“Daños colaterales”

El gobierno nacional acaba de sumar uno más a su lista de records negativos para el país; según un estudio dado a conocer la semana pasada la Argentina encabeza la lista mundial de naciones en donde es más cara la leche, ocupando el segundo lugar. Estamos hablando de un país que no hace mucho fuera modelo en materia de producción de ese insumo entre otras razones a causa de sus excelentes condiciones agroecológicas. A esta calamidad se suma el hecho nada destacable de que se ha comenzado a importar derivados de lácteos como la manteca.
Pero la cuestión excede en mucho la contundencia de las cifras estadísticas para involucrar aspectos enormemente preocupantes como lo es el abastecimiento a los niños, para quienes la leche es un constituyente básico en su dieta. Hace tiempo que se viene denunciando esta degradación en las condiciones alimentarias de una buena parte de la sociedad en coincidencia con la asunción del gobierno macrista y la implementación de sus medidas económicas de neto corte fondomonetarista. Tampoco han faltado los llamados de atención sobre esta carencia en la provisión de un alimento esencial y los riesgos que implica, para el desarrollo psíquico y físico, una niñez subalimentada.
El precio de los alimentos en general y el de la leche en particular han venido subiendo descontroladamente desde el año pasado sin preocupar demasiado al gobierno. Este grave problema afecta a un gran sector de la población que se ha visto obligado a reducir drásticamente el consumo de lácteos y proteínas para aumentar -en un balance negativo- el de hidratos de carbono, con el consabido deterioro de la calidad alimentaria.
Los números que ahora se conocen vienen a ratificar que el gobierno no está dispuesto a corregir su política económica ni siquiera ante la evidencia de sus funestos resultados. Estos “daños colaterales” forman parte inseparable del programa de gobierno que vino a instaurar el macrismo desde su misma asunción. Hoy resulta evidente que los únicos privilegiados no son los niños sino las grandes corporaciones económicas.

Estaba cantado
Quienes ven en las formas de producción del agro algo más que la ganancia inmediata bien pueden reivindicar las advertencias y prevenciones que se hicieran públicas hace más de una década: el monocultivo indiscriminado al relegar sensiblemente la explotación mixta agrícola-ganadera derivó en una degradación ambiental muy profunda en buena parte de la llanura pampeana, concretamente en las subregiones húmeda, subhúmeda y semiárida; nuestra provincia se ubica, precisamente, dentro de esta última.
El fenómeno provocó un descomunal ascenso de los niveles freáticos del agua acumulada en el subsuelo que, según datos aportados por el INTA, hace tres décadas se ubicaba a un promedio de diez metros de profundidad y ahora se encuentra a un metro o menos; incluso aflorando. Es cierto que para llegar a esta situación han contribuido, y mucho, las excepcionales lluvias de los últimos tiempos, pero los sistemas productivos puestos en práctica en la mayoría de los establecimientos rurales -siembra directa, abuso de los cultivos anuales, desplazamiento de la ganadería con ausencia de pasturas invernales, etc.- afectaron los factores que favorecían la evapotranspiración de los excesos hídricos.
Las consecuencias están la vista en todas las provincias que participan de la llanura pampeana que hoy se ven desbordadas por acumulaciones de agua como nunca se vieran en los tiempos recientes. El crítico panorama, como advierten los expertos desde hace mucho tiempo, exige una planificación integral, que otorgue especial atención a las condiciones físicas y ambientales, con objetivos de mediano y largo plazos no tan subordinados a los afanes de la máxima ganancia en el menor tiempo posible con desdén por la sustentabilidad.