Dar la vida

Las páginas editoriales de los diarios muy rara vez se ocupan de los hechos relacionados con lo artístico y mundano, salvo que tenga una relación directa con la política. Tal es el caso que aquí se comenta: la visceral expresión de una conocida conductora de almuerzos televisivos al señalar que “daría la vida” con tal de que no volviera el “populismo” al gobierno. Que la señora Rosa María Juana Martínez Suárez (más conocida como Mirta Legrand) es de férreas convicciones conservadoras no es una novedad; su mesa (promocionada hasta el cansancio por los medios adictos al gobierno) ha sido frecuente lugar de exposición de algunas de las voces políticamente más retrógradas, avaladas o introducidas sutilmente por su condición de “estrella” del mundo televisivo.
Por cierto que tampoco carece de buenas dosis de oportunismo y así, en cada uno de los últimos gobiernos, la veterana conductora sentó en sus almuerzos a alguna figura muy destacada del momento. En ese marco, seguramente, no le perdonó a la exsenadora Cristina Fernández cuando, ante su aviesa pregunta sobre si el entonces presidente Néstor Kirchner proseguiría con las “relaciones carnales con los EE.UU.” que promoviera el menemismo, cosechó una respuesta irónica y tajante: “relaciones carnales, únicamente conmigo”.
Ahora, ante la posibilidad de que haya un retorno de un gobierno popular frente a un país destruido por el liberalismo macrista, la entraña ideológica de la diva vuelve a quedar expuesta en toda su crudeza al decir que sería capaz de entregar su vida con tal de impedirlo. En fin, más de lo mismo.

Manchas en la ciudad
Esta columna aborda habitualmente los problemas que presenta la ciudad, con especial atención de aquellos cuya solución no demanda un alto costo; el lector con alguna memoria seguramente tendrá presente esas críticas.
Sin embargo en los últimos tiempos el municipio parece superarse negativamente en la materia. En toda la ciudad siguen proliferando los peligrosos árboles con ramas bajas, con riesgo para quienes transitan confiados por las aceras. Más de un habitante ha sufrido las consecuencias, lo mismo que quienes hundieron su pie en alguno de los pozos dejados por los antiguos medidores de agua, problema que le ocasionó la pérdida de un juicio a la comuna, con el pago de las costas consiguientes.
En las últimas semanas han aparecido dos nuevas manchas a la gestión comunal; una de simple solución material: el crecimiento de árboles cuyas ramas tapan las luces de los semáforos, algo que se advierte recién pocos metros antes de llegar al área de detención. La otra atañe a un tema mucho más delicado pues afecta la vida espiritual de los vecinos: en el cementerio mal llamado parque desde algunas semanas atrás proliferan las cuevas de los roedores llamados tunducos, cercanas a las sepulturas y de profundidad desconocida. A semejante irregularidad se suma la tantas veces señalada presencia de yuyos y especies vegetales invasoras. La rotura de los floreros originales de las tumbas por obra de las máquinas de mantenimiento es otra muestra de la inexplicable desaprensión para con el mantenimiento del predio.