De lejos llegó la desautorización

La desautorización del gobernador a la pretensión de su ministro de Seguridad de promover la instalación de la Gendarmería en el edificio donde funcionó la vieja Escuela Hogar trajo tranquilidad a los santarroseños. Quienes siguen de cerca la política local no esperaban otra cosa, sabedores de los reiterados pedidos del gobierno provincial a Nación para que devuelva el inmueble a fin de destinarlo a actividades educativas o culturales. Solo en los últimos tiempos hubo más de un reclamo en ese sentido y todos ellos coincidentes en una finalidad central: el lugar debe volver a ser un espacio de aulas y libros y no de armas y uniformes verdeolivas.
Es una aspiración compartida por una sensible mayoría de los partidos políticos y de los habitantes de esta ciudad. De ahí que no alcance a comprenderse la miopía del ministro de embarcarse en una aventura que -se sabía de antemano- iba a chocar de frente contra su propio gobierno y los vecinos de esta capital. Para peor tuvo lugar en ausencia de la máxima autoridad política de la provincia -de viaje en el exterior- lo cual otorgó al episodio un toque de operación conspirativa. Se sabe, el tacto y la prudencia no son virtudes que formen parte del bagaje del ministro como lo prueba su propio desempeño. Sin embargo no deja de llamar la atención el grado de autonomía que desplegó al involucrar a un enviado del Ministerio de Seguridad de Nación en una gestión que finalmente tuvo que ser abortada por el propio gobernador.
El edificio permanece ocupado por el Ejército desde los años de la última dictadura. En las cuatro décadas transcurridas se han presentado no pocas iniciativas destinadas a devolverle su rol vinculado con la educación. Si bien en nuestros días las escuelas hogares son cosa del pasado, o poco menos, existe amplio consenso en que esas magníficas instalaciones deberían volver a albergar actividades educativas, culturales o sociales. Como también que las actividades castrenses pueden encontrar un ámbito más favorable para sus propósitos en otros lugares de la provincia en lugar de continuar enclavadas en el radio urbano de la ciudad.
Sin ir más lejos, en Toay el Ejército dispone de una extensa superficie que podría alojar las funciones que hoy se cumplen en la ex Escuela Hogar. Y en lo que concierne a Gendarmería, desde General Acha vienen reclamando al gobierno provincial y nacional que se aceleren las gestiones para elevar la jerarquía del destacamento ubicado en esa ciudad e incluso instalar allí la escuela de formación. No son espacios los que faltan en esta provincia para distribuir con criterio más racional, desde lo urbanístico y los estratégico, estas actividades de las fuerzas armadas y de seguridad.
Si todo esto fue un intento continuista tendiente a frenar las aspiraciones de cambio es evidente que falló, y su promotor quedó otra vez descolocado frente a la comunidad. Aunque, de todos modos, siga siendo motivo de malestar su permanencia en tan alto cargo del gabinete provincial como lo demuestra la reunión que tuvo lugar el lunes en General Pico con participación de autoridades universitarias y judiciales y dirigentes gremiales.