De cómo resucitar el caso Nisman para opacar al de Maldonado

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – Los intereses políticos que llevaron al fiscal Nisman a hacer falsas denuncias contra Cristina, son los mismos que resucitan ese caso para opacar el caso Maldonado. Y de paso, para perjudicar en octubre a la ex presidenta.
Luego de analizar a fondo el baño y el departamento del edificio Le Parc donde se encontró muerto al fiscal Alberto Nisman en enero de 2015, los peritos del Cuerpo Médico Forense convocados por la Corte Suprema de Justicia, y los de la Policía Federal Argentina, concluyeron en forma unánime que no había ningún rastro de que hubiera habido otra persona ese domingo del deceso. Esas pericias rigurosas, de personal altamente calificado, arrojaron que la mayor probabilidad, casi certeza, era que el fiscal se hubiera suicidado.
Las circunstancias políticas le daban un contexto muy creíble a esa conclusión. Es que al día siguiente Nisman debía presentarse ante una comisión en Diputados donde lo iban a acribillar a preguntas y no iba a poder sostener su desopilante denuncia contra Cristina Fernández de Kirchner y varios de sus funcionarios por supuesta traición a la patria y encubrimiento del atentado a la AMIA.
En esos primeros días los familiares del presuntamente suicidado no se ocuparon mucho de rebatir esta hipótesis. Tenían otras prioridades. Sin respetar el duelo de su religión judía, su madre, Sara Garfunkel, corrió veloz a vaciar tres cajas de seguridad de su hijo. Los fondos, antes que el duelo, tal su idiosincrasia.
La ex mujer del muerto, Sandra Arroyo Salgado, sí buscó embarrar la cancha desde el minuto 1. Sus peritos fueron los únicos que firmaron en disidencia aquellos peritajes. Entre otras razones, no las únicas, debe haber pesado en ella el interés por cobrar indemnizaciones que no se pagan en caso de suicidio. ¿Otra vez la plata antes que los sentimientos?
La discusión sobre cómo había muerto Nisman no era una cuestión meramente técnica sino, para el bloque macrista-radical-lilista, ante todo política. Nisman había construido su fantasiosa acusación con aportes de ese rincón político, en particular del terceto de Elisa Carrió, Patricia Bullrich y Laura Alonso. Ellas ayudaban al rebote mediático de tinte opositor. El material de información, si puede llamarse así, venia de la SIDE de Antonio “Jaime” Stiusso. Y era evaluado por Nisman con sus mandantes de mayor rango, radicados en la embajada de Estados Unidos e Israel, quien aprobaban o modificaban parte de sus escritos.

Los comandos.
En el momento de mayor excitación política del verano de 2015, esa derecha política y judicial organizó la marcha opositora a plaza de Mayo del 18-F, con buena asistencia de público aún bajo la lluvia. Allí se vio a impresentables como el fiscal Germán Moldes y otros buscando cámaras con un supuesto reclamo de justicia, que ellos debían procurar y no lo hicieron.
La denuncia original de Nisman no tenia ni pies ni cabeza. En primera instancia el juez federal Daniel Rafecas la desestimó por completo, con un análisis punto por punto, impecable. En segunda instancia la Cámara Federal hizo lo mismo, con el voto de Jorge Ballestero y Eduardo Freiler (que haya sufrido recientemente en el Consejo de la Magistratura un voto adverso, que le abrió el proceso de juicio político, es una revancha por aquel pronunciamiento).
Y finalmente el fiscal de Cámara, Javier de Luca, le dio el golpe de nockout a quienes insistían en una falsedad como la inventada por Nisman. El Memorándum con Irán había sido un acto legal, firmado por la cancillería argentina y convertido en ley por el voto mayoritario de Diputados y el Senado. Pero, además, no se implementó por falta de ratificación del congreso persa.
Por otro lado, Héctor Timerman demostró, con cartas de quien era el titular de Interpol, que en ningún momento Argentina pidió el levantamiento de las órdenes de captura de los cinco ciudadanos iraníes (a juicio del cronista, inocentes).
Al momento de la muerte del fiscal, todo ese espectro de derecha, ligado a poderes y embajadas extranjeras, enarboló dos banderas: que a Nisman lo mataron, y que su denuncia anterior era verdadera y que por eso lo habían ultimado.
Si su denuncia contra el gobierno de Cristina estaba muy flojita de papeles, y lo llevaba al papelón público en Diputados -su amigo Stiusso no le brindó ningún apoyo final ni siquiera le atendió el teléfono-, también fue ridícula la teoría del asesinato. Lo habría cometido un comando iraní-venezolano-cubano.
Que ninguno de esos gobiernos asesine personas en el exterior, era un mero detalle. Que los supuestos asesinos no dejaran ninguna huella en el departamento, otro detalle. Que no se supiera por donde entraron ni por dónde salieron, sin ser vistos, una cuestión menor. Que profesionales del crimen perfecto utilizaran una vieja pistola 22 provista por el empleado de Nisman, Diego Lagomarsino, quien sí fue visto entrando y saliendo del edificio, el día anterior a la muerte del fiscal, también era un aspecto irrelevante, para aquellos que hablaban de un “comando criminal”.
Ahora, sin dar nombre y apellido de quien brinda la información, portales como Infobae dicen que en la investigación afirman que el comando era “local”. ¿Era un grupo especial de Luis D’Elía y Fernando Esteche? ¿O quizás la RAM de los mapuches? ¡Cuántas pavadas!

Carrió miente.
Del terceto femenino del PRO-Cambiemos, hoy tenía que hablar Carrió. No tanto por su credibilidad sino porque el resultado tan favorable de las PASO en Capital la llevó al pedestal. ¡Ay, porteños, si esa casi mitad del electorado usara la cabeza y tuviera un poco de memoria, cuánto mejor viviría el país y ellos mismos!
Carrió ocupó el centro de la escena porque su conmilitona Bullrich está muy atareada resguardando a gendarmes por la desaparición forzada de Santiago Maldonado, con su prestigio político a ras del suelo. Y Alonso, de la Oficina contra la Corrupción, tiene muchísimo trabajo viendo cómo ayuda a su jefe político en la causa de los Panamá Papers, cómo cubre a la familia Macri en las coimas pagadas por Odebrecht, etc.
Sin ninguna prueba Carrió se despachó con que a Nisman lo mató el gobierno de Cristina, una acusación gravísima respaldada por el ministro de Justicia, Germán Garavano.
Extremando el ridículo, el comando criminal pudo haber estado integrado por los agentes secretos Máximo Kirchner, Cuervo Larroque, Axel Kicillof y Camilo Vaca Narvaja (este, debido a que Florencia Kirchner no podía participar por sus tareas de madre).
Todo lo de Carrió es fábula y mentira, amplificada por sus amigos del grupo Clarín y Todo Negativo, tan amiga que a Jorge Lanata le prestó su departamento para montar reportajes y armar causas contra CFK.
Como la política tiene algo de circular, de que todo vuelve, el cronista desea que se vuelva a octubre de 2011, cuando Carrió tuvo el 1,9 por ciento de los votos y salió última, detrás de Jorge Altamira. El 22 de octubre próximo, en cambio, llegará a la cumbre. En algún momento comenzará otra vez su caída.

Cristina más activa.
La principal acusada por estas maniobras políticas del riñón macrista es Cristina Fernández de Kirchner. El affaire Nisman fue en 2015 y sigue siendo hoy un arma filosa y envenenada utilizada para difamarla y también causarle daño electoral, ante la cita de octubre.
De acuerdo a la lógica de Goebbels, de “miente, miente que algo queda”, de tanto acusarla de estar detrás de la muerte de Nisman, lamentablemente quedarán dudas y sospechas en parte del público.
De todas maneras, como todas esas acusaciones son falsas, en algún momento hay que pensar que la verdad saldrá a flote, a pesar de la podredumbre que campea en buena parte de la justicia.
Un ejemplo positivo, en principio, en esa materia fue que la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia decidió apartar del caso Maldonado al juez Guido Otranto, por manifiesta parcialidad. El magistrado puso como principal sospechoso de esa desaparición a la comunidad mapuche del Pu Lof de Cushamen, por lo que fue recusado por la familia de Maldonado y el CELS. Y desde el viernes 22 la causa la tiene el juez Guillermo Lleral.
Aún con medios de comunicación acotados -la última arbitrariedad fue el despido de Roberto Navarro de C5N- la expresidenta incursionó en radios y TV, y realizó actos. Esta actitud de iniciativa política es positiva y así defendió dos tesis correctas, a juicio del cronista. Primero, que hay un voto de la mayoría contra el ajuste. Y segundo, que lo de Nisman es una bomba de humo para ocultar la desaparición de Santiago.
Claro que el gobierno, sus candidatos y medios concentrados no se quedan quietos. Lanzada de lleno la campaña electoral van a disimular tanto como puedan la gravedad del ajuste que quieren implementar después de las legislativas. Y van a repiquetear una y otra vez con el caso de Nisman, presentando al fiscal dedicado a las fiestas como un santo e ícono de la justicia, con acusaciones directas a CFK. Por eso sería bueno participar de debates públicos, en universidades o donde sea.
El problema de la expresidenta no es sólo el ataque frontal de Cambiemos. Tanto o más grave son las puñaladas que vienen del frente que alguna vez fue propio. Muchos gobernadores peronistas, legisladores, caciques sindicales, etc, están viendo cómo se libran de ella. Cuando se combate en dos frentes es dificilísimo vencer.