De la mano de Macri, otra vez el FMI inspecciona la economía

A TONO CON EL GOBIERNO NEOLIBERAL EN ARGENTINA

Hacía diez años que las misiones del FMI no venían a inspeccionar la economía argentina. Con Mauricio Macri volvieron por la puerta grande. El gobierno busca una buena nota que atraiga capitales extranjeros y nuevos préstamos.
EMILIO MARÍN
El lunes 19 llegaron a Ezeiza seis economistas del FMI venidos a auditar la economía, algo que no ocurría desde 2006, durante el gobierno de Néstor Kirchner. Los inspectores están encabezados por el italiano Roberto Cardarelli, que se ocupa del caso argentino. Sobre el final de su faena, el 27 y 28 de setiembre se les sumará Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental.
Como esta historia del Fondo trae recuerdos, el cronista menciona uno. Cuando el cargo de Werner era ocupado por el economista hindú Anoop Singh, en una de sus visitas, Gustavo Sylvestre elogió a su par Marcelo Bonelli en “A dos voces”, por el elegante traje que había vestido al lado del hindú.
Eran años de ajuste, endeudamiento y empobrecimiento, y de festejo del monopolio Clarín, al cabo de una década de neoliberalismo con Carlos Menem y Domingo Cavallo, con el final de Fernando de la Rúa y el mismo Cavallo.
Ese crac de la economía en diciembre de 2001 debe recordarse ahora que vuelven los organismos financieros internacionales. La amnesia podría preparar el terreno para tropiezos similares, menores o peores a los de aquella nefasta época. Sólo tuvo de bueno dejar en la conciencia de mucha gente que no se debían aplicar recetas ortodoxas de ajuste, privatizaciones y endeudamiento como los prescriptos por la entidad.
Con Michelle Camdessus, Horst Kohler, Rodrigo Rato, Dominique Strauss-Kahn y Christine Lagarde alternándose en la titularidad del FMI, se mantuvo una doctrina y planeamiento acorde al mandato del capital financiero internacional y a los acuerdos de las grandes potencias. Estados Unidos nomina al titular del Banco Mundial y la Unión Europea al del Fondo. A su vez esos países imperiales se aseguran mayoría de votos para adoptar decisiones, votar “paquetes de ayuda” -salvavidas de plomo-, sanciones, etc. Con esos poderes de fondo, esos organismos multilaterales muestran una ficción de democracia en sus asambleas anuales. Allí dan a conocer un informe sobre la situación económica mundial con pronósticos que la más de las veces contienen pifias notables.
Eso sí, los culpables siempre son los otros, los gobiernos del Tercer mundo. Por supuesto, los auditores van a Buenos Aires, Nueva Delhi y El Cairo pero nunca a Washington o Londres. Pertenecer tiene sus privilegios…
Ahora los señores de los trajes caros han vuelto. Macri participó en EE UU de la Clinton Global Iniciative, en un panel con Bill Clinton y el primer ministro italiano, Mateo Renzi. Allí se pavoneó: “esta semana, después de 10 años, está visitando el país una misión del FMI para cumplir con el Artículo 4, como ocurre en cualquier país normal del mundo”.

¿Gambeta al Indec?
Apenas desembarcado, la inspección tuvo reuniones con ministros y por separado con la cúpula de la Unión Industrial Argentina. Habrá que ver qué sacan en limpio, teniendo en cuenta las diferencias políticas y personales que pesan en las relaciones de Alfonso Prat-Gay con Federico Sturzenegger, de los miembros de otras carteras con Energía y Minas, de Andrés Ibarra y Francisco Cabrera con Rogelio Frigerio, de Aranguren con su colega de Trabajo, JorgeTriaca, que admitió 120.000 despidos, etc.
Se supone que los visitantes cerrarán su serie de reuniones con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. ¿Podrán salir de allí con una visión más o menos homogénea de lo que piensa y hace el gobierno nacional? Difícil pero no imposible ya que no hay en políticas cosas imposibles. La llegada de Macri al gobierno por medio de los votos y el retorno tras una década del FMI a Buenos Aires son ejemplos de que lo casi impensado puede materializarse.
Un dato llamativo es que Cardarelli no tiene ninguna reunión pautada con Jorge Todesca, del Indec. Es curioso porque Cristina Fernández y el ministro Axel Kicillof, si bien mantuvieron la luz roja para las inspecciones basadas en el artículo IV de la Carta del Fondo, sí aceptaron la participación del Fondo en la reforma de las estadísticas, vista la sanción de la entidad tras la vandalización de Guillermo Moreno.
El Indec ya empezó a dar sus primeros números oficiales sobre empleo, inflación e ingresos. Lo lógico sería que Cardarelli y Werler visitaran a Todesca y recibieran un informe. Quizás al final lo hagan pero hoy no está previsto. ¿Por qué no llegarían hasta el Indec?
¿Acaso porque no les conviene a los visitantes, y sobre todo al gobierno anfitrión, un informe de que el desempleo subió al 9,3 por ciento de la población activa, cuando la última medición del gobierno de CFK había sido del 6?
Quizás no les interese amplificar un dato reciente del instituto, de que el PBI cayó 3,4 por ciento en el segundo trimestre del año, con fuertes caídas en la construcción y la industria manufacturera.
O que Todesca midiera la Canasta Básica Total para una familia tipo en agosto en 12.489,37 pesos, siendo que el 60 o más por ciento de los trabajadores ganan 8.000 o 9.000 pesos.
Sería una nueva incongruencia del FMI: viene pero no va a conocer de primera mano cómo anda el “nuevo” Indec, que en parte es su creación.
Cardarelli y su quinteto privilegiaron el contacto con el poder real, por su encuentro con la plana mayor de la UIA. Su presidente Adrián Kauffman (Arcor), el vice Daniel de Rioja (Copal-Alimentos) y otros economistas expresaron su beneplácito con el rumbo actual del gobierno. En ese marco expresaron que cuando llegue la hora del crecimiento, por ahora desairado el “segundo semestre”, quieren que sea con la industria en un rol relevante. Y que se haga lo posible por bajar la presión fiscal. Muchos de estos industriales top, disconformes con esa presión, suelen fugar sus capitales hacia guaridas fiscales conocidas por el FMI, incluyendo el estado norteamericano de Delaware.
Sin embargo, propuestas de supresión de esas guaridas fiscales, como la formulada por el ecuatoriano Rafael Correa, fueron negadas por el Fondo de mademoiselle Lagarde.
Con los ingresos de esos capitales fugados, pagando sus impuestos, los estados no tendrían tanto déficit fiscal y perderían sentido los ajustes fondomonetaristas.

Pifias allá y acá.
El 17 de septiembre el presidente de Ecuador refutó las proyecciones económicas del FMI. Citó, por ejemplo, como en 2008 el Fondo previó un crecimiento de 2,9 por ciento, sin embargo, Ecuador creció 6,4 por ciento; en 2009 pronosticó menos 2 y se creció 0,6; en 2010, refirió 2,5 y fue de 3,0; igualmente para el 2011, auguró 3,2 por ciento y el PBI se incrementó 7,9 por ciento. “No han acertado nunca, pero nunca”, aseguró el mandatario en su programa Enlace Ciudadano. Acusó al Fondo de querer dañar a su nación y fomentar el descrédito con sus negativas valoraciones anticipadas, según el cable de Prensa Latina
Otros pueblos que pueden dar fe de los catastróficos resultados de las políticas de ajuste preconizadas por la entidad son Bolivia, antes de Evo Morales, y más recientemente Grecia, donde impusieron ajustes alevosos a la economía y también a la soberanía del país, incluso con un gobierno de origen progresista como el de Syriza.
En Argentina la dupla FMI-BM fue tristemente célebre en los ´90, aunque la historia comenzó oficialmente tras el golpe de septiembre de 1955: el país se incorporó en 1956, tras el derrocamiento del general Perón.
Cuando Roberto Dromi decía “nada de lo que deba ser estatal será estatal”, en realidad hablaba el FMI. Cuando se privatizó el gas fue con un proyecto de ley escrito en inglés y redactado por el Banco Mundial, votado con un diputrucho; ese fue el origen de los actuales tarifazos de Juan J. Aranguren, Shell y demás monopolios.
Sobre el final de esa historia, que reventó en el Argentinazo de diciembre de 2001 (con 39 muertos en todo el país, vale la pena recordarlo) estuvieron el megacanje y el blindaje. Así sumaron 50.000 millones de dólares a una nación exhausta por el peso de la deuda externa. Obvio, el FMI y el BM reclamaron ese endeudamiento y los bancos cobraron sus intereses y comisiones millonarias, en tanto el país marchaba al abismo.
La lectura política del Fondo en sus estimaciones rioplatenses siempre salvaron a gobiernos amigos y tiraron al muere a los díscolos, desde 2003 en adelante. Lo sintetizó un informe del Centro de Estudios Políticos Argentinos (CEPA): “los errores en la estimación del crecimiento por parte del FMI fueron por la ‘positiva’ o sobreestimando el crecimiento en los años recesivos de 2000, 2001 y 2002 (7,97 puntos porcentuales por encima, en promedio) mientras que entre 2002 y 2015 (sin considerar las excepciones en 2008, 2012 y 2013) dichos errores mostraron una subestimación del crecimiento en 3,16 puntos porcentuales promedio”.
Es que los neoliberales de allá y acá tienen unidad de concepción. Por ejemplo, en la última asamblea anual de octubre de 2015 en Lima, Alejandro Werner le reclamó a Argentina un ajuste de su economía, levantar los controles cambiarios y eliminar los “subsidios distorsivos”. Macri hizo eso y mucho más en menos de diez meses. La actual inspección terminará un informe amistoso que podría titularse “Crónica anunciada de un elogio al ajuste”.

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