Curiosa medida para la justicia como venganza

Señor Director:
En las últimas semanas se han dado casos en los cuales la víctima de un robo reacciona y mata al ladrón cuando ya su integridad no corría peligro.
Es el caso de un carnicero, víctima de un robo, que persigue con su camioneta a los ladrones, que huían en moto, los alcanza y atropella, provocado la muerte de uno de ellos (cuyo cuerpo recibió también puntapiés de gente que se reunió en el lugar), fue el más destacado por la prensa y estuvo varios días en la noticia y el comentario. Gente del lugar hizo manifestaciones pidiendo la liberación del homicida. Algunos personajes de la política hicieron comentarios también favorables a que cesara su detención, que finalmente fue decidida por una jueza. También se leyeron comentarios que censuraron esta actitud, entendiendo que se estaba propiciando la justicia por mano propia, una especie de actualización de formas muy primitivas de venganza.
Lo que me interesa puntualizar en esta nota tiene que ver con el hecho de que los reclamos de justicia por mano propia se relacionan con delitos cometidos por ladrones, mientras que los llamado delitos de guante blanco y sus autores no son tenidos en cuenta, a pesar de que suponen el enriquecimiento indebido de sus autores y la ruina o una pérdida importante del patrimonio de las víctimas, que generalmente son plurales. En casos, algunas de estas víctimas han optado por el suicidio. O han matado como venganza.
En Córdoba acaba de producirse “el mayor escándalo financiero y político” de que se tenga recuerdo en esa provincia. Así lo califica y así lo presenta un periodista que no suele abusar de los calificativos. Horacio Verbitsky, ese periodista, se ha ocupado con cierta frecuencia de maniobras con fondos públicos y tiene un libro, titulado “Robo para la corona. Los frutos prohibidos del árbol de la corrupción” (que se puede leer en Internet). En este caso de Córdoba están comprometidos fondos públicos y privados. El hecho detonante ha sido la quiebra de una empresa ilegal, la CBI Cordobensis. Su vicepresidente, Jorge Suau, se había suicidado en 2014, ocasión en la que dejó dos cartas para funcionarios de la justicia federal, con detalles del funcionamiento de la financiera ilegal. Las tituló “Lavado de dinero. CBI Cordobensis. La ruta del dinero”.
No obstante la CBI siguió funcionando hasta este año. Según Verbitsky, era la mesa de dinero de Córdoba, “donde se lavaban fondos negros de diversas empresas”. El escándalo alcanza a productores de soja, la principal concesionaria de camionetas 4×4, el municipio de la capital y una empresa comercial e inmobiliaria. Roza también, dice el periodista, a dirigentes de los principales partidos políticos de la provincia.
¿Cómo fue posible que la CBI siguiese funcionando después de ese suicidio cuando el suicida dejó revelaciones sobre el modo de operar de la empresa? Además, la CBI nunca fue legal, aunque pudo operar con una municipalidad.
Por lo general, los ladrones, como en el caso del carnicero, asumen todos los riesgos e incluso suelen ejercer la violencia mínima para lograr su objetivo, aunque he leído que ahora son cada menos los ladrones que se ajustan a un “código”. Tampoco suele haber violencia física en los robos y estafas de guante blanco que rara vez llevan a sus responsables a suicidarse, hecho éste que puede ser visto, en el caso, como un acto de justicia por mano propia.
Estos contrastes no son casuales y más bien reflejan desigualdades existentes en la sociedad, no solamente en cuanto a la disponibilidad de bienes sino en la manera de entender la justicia o también en la manera de administrarla. Y en cuanto a la gente, las reacciones que permiten que se intente castigar y aun matar en el sitio a los delincuentes de la calle dan cuenta de un primitivismo que sabemos que es alimentado desde algunos medios de comunicación, de los cuales es difícil imaginar inocencia.
Atentamente:
Jotavé

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