Dato mata discurso

Las estadísticas del consumo de cemento en todo el país muestran a La Pampa en el fondo de la tabla, ocupando el último lugar, con una caída del 19 por ciento en el primer semestre de este año con relación a igual período del año pasado. El dato no corresponde a ninguna usina kirchnerista sino a la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland que, en un informe publicado por un diario mendocino y recogido ayer por LA ARENA, señala que los índices positivos en las provincias más beneficiadas por el crecimiento de este vital insumo se corresponden con el incremento de la obra pública. Más claro, imposible.
No pudo haber sido más oportuna esta información que llega ahora a nuestra provincia mientras es escenario de un fuerte debate entre las autoridades nacionales, provinciales y de la municipalidad de Santa Rosa con relación, precisamente, a la obra pública y su financiamiento. En una reciente entrevista emitida por el canal de televisión por cable del Grupo Clarín el presidente de la Nación atribuyó a su gestión una serie de obras que están en ejecución en la provincia.
La respuesta del gobernador no tardó en llegar. En una conferencia de prensa se permitió retar -en tono amable y paternal, es cierto- a un silencioso intendente santarroseño que tuvo que escuchar una serie de reproches que, debe decirse, no iban todos dirigidos a él sino a su jefe político de la coalición Cambiemos y presidente de la Nación. Una a una, el mandatario pampeano ennumeró lo que llamó “mentiritas” presidenciales y recordó que las obras citadas en aquella entrevista fueron iniciadas “por la administración anterior”.
En auxilio del gobernador aparecen ahora estas estadísticas de los fabricantes de cemento mencionadas al comienzo de esta columna que ponen en evidencia que la nuestra es la provincia del país con más bajo nivel de obra pública. Datos provenientes de otras fuentes refuerzan esta afirmación al señalar que las provincias más beneficiadas por la generosidad de la Casa Rosada son las que ocupan los primeros lugares en el ránking de consumo de cemento.

Todavía en veremos
La información brindada por el director del hospital Lucio Molas sobre la enorme cantidad de operaciones quirúrgicas demoradas que deben ser transferidas a clínicas privadas no puede causar otra cosa que decepción. Hace muchos años que la falta de anestesistas viene afectando muy negativamente el desempeño del sistema público de salud, y las palabras del titular del Molas permiten ver que no se ha avanzado en una solución.
No es un problema que concierne solo a La Pampa. Los ministros de Salud de todas las provincias se han reunido con frecuencia para analizar específicamente este problema. Pero además en esas reuniones se han escuchado muy fuertes críticas contra las asociaciones que nuclean a estos especialistas y no han faltado acusaciones de conductas extorsivas.
Al respecto, puede recordarse que la residencia en anestesiología que intentó la Provincia fue boicoteada por los propios anestesistas y finalmente desactivada. Pero lo que más desalienta es que pasado tanto tiempo el problema sigue sin solucionarse a pesar de las cautelosas -e injustificadamente optimistas- declaraciones del funcionario pampeano. Sus expectativas -que lleguen de otros puntos del país nuevos profesionales- ya han sido mencionadas hasta el cansancio por autoridades precedentes, sin embargo pasa el tiempo y ese deseo no se materializa.
Lo que cuesta entender es por qué no se retoma aquella buena idea de activar una residencia para formar especialistas en nuestra provincia con un compromiso de prestar servicios aquí luego de obtenido el título. Desde luego que ese nuevo intento debería contar con más apoyo que el anterior a fin de inmunizarlo contra las seguras presiones que llegarán desde la corporación profesional.