Cumbres borrascosas

“Dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”, reza una de las máximas acuñadas por el líder fundador del peronismo. Su reactualización en estos días está en consonancia con el ingreso al terreno de la Justicia de la enconada interna que sacude los cimientos del justicialismo pampeano.
Será finalmente ante los tribunales en donde se dirimirá una cuestión nada menor: si el Partido Justicialista de esta provincia llevará o no candidatos a los cargos nacionales. Hasta hace poco tiempo era impensable semejante disyuntiva, y menos en un partido con tan fuerte matriz verticalista.
Al excluirse voluntariamente del Frente para la Victoria, el PJ pampeano quedó “en orsay”. El fallo de la jueza federal, dando lugar a la impugnación que presentó el apoderado nacional del partido, tiñó de negro el panorama local. El Consejo Provincial decidió, con el voto de la mayoría vernomarinista y la disidencia del jorgismo, apelar ese fallo ante la Cámara Electoral Nacional. Es una carrera contra el reloj ya que el rígido corsé del cronograma electoral tiene plazos muy exiguos para los que, por lo general, se suele tomar la Justicia.
Están en juego las candidaturas nacionales. Pero en verdad, lo que se disputa en esta cancha embarrada excede la mera cuestión metodológica de elección de candidatos. El portazo de Carlos Verna hace cuatro años también tuvo, en su superficie, una lectura similar que hizo hincapié en lo instrumental. Pero luego se pudo ver en el Senado, que sus diferencias con el proyecto del kirchnerismo eran más profundas. Lo acaba de recordar expresamente su rival, el precandidato jorgista a la gobernación, cuando mencionó el voto del piquense en un tema muy sensible para el gobierno nacional: el enfrentamiento con los fondos buitre. No fue la única vez y una lista de esos desencuentros sería muy larga como para citar en el exiguo espacio de esta columna.
Bajo el ropaje de la “independencia” y la negativa a la “imposición” de nombres desde Buenos Aires se oculta un enfrentamiento de larga data entre el jefe de la Línea Plural y la presidenta de la Nación. Que hoy vuelve a aflorar para poner más tensa la relación entre los sectores internos del PJ. Las primeras declaraciones de Rubén Marín, admitiendo -aunque a disgusto- ir por dentro del FPV, permiten ver en dónde está el núcleo duro de la resistencia.
Lo que resulta llamativo es la argumentación esgrimida para desafiar una resolución del Congreso Nacional del PJ (constituir el FPV en todo el territorio nacional) que se adoptó por unanimidad, incluso con los votos de los delegados pampeanos, como lo recordó uno de ellos a este diario. Primero, hacer pasar la contundencia de una “directiva” como una laxa “sugerencia”; y segundo, enarbolar los estandartes de la “independencia” frente a lo que se pretende como una “imposición”.
Cada uno a su turno, tanto el líder de Convergencia como el de la Plural, impusieron sus atributos con mano firme según la tradición más ortodoxa de peronismo. Subieron y bajaron el pulgar cuantas veces quisieron, sin cargos de conciencia y sin sentir que estaban traicionando, en absoluto, el mandato de la organización partidaria.
Por eso no se entiende que ahora objeten ese proceder cuando lo ejerce otro. Y menos cuando ese otro (otra, en este caso) es la dirigente con mayor peso político dentro y fuera del partido, concita un nivel de adhesión a sus políticas y a su figura como nadie y lo logró “a pesar” de tener sobre sus espaldas dos mandatos -ocho años- en el ejercicio del máximo cargo público del país.
¿Cómo será el escenario después del 10 de diciembre; la “gobernabilidad”, como le gusta decir a ciertos cientistas sociales? Hay buenas probabilidades de que el Estado municipal quede en manos del jorgismo; el provincial del vernomarinismo y el nacional del kirchnerismo. Con el nivel de beligerancia que han alcanzado estos enfrentamientos, esa pregunta no lleva demasiada tranquilidad a los pampeanos.