Debates y muchas repercusiones del recambio ministerial

EMILIO MARÍN
Sigue encendida la discusión sobre el significado del recambio de ministros decidido por la presidenta. Por ahora gira mucho sobre los nombres de los llegados e idos del gabinete. Cuando haya medidas se podrá apreciar mejor de qué se trata.
Se podrá acordar o no con la oxigenación de su gabinete que decidió Cristina Fernández de Kirchner, pero no podrá decirse que pasó inadvertida. Es evidente que logró un primer resultado positivo para su gobierno: recuperó la iniciativa política. No quiere decir que Sergio Massa o Mauricio Macri se hayan convertido en muertos políticos, porque no lo son. Eso sería ignorar la realidad y cometer un error similar al de esa oposición conservadora ahijada de Clarín, que afirmó muy oronda que el ciclo kirchnerista había finalizado el 27 de octubre.
Ni una cosa ni la otra. Ni la presidenta vivía una agonía, ni la oposición enmudecida ha perdido caudal electoral ni peligrosidad política.
Lo que más resalta es que Cristina ha vuelto por sus fueros, con nuevos ministros, dos discursos, sin el luto total de tres años, con una linda imagen para su edad (no pareció una mujer operada de un hematoma cerebral hace poco más de un mes).
La presidenta tuvo una reentré espectacular el lunes, demostrando que las encuestas que le adjudican más del 50 por ciento de imagen positiva, no mienten. Y, como antes de su problema de salud y del traspié electoral que sufrió el último domingo de octubre, sigue teniendo, entre muchos otros apoyos sociales, el de un amplio sector de la juventud. Esto es así, por más que Clarín chicaneara con que quienes la ovacionaban daban un promedio de edad de 40 años. El cronista vio por la TV que agitaban banderas, saltaban y cantaban como si ese promedio fuera muy inferior. Capaz que el diario de Héctor Magnetto les había pedido el DNI a la entrada o veía la ceremonia con ojos muy sesgados, como suele ser su estilo
Recuperar a su líder después de un resultado mediocre en las urnas y sobre todo verla bien de ánimo y salud es una condición necesaria y casi suficiente para un movimiento como el peronismo, por más que su cosecha electoral se haya achicado momentáneamente. El gobierno está golpeado pero en absoluto muerto y cuenta otra vez con su jefa, tal podría ser la conclusión de esta semana.

Los por qué.
Sobre las razones del recambio ministerial se ha escrito bastante, a partir del lunes 18 y sobre todo al día siguiente, cuando a los alejamientos informados se sumó el de Guillermo Moreno. Éste ocupaba un lugar de virtual ministro de Economía y era tan satanizado por la oposición -nuevamente hay que incluir a Clarín- que su rol político estaba sobredimensionado.
Para la mayoría de los funcionarios que arriesgaron opinión ante los micrófonos, la movida tuvo que ver con la mecánica casi lógica, de que pasado cierto tiempo, hay que cambiar figuritas. Suena como una explicación despolitizada y burocrática. ¿Por qué ahora? ¿Por qué salen estos ministros y no otros?
Acerca de las novedades, uno de los más frontales, tal como suele ser su estilo, fue Carlos Kunkel. Dijo sencillamente que el FPV había perdido más de un millón de votos, emigrados en parte a opciones de supuesta izquierda (referencia al FIT) y al centro y derecha (alusión a Massa). Y de lo que se trata, redondeó el diputado, es de mover piezas para recuperar a esa gente.
El progresismo está de luto por la partida de Juan M. Abal Medina y Mercedes Marcó del Pont; lágrimas también se derraman por la pérdida de la banca de senador por la minoría en Capital, de Daniel Filmus.
Los nak&pop y del justicialismo más tradicional allegados al kirchnerismo, en cambio, lamentan sobre todo la baja de Moreno, considerado “un patriota” por Luis D´Elía y hasta “un genio” por Hebe de Bonafini. Esas definiciones suenan exageradas, pero es cierto que el renunciante fue un obstáculo a la apropiación de los monopolios de rentas extraordinarias por la vía de la inflación. Moreno peleó contra el holding Clarín en diversos frentes, incluida su fundada denuncia sobre los modos ilegales con que éste se apropió de Papel Prensa. Se fue un funcionario honesto, sin denuncias por enriquecimiento ilícito. No todos los que quedaron en funciones pueden decir lo mismo. Teléfono para Amado Boudou y otros.

Oposición despistada.
Los referentes de la oposición lucieron desconcertados por los anuncios y la posterior renuncia morenista. Se quedaron de momento sin enemigo a quién adjudicarle las culpas de todo lo malo que supuestamente sucede. Que faltan dólares, que hay inflación, que no entran productos importados, que el precio del trigo es bajo, que no hay inversiones extranjeras, etc., todo ese combo de fenómenos ciertos y muchos dudosos, era atribuido a Moreno, para disparar por elevación contra la humanidad política de la presidenta.
De pronto, esos blancos fáciles ya no están y asumió Jorge Capitanich. Esto provocó todo un récord nacional: que los opositores Massa, Macri, Federico Pinedo y Alberto Fernández manifestaran su buena onda respecto a los recién llegados. Es una persona seria, un tipo responsable, alguien que dialoga. Ese fue el tono, mesurado pero favorable, que despertó en la oposición el ascenso del gobernador de Chaco.
Es posible que la luz verde que encendieron esos opositores más bien tenga que ver con su apuesta a que el mayor protagonismo nacional del chaqueño lleve a futuros conflictos con Daniel Scioli. Piensan que tal división puede originarse por los reclamos bonaerenses de nuevas partidas que podrían no ser atendidos por la jefatura de Gabinete y, mucho más importante, porque puede darse una colisión por ahora oblicua entre Capitanich y Scioli por la candidatura presidencial de 2015.
En lo que los opositores no tuvieron dudas fue en criticar a Axel Kicillof. Esa fue la espina atragantada del recambio. La TV pública se hizo un festín con declaraciones actuales y de archivo de esos opositores denostando al joven economista, tildándolo de marxista, comunista, heterodoxo y otras descalificaciones. El más crítico fue Pinedo, para quien valorar a Carlos Marx en el siglo XXI sería como creer en la economía del gaucho Juan Moreyra. Sin embargo millones de personas, en su mayoría no comunistas, en estos años de la crisis del capitalismo global detonada por la caída en 2008 del banco Lehman Brothers, convirtieron a la obra del legendario judío alemán en un best seller, sobre todo en Europa. Allí no conocen a gaucho Juan Moreyra, una lástima; ni al macrista Pinedo, afortunadamente, educado en la escuela de Álvaro Alsogaray y los Chicago Boy´s.

¿Cuáles medidas?
El relativo optimismo de la oposición por el desacomodamiento que habría en el gobierno, ya empieza a diluirse, preocupada por la definición de la presidenta de que piensa “profundizar el modelo”. El encargado de darles otra mala noticia fue Capitanich, al declarar que respetará la rentabilidad de los empresarios pero cuidará los salarios de los trabajadores y los derechos de los usuarios. “Acá no habrá un viva la pepa” en precios, atajó, para luego reunirse con representantes patronales y las dos centrales sindicales que apoyan al gobierno (verdadera pena que asistiera el “buchón” del II Cuerpo de Ejército durante la dictadura, Gerardo Martínez, de Uocra).
Pasados estos primeros días de cierta conmoción política, lo más importante para analizar, sobre todo para la vida de los argentinos, será si hay cambios de políticas, nuevas medidas y cuáles son sus alcances.
Esto permanece como una incógnita. Se puede partir de lo que dijo CFK sobre profundizar el modelo y la advertencia del chaqueño sobre los precios: ambas son favorables, aunque insuficientes.
Y si de síntomas se habla, hay que tomar nota de otras dos de signo negativo. La presidenta abrió el paraguas a favor del “pragmatismo” y adelantó nuevos acuerdos con multinacionales “en las condiciones más favorables”. Capitanich planteó la búsqueda de inversiones extranjeras y de nuevo endeudamiento, supuestamente al servicio de la inversión y el fomento de las exportaciones.
El cronista no simpatiza con ninguno de esos mensajes y le intriga saber cómo piensa articularse en esos lineamientos un ministro estatista y heterodoxo como Kicillof. No hace falta ser un lince para intuir que puede haber cortocircuitos entre ciertos planes de la cartera de Economía y la jefatura de Gabinete.
Otros interrogantes, más de tipo político y programático, son las varias concesiones que el Frente para la Victoria hizo a la Iglesia (léase al Papa Francisco) en la Comisión Bicameral que estudia el nuevo Código Civil y Comercial. Ya había volado el llamado “alquiler de vientres” y acordado que la vida comienza desde la concepción, pero ahora se considerará que el embrión no alojado en el útero de la mujer ya es persona. La concesión tiene eufórica a la senadora del Opus Dei Liliana Negre y preocupada a la comunidad científica, además del progresismo legislativo de los K y aliados. También se eliminó el artículo 15 que atribuía a la propiedad una función social, luego de intensa presión de la AEA, la UIA, Adepa y la Cámara de Comercio Americana (AmCham).
El cronista quiere ser optimista y se basa en la proyección política de la figura de Kicillof, pero el resto de las señales políticas no van en dirección positiva sino más bien hacia el centro.