De la lógica binaria y el conflicto a la distensión política

UN BALANCE DEL ESCENARIO PAMPEANO EN 2015

Norberto G. Asquini – Los nuevos tiempos políticos con el liderazgo de Verna parecen haber disipado la confrontación interna que durante la última década larga sacudieron al PJ pampeano. Pero hay conflictos latentes. Cómo se ubicará el campo opositor en este contexto.
Un balance político de 2015 sobre el escenario pampeano es necesario en un año que condensó, en toda su extensión, las tensiones vividas en los últimos doce años del kirchnerismo en el poder. Porque La Pampa no escapó a ese contexto. Durante los meses que pasaron, al cerrarse un ciclo nacional y provincial, se pasó de la lógica binaria que enfrentó dos caras del peronismo gobernante a la sublimación del conflicto detrás de una conducción que unifica sectores. Del fanatismo a la distensión.

Conflicto adormecido.
En 2015 el Partido Justicialista terminó por desandar un conflicto interno que se había desatado en 2012, pero que tenía causas previas y más profundas. En los últimos doce años, el peronismo en La Pampa continuó siendo la fuerza hegemónica de la política provincial. Pero desde el pos-marinismo, desde que Rubén Marín dejó el poder en 2003, la confrontación fue la fuerza que motorizó su dinámica interna. Ya fuera por lógicas locales como por otros ejes de confrontación desatados a nivel nacional.
Con la victoria de Carlos Verna y su llegada a la gobernación el escenario pampeano parece haberse adormecido. A esto ayudaron los primeros pasos y gestos del nuevo gobernador en el cargo y el período de gracia que se le otorga a todo nuevo mandatario, y el sacudón que implicó la llegada de Mauricio Macri a la presidencia, el cambio de época que significó su victoria, y sus primeras medidas en las que parece se llevará todo puesto para intentar desterrar cualquier reminiscencia kirchnerista en la política nacional.
Hay en este marco una sublimación de los conflictos a la espera de lo que pase en el nuevo contexto. Que Verna por ahora sostenga una postura amistosa con la Casa Rosada que lo necesita como aliado, que un diputado del massismo piense en regresar al PJ o que todos los sectores internos del PJ no jorgista estén integrados al Ejecutivo, entre otros signos, es toda una muestra de los nuevos tiempos. Además, tenemos que sumarle que con la derrota de Daniel Scioli y la avanzada macrista, el eje estructura de la disputa, proyecto K versus peronismo disidente, acalló las diferencias en el PJ pampeano, y hasta nacional.

Terreno complejo.
Hablar ahora de conflicto parece que nos remite a tiempos lejanos, que se quieren olvidar. Pero la confrontación de intereses, personas, rumbos y proyectos ha sido más la regla que la anomalía en la vida interna del PJ. Entre 2003 y 2007 se produjo la confrontación entre vernismo y marinismo, donde la segunda corriente quedó acorralada y fue derrotada en las elecciones internas de 2007. En 2012, el gobernador Oscar Mario Jorge se alineó decididamente con el kirchnerismo nacional y esto provocó la reacción del vernismo. La disputa entre los dos poderes finalmente pareció zanjarse este año con la victoria de Verna y la caída en las urnas de Scioli.
Esta realidad se pavimentó con otras disputas de menor intensidad que también llevaron a un escenario interno convulso. Solo por nombrar algunas: la pelea entre La Cámpora y el marinismo, los sectores disidentes que intentaron un camino por fuera del PJ como el tiernismo, los votos desobedientes o desleales a los candidatos peronistas como ocurrió en distintas votaciones, la división sin cuartel en Santa Rosa, los primeros reclamos de intendentes vernistas a Jorge cuando todavía compartían la misma línea. Muestras de un sedimento que hoy el regreso de Verna parece haber acallado.
Pero las aguas calmas también son profundas. La postura disidente del diputado Jorge Lezcano y su sector o el pedido del senador vernista para que una ex legisladora kirchnerista se quede sin un cargo en el Congreso, son algunos hechos puntuales en el nuevo escenario consensualista, pero que muestran que no todo es color de rosa.

Temas pendientes.
El PJ vive momentos de expectativas con el apaciguamiento del conflicto interno. Sus dirigentes parecen haberse realineado tras la victoria de Verna, pero aún queda camino para darle forma a la nueva estructura. Hay un conductor que unió el liderazgo institucional -la gobernación- con el político con la legitimidad de una gran elección, y una coalición gobernante que aunque tenga como cabeza al vernismo parece integrar a todos los sectores que lo apoyaron para llegar al poder.
También hay algunas dudas que asaltan cualquier análisis, aunque solo sean como hipótesis para más adelante. Todavía es temprano para considerar su incidencia ya que apenas se vio marchar a la nueva administración, pero el justicialismo en lo político debe resolver hacia adelante algunas materias pendientes y otras que van a surgir con el andar de la gestión. Una es la cuestión de la ciudad capital y la fragmentación y dispersión del voto peronista, una problemática ya histórica difícil de moldear. Por otro, la tensiones hacia adelante. Hay funcionarios provinciales o legisladores que ya sueñan con ser los sucesores de Verna en 2019, y las pulsiones conspirativas de algunos que han vivido bajo la lógica de la confrontación permanente con algún sector o la búsqueda del opositor imaginario.

En la oposición.
En ese marco, tanto el campo peronista como el no peronista están midiendo la actual situación política para acomodarse en el nuevo escenario. El radicalismo pampeano -sus principales dirigentes- apoya a Macri porque lo consideran un aliado, pero tiene frente al PRO que buscar armar una estructura propia para competirle a largo plazo. La “ruptura” entre el Frepam y el PRO tanto a nivel de los bloques de la Legislatura como en los concejos deliberantes fue “amistosa”, sin grandes repercusiones, pero esconde una disputa que se desatará con el transcurrir de los meses. Esto llevó a que haya una “coalición ficticia” entre ambos. Convergen en lo nacional, se enfrentan en lo local. Los radicales tienen contacto a nivel Nación con los funcionarios, Mac Allister se acerca a los radicales de base. Hay sonrisas forzadas para convivir entre ambos términos, pero los dos disputan el mismo espacio.
El presidente de la UCR, el diputado Francisco Torroba, y la dirigencia partidaria parecen aguardar en segundo plano lo que puede llegar a ocurrir a nivel nacional, mientras el secretario de Deportes de la Nación, Javier “Colo” Mac Allister parece tener a disposición el campo opositor al PJ para avanzar. En ese juego de marchas y contramarchas es que se configurará el próximo armado de la alianza no peronista en La Pampa. Por ahora, son caminos paralelos de sectores que disputan un mismo electorado.
Aunque todavía es muy temprano para analizarlo, todos hacen cuentas sobre lo que puede ocurrir con los dos términos de esa coalición en el mediano plazo, las legislativas de 2017, y a largo, con las ejecutivas de 2019. Cuál de los dos prevalecerá en esa carrera para encabezar un posible frente opositor es la mirada estratégica que tienen en mente las cabezas de cada fuerza.