el visto bueno final de la población, convocada a un referendo democrático para el 24 de febrero. Si la mayoría votaba por el Sí, recién entonces habría Constitución.
El día elegido no fue casual. Un 24 de febrero pero de 1895 el Héroe Nacional, José Martí, comenzó la segunda etapa de la guerra contra el dominio español. Ese mismo día, 124 años más tarde, la revolución triunfante sobre el imperio yanqui, acudía a las urnas para refrendar su Constitución.
Alina Balseiro Gutiérrez, titular de la Comisión Nacional Electoral, informó que votaron 7.848.343 cubanos, 84,4 por ciento del padrón electoral, un porcentaje muy alto, en particular porque el sufragio no era obligatorio. De ese total de votos, los válidos fueron 7.522.569 (95.8 por ciento del total emitido), en tanto 2,5 por ciento fueron en blanco (198.674) y 1,6 por ciento nulos (127.100).
Dentro de los votos válidos, la opción por el Sí tuvo el 86,65 por ciento de electores (6.810.169 votos); quienes se inclinaron por No ratificar la nueva Constitución sumaron 9 por ciento (706.400 votos).

Victoria cubana.
Con esos guarismos sí se aprobó la nueva Constitución, que mantiene el carácter irreversible e irrevocable del socialismo, el rol dirigente del Partido Comunista, la forma predominante de la economía estatal y las conquistas de la revolución, etc. Eso bajó la cortina a las pocas expectativas que podía haber en Estados Unidos sobre un final de la revolución luego del fallecimiento de Fidel Castro y el término del gobierno de Raúl Castro. “Somos continuidad” había proclamado Díaz Canel.
Esta votación así lo ratificó, sin perjuicio de los cambios políticos y económicos introducidos en la flamante Constitución. Por ejemplo, legalizar el trabajo cuentapropista, de empresas de particulares y asociaciones con capital extranjero; recrear la figura del primer ministro como mano derecha del presidente para los asuntos del gobierno; fijar dos mandatos de cinco años para el presidente; convertir al presidente, vicepresidente y secretario de la Asamblea Nacional en el Consejo de Estado que funciona permanentemente entre sesiones de dicha Asamblea; nominar como gobernadores e intendentes a las autoridades de provincias y municipios; suprimir las Asambleas Provinciales en aras de privilegiar las Asambleas Municipales más cerca de la gente y sus necesidades; no definir como hombre y mujer a las personas que se unen en matrimonio, etc.
El sentido político de esa votación fue antiimperialista. Desde la asunción de Donald Trump hay ataques que redoblan el bloqueo y anulan la tímida apertura de Barack Obama. Peor aún, en enero de este año el Departamento de Estado suspendió por 45 días el Título III de la ley de bloqueo Helms-Burton. Si entrara en vigencia a partir del 1 de marzo permitiría a estadounidenses y cubano-americanos iniciar juicios contra empresas de cualquier país que utilicen instalaciones expropiadas por la revolución. La oleada de juicios pretende impedir que Cuba atraiga inversiones; de ese modo, cree la cartera de Mike Pompeo, la isla tendrá más dificultades económicas y habría más chances de derrocar su sistema político-social.
En esas condiciones de bloqueo redoblado, el 86,65 por ciento de los cubanos votó por el Sí y dio su apoyo al gobierno. Ese Sí fue un No a Trump, sobre todo por su campaña contra La Habana, pero también por su alevoso injerencismo contra Caracas.
Pompeo descalificó el mecanismo democrático y dijo que había sido “un teatro político cuidadosamente orquestado”, prometiendo endurecer medidas para lograr “la democracia y la libertad”. Su alfil, o más bien peón, Luis Almagro, secretario de la OEA, declaró en línea con su jefe, jugado a conseguir un segundo mandato el año próximo.
El canciller cubano Bruno Rodríguez le recordó al secretario de Estado que el 87 por ciento de los cubanos había votado la Constitución, que en EE.UU. nunca hubo un referendo y que Hillary Clinton había obtenido 3 millones de votos más que Trump.
En Argentina también se necesita una nueva Constitución para que la propiedad tenga sentido social y no sea una presa de monopolios y banqueros; para que la entrega del país al FMI y traición a la Patria tengan condignos castigos; para que los jueces no sean una corporación elitista y en muchos casos corrupta elegida por sí misma, etc.
En el país del Pacto de Olivos en 1994 y su núcleo blindado a la opinión de los constituyentes, no digamos a la población, el sentimiento es de sana envidia y mucha admiración por el 24F de los cubanos.