Cura Brochero venía de abajo y le costó mucho llegar a santo

ESTE DOMINGO EL PAPA FRANCISCO LO PROCLAMARA SANTO

El cura José Gabriel Brochero murió en 1914 y le costó más de un siglo después de su muerte la ascensión a santo. En esa carrera hay otros santificados que llegan mucho más rápido, con favores del Vaticano.
EMILIO MARIN
Para 1.254 millones de católicos del mundo el domingo 15 de octubre no será un día más. Esa circunstancia especial se vivirá en dos lugares muy distantes entre sí, en uno a las 5 de la mañana. Roma, la más tempranera, y Villa Cura Brochero, Córdoba, estarán proclamando santo a José Gabriel Brochero, después de un trámite muy prolongado. Otros santos han tenido más suerte o favores especiales en el Vaticano para llegar a esa meta más rápido. Lo de Brochero fue lento y trabajoso, como el tránsito que él hacía a lomo de su mula “Malacara”, a fines del siglo XIX entre la ciudad de Córdoba y el Valle de Traslasierras.
Cuando el Papa Francisco lo proclame santo este domingo, junto con un mexicano y otras santidades, habrá allí centenares de cordobeses llegados para la ocasión. Y otro tanto, en mayor medida, se vivirá en su pueblo donde ganó a pulso su gloria como cura gaucho. Allí viven 8.000 habitantes, a 150 kilómetros de Córdoba capital y se aguardan 40.000 visitantes.
Como no sólo de religión vive el hombre, ese arribo de turistas es aguardado con expectativa por el comercio zonal, deprimido como el de todo el país a raíz del ajuste del gobierno de Mauricio Macri. Por esas contradicciones de la política, el presidente argentino será uno de los invitados a la canonización en Roma, junto con su esposa e hijas. ¿Que la iglesia al servicio de los pobres que Brochero personificaba no cuadra con el estilo de vida y valores de Macri? Es posible. Pero hay de todo en la viña del Señor…

¿Quién fue y qué hizo?
Una de las cosas más positivas que tuvo en los últimos años el proceso que condujo a la beatificación de Brochero en 2013 y a su canonización como santo, es que fue colando notas y pinceladas sobre su vida. No fueron suficiente, ni siquiera en esta instancia final, donde la reunión de la reina Máxima de Holanda con el presidente, los vestidos de la primera y sus dichos sobre la pobreza y necesidad de la bancarización de los pobres se llevó muchos más centímetros en los medios que los dedicados al cura de Traslasierras. El cholulismo amarillento sigue superando a los personajes con mucho de moralidad, aún cuando hayan sido hombres de sotana llevar y no unos guerrilleros como el Che Guevara.
Brochero nació en un hogar pobre y tomó la opción de estudiar para ser cura. Cuando le pusieron los hábitos lo mandaron a la zona más pobre de la provincia, al oeste, tan pobre como el norte que linda con Santiago del Estero, pero con un agravante: la asfixia impuesto por las Sierras Grandes y su pico mayor, el Champaquí, de 2.800 metros. No es el Himalaya, pero en esos lares se parecía.
Hacia allá fue el cura, a lomo de mula, y tardó tres días en llegar. Eligió como residencia, que es mucho decir, una casa de Villa de Tránsito, desde donde partía a evangelizar siempre en su mula. Era un cura todoterreno, capaz de bautizar, casar, dar extremaunciones, escuchar a pecadores y pecadoras, pero también ir en busca de enfermos y consolarlos. Quizás de allí muchos años más tarde el también cura, pero que llegó a obispo, Enrique Angelelli, sintetizara que había que poner un oído en el Evangelio y otro en el pueblo. Hablando de carreras hacia la santidad, Angelelli llegará, si es que llega, más retrasado porque está en las primeras y burocráticas etapas de análisis de merecimientos; ahora con Francisco, antes no calificaba.

Obras de bien
El presbítero venía de hogar pobre y tenía mucha sensibilidad de allí que no se quedaba en misas y bendiciones. Se arremangaba la sotana y con la pala organizaba a los vecinos para construir acequias y caminos, puentes sobre arroyos, la iglesia de la villa y una Casa de Ejercicios Espirituales por donde pasaron, dicen, 70.000 personas.
Carlos di Fulvio, autor de la Cantata Brocheriana, escribió: “sembró de escuelas a los cuatro vientos la inmensa parcela de su curato, desde la Villa del Tránsito hasta las cumbres del Champaquí, hacia los bajos del Chancaní, y hasta los altos del Panaholma, estableció Molinos para las moliendas del trigo y del maíz”.
En esa construcción de caminos se reconoce el embrión de lo que mucho tiempo después terminó siendo el camino de las Altas Cumbres. En aquel entonces se lo recorría en caballo o mula, e insumía tres días ir a la Docta; en el siglo XX en los colectivos El Petizo y Colto, en 7 o más horas de un viaje interminable con una parte del pasaje vomitando; y en la actualidad en auto se va en 2 horas y media.
Preocupado por la gente de esa zona olvidada y distante, Brochero presionó para que llegara el tren, al menos a Villa Dolores, desde Villa Mercedes, San Luis. Uno de los políticos que no tendría derecho a invocarlo es Carlos Saúl Menem, que en 1991 popularizó lo de “ramal que para, ramal que cierra”, con el levantamiento de líneas de pasajeros y privatización de los ramales sobrevivientes así como de los servicios de cargas en favor de grupos económicos concentrados con decenas de miles de cesantes y pueblos desconectados.
Para hacer esas obras el cura se ponía manos a la obra, pero también “pechaba” a políticos que fueron llegando a cargos importantes, como el gobernador Ramón J. Cárcano y el presidente Juárez Celman. El primero escribió un libro sobre el cura y fue durante su gobernación que Villa de Tránsito cambió de nombre por Cura Brochero, a dos años de su muerte.
Hablando de morir, cuando se acercaba su final pidió que se encargara un cajón sencillo de madera para que un trabajador se ganara unos pesos y que lo enterraran en la calle principal del cementerio; quizás su única prebenda pues en las laterales solían ir los cajones de personas menos importantes. El moribundo pidió que vendieran sus libros y pocas pertenencias para repartir lo obtenido entre la gente humilde.

Con los presos
Ese amor del párroco por los marginados era extensivo a los presos, un tema que evocó Luis “Vitín” Baronetto en una nota en Hoy Día Córdoba, titulada “El Cura Brochero y la capilla de la cárcel de San Martín” (13/10/2015). Con motivo del año nuevo del 1900 y el inicio del nuevo siglo, emprendió una campaña para que doce de los 150 pesos de aquella cárcel fueran indultados. Denunció el hacinamiento, las malas condiciones de higiene y cero preocupación del Estado por esa gente de cuarta categoría, mal tratados por sus carceleros como tiranos. No tuvo éxito y en carta a los presos, les explicó: “las Damas de Córdoba y el presidente de San Vicente de Paul hicieron -por Ustedes- petición de gracia ante el Gobierno pero el carro se encajó hasta las mazas, esto es, que muchas personas de valer de Córdoba hacían resistencia a la solicitud que se hizo por Ustedes…¡Una docena de presos que pueden ser agraciados en el 1° de enero, es lo que asusta y escandaliza a ciertas personas de la sociedad y no se escandalizan que a más de 10 docenas de presos no se les ha concluido el sumario entre los tres meses que manda la ley!”.
Los que hoy piden perpetua por cualquier delito e incluso el linchamiento sin más de los sospechosos en la vía pública lo habrían acusado de ser un cura favorable a los delincuentes y de la “puerta giratoria”.

De primera y segunda
El cronista confiesa su ateísmo de tercera generación y no le resulta fácil admitir los milagros atribuidos a beatos y santos. A Brochero lo mira con simpatía, pero no entiende cómo a una persona fallecida en 1914 se le puede atribuiren 2012 el haber sanado a un joven con problemas de salud, Nicolás Flores, luego de un accidente automovilístico enaños recientes. Ni el segundo milagro, certificado en enero de 2016, de haber recuperado la salud de una niñasanjuanina, Camila Brusotti, golpeada por su madre y padrastro
Esos fenómenos pueden tener explicaciones científicas o médicas aún ignotas, o deberse a reacciones del cuerpo y espíritu de esos enfermos, y la ayuda y energía puesta por sus familiares y amigos, pero es poco creíble, para quien esto escribe, que se deba al mérito de una persona fallecida casi un siglo antes.
Si la Iglesia se aggiornara en aspectos vetustos que ni Francisco ha podido o querido tocar, el trámite de santificación pondría eje en méritos de una persona en tiempo real, y no en milagros que analizan políticamente una corte de teólogos, médicos y vaticanólogos de mirada sesgada.
El sesgo se verifica en las diferentes varas para medir a Brochero y Juan Pablo II. El polaco falleció en 2005 y su sucesor, Benedicto XVI salteó el plazo de cinco años que deben transcurrir desde la muerte para iniciar los trámites.El Vaticano dijo haber certificado los dos milagros necesarios en tiempo récord. Y Karol Wojtyla, anticomunista aliado de Reagan y Thatcher en lucha contra la URSS, fue investido santo en 2013, sólo ocho años después de morir. Ni el récordman jamaiquino, Usain Bolt, lo habría hecho tan rápido.
A Brochero especialistas vaticanos querían frenarlo diciendo que usaba un “lenguaje vulgar”. La justificada santidad lo consagra 102 años después de morir. Era un cordobés de a pie, un cura montado en “Malacara”, y le costó un Perú llegar a Roma desde la modesta Traslasierras.

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