De a poco, se vuelve a hablar más de los temas importantes

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – La causa Nisman no ha sido todavía esclarecida, pero parece encaminada. Con eso y la imagen del fiscal tan deteriorada, el debate político vuelve a centrarse en los asuntos verdaderamente importantes.
La disparatada denuncia de Alberto Nisman contra la presidenta y la muerte de aquél, presuntamente un suicidio, han pasado a un cómodo segundo plano en la consideración política.
Tal como se tituló acá el domingo: “El fiscal modelo se viene cayendo desde su pedestal”. En los días siguientes se acentuó esa percepción porque ninguna chicana jurídica de la ex esposa de Nisman pudo consolidar su afirmación de que aquél había sido asesinado. Su denuncia contra Diego Lagomarsino, de que podía tener intereses económicos en aquella muerte, se volvió en contra suyo como un bumerán. El letrado del informático, Maximiliano Rusconi, denunció ante la fiscal Viviana Fein que Nisman obligaba a su cliente a reembolsarle la mitad de los 41 mil pesos mensuales que cobraba. Y precisó que el fallecido tenía una cuenta en el Merrill Lynch de Nueva York, donde figuraba como apoderado. Utilizaba a su madre, su hermana y Lagomarsino como testaferros.
Nuevas filtraciones de fotos, imputadas a una División de la Policía Federal, donde se lo ve rodeado de mujeres, profundizó la caída del “fiscal modelo” ante una buena parte de la opinión pública. Y no fue por haber corrido el velo sobre su conducta privada, que como tal le pertenecía, pero sí porque confirmaba una vida disipada, con modelos, viajes al exterior y gastos que presumiblemente pueden haber sido costeados por el presupuesto de la UFI-AMIA superior a 30 millones de pesos.
El jefe de Gabinete dijo que el fallecido era un sinvergüenza que mantenía ñoquis y mujeres; “ahí hay malversación de caudales públicos y cohecho”, puntualizó. Incluso los que salieron a defender a Nisman, caso de Eduardo Fidanza en “La Nación” del 21 de marzo, admitieron que la imagen del magistrado rodó al suelo. “La impresión es que Aníbal Fernández pudo destruir la memoria de Nisman, convirtiéndolo en un guiñapo, porque contó con diversas formas de complicidad, conscientes o inconscientes. Antes de que lo estigmatizara, la televisión ya lo había convertido en un caso criminal y luego en un espectáculo morboso. La ocasional compañera de fiestas del fiscal, convertida por un medio independiente en modelo semidesnuda que posa tapándose el sexo con una guitarra eléctrica, da qué pensar. Si no hay reacción popular o no avanza el caso en la Justicia, la operación de destruir a Nisman se habrá completado en poco tiempo. La imagen del fiscal puede haber entrado en un deterioro irreversible”. Quedó dicho: el fiscal modelo se cayó del pedestal.

Cosas importantes.
La declinación mediática y social de aquella causa, que pervive en Tribunales gracias a Pollicita, Moldes y otros fiscales y camaristas, permitió que vuelvan al centro de la escena los temas trascendentes.
Por ejemplo, el conflicto con los “fondos buitres”, que deja lecciones útiles sobre las formas del endeudamiento externo y también conecta con medidas de fondo que serían necesarias para reformar el sistema bancario local.
El juez Thomas Griesa, más buitre que nunca, denegó al Citibank pagar por cuarta vez los bonos emitidos en dólares pero con legislación argentina, que son apenas un 3 por ciento del total de los pagos del país. El magistrado los había permitido “por única vez” en tres oportunidades pero ahora dijo nones. El gobierno piensa que el Citi fue cómplice al pedir esa autorización y hacerle la consulta, porque así le dio intervención directa a Griesa, que de otro modo no habría tenido.
El 31 de marzo vence un pago de aquéllos y si el banco norteamericano no cumple como agente pagador, hay intención del gobierno de CFK de quitarle esa función y también la autorización para operar en el país. Tal sanción ya se la ganó el Bony (Bank Of Nueva York) de Buenos Aires, que no pudo, no quiso o no supo pagar a los bonistas luego del fallo de Griesa de junio del año pasado.
Esta circunstancia debería llevar a una sana autocrítica del gobierno nacional, para no emitir más bonos ni renegociar la deuda de los mismos renunciando a la jurisdicción argentina. Y si hubiera nuevo endeudamiento, como Axel Kicillof y Alejandro Vanoli están intentando, mejor que pongan a Nación Fideicomiso como agente pagador, como lo hicieron tras la crisis con el Bony.
Queda picando un interrogante: ¿cuándo comenzar un debate político sobre la posible nacionalización del sistema bancario? Los bancos extranjeros fueron instrumentos de la deuda externa en la dictadura y en democracia, ganaron miles de millones de dólares con la continuidad de negocios de la “Patria Financiera” y con comisiones e intereses por el megacanje y el blindaje, y en menor medida también por la renegociación de 2005 y 2010. ¿Hasta cuándo se permitirá que esas entidades pesquen en nuestra pecera? Están esos negociados, el rol antiargentino de los dos bancos estadounidenses mencionados y las estafas, evasión y fuga de capitales comprobados en el también norteamericano JP Morgan (causa Hernán Arbizu) y el británico HSBC (denuncia de la DGI con información de Francia). Eso, además del crac de 2001…
Vinculado con esta temática financiera, profundamente política, está la necesidad de hacer algo con el sistema bancario. El mismo capta dinero de los depositantes, pagando un interés anual del 23 por ciento y presta básicamente para consumo a mucho más del doble, rozando la usura. Eso le genera ganancias extraordinarias: en 2014 los bancos ganaron 46.000 millones de pesos, 56 por ciento más que en el ejercicio anterior. Sólo cinco bancos privados embolsaron 15.000 millones.
¿Será muy alocado pensar en nacionalizar esos depósitos bancarios? El Estado administraría esos fondos de los argentinos, y no de los banqueros, y los podría emplear con fines productivos y sociales, incluso pagando a los depositantes mejores dividendos y dándoles mayor seguridad.

Elegir bien…
Roberto Carlés, propuesto por el gobierno para ocupar la vacante dejada en la Corte Suprema por Raúl Zaffaroni, deberá concurrir el 31 de marzo a la Comisión de Acuerdos del Senado para defender su postulación.
Es un penalista muy joven y muy capaz que trabajó en la reforma del Código Penal, lamentablemente frenado a posteriori por una feroz campaña de “mano dura” del binomio Massa-Macri, pese a que especialistas del PRO, el radicalismo, el socialismo y el oficialismo habían trabajado en la comisión redactora orientada por Zaffaroni.
En una coincidencia que bien pudo ser un cálculo político, Carlés estuvo en sendas reuniones con el Papa Francisco, como para llegar con mejores chances a la cita senatorial.
Carlés decía ayer a Página/12: “a mí me gustaría avanzar en ese sentido creando una Justicia más participativa”. Debe ser por eso que Sabsay y otros exponentes afines a Clarín en la justicia aseguran que la suya sería una pésima designación.
Si es por democratizar el Poder Judicial y mejorar no sólo el número sino la calidad de la Corte Suprema, nominar ahora al quinto integrante está más que justificado. La bestialidad de Ricardo Lorenzetti considerando “cosa juzgada” a un supuesto fallo de la Corte en 1999 sobre el atentado a la embajada de Israel, amerita que ese tribunal reciba neuronas frescas y democráticas. Este martes 17 se cumplieron 23 años del atentado y no hay ningún procesado ni condenado, y ni siquiera imputado.
Que Carlés sea el mejor candidato, esa ya es otra discusión. Tiene a favor ser un penalista excelente, pero en contra la falta de experiencia tribunalicia y de abogado. Puesto a elegir entre los 33 años suyos y los 97 del cortesano Carlos Fayt, el cronista aprieta la opción 1.
Si el quinto lugar en la CSJN es una elección importante, y hay que poner mucha atención, tanta mayor razón tiene Cristina Fernández de Kirchner cuando llamó a los argentinos a elegir bien en 2015. Le pidió “a cada argentino que mire qué hizo cada uno de esos hombres que se postulan a la presidencia en los últimos años; todos han tenido una vida política y empresarial”.
Esa última referencia pareció encaminada a impactar en Mauricio Macri, que tuvo esa actuación como vice en el grupo Socma, el Correo Argentino y otras funciones patronales disimuladas bajo la popular camiseta xeneize. La cena con los empresarios mostró bien su pertenencia de clase.
Al kirchnerismo le agrada la idea de confrontar con el armado neoliberal que el PRO tiene con la UCR y la apologista de los desastres no verificados, Carrió. Fortalecer un bloque “nacional y popular” frente a una reedición de la Alianza -mucho peor porque está bajo la hegemonía de Macri-, parece la estrategia presidencial. Tiene de bueno para los pre-candidatos suyos que los bendice a todos sin marcar preferencias. Un apoyo expreso necesitan Florencio Randazzo y otros, pero nada indica que CFK vaya a adelantar opinión. Por ahora lo importante parece ser confrontar con Macri, para licuar las posibilidades de Massa, quien en 2013 captó votos peronistas y ahora está en declive. El problema, para Randazzo, Urribarri y otros kirchneristas más definidos es que aquel silencio cristinista puede ser de gran ayuda para que mantenga sus ventajas Daniel Scioli, un reconocido amigo de Clarín.