Deberes de los funcionarios

La ceremonia de apertura de la 39 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se convirtió en escenario de una cabalgata de anuncios de gestión, balances, cifras y hasta de pases de facturas entre Nación y Capital, hecho que vació de contenido el verdadero motivo del encuentro, ante escritores, gente de la cultura y diplomáticos.
En ese lugar, algunos quisieron rendir acaloradas cuentas de gestión, buscar la aprobación y el aplauso, con cifras y objeciones a “miopes que critican”, cuestión que dejó en segundo plano el lugar de silencio, de comunión, de apertura de mente y espíritu que destilan los libros.
El director Nacional de Industrias Culturales, Rodolfo Hamawi, utilizó su tiempo para promocionar actividades de su área, señalar cantidad de público y empresas en Tecnópolis y la muestra MICA, cifras de inversión de su gestión y cuestionó las “miradas miopes”, del sector editorial respecto a la sustitución de importaciones, y a quienes “acusan al gobierno nacional”, por su política comercial.
El ministro de Educación, Alberto Sileoni, más moderado en sus conceptos, hizo también un encendido discurso de defensa de su gestión, como si el auditorio lo estuviera interpelando, más alla de que logró que un sector lo aplaudiera de pie. Sileoni además de funcionario es un reconocido intelectual y un pensador del peronismo, un especialista en educación para adultos y un crítico de las demandas de la educación más allá de los gobiernos que integró en Ciudad, Nación y Provincia.
El ministro pasó algunos “avisos”, y destacó en la ceremonia de apertura de la Feria, “¿Cuando un Presidente de Argentina habló de salas de 4 y 5 años y de bibliotecas de aulas, como la presidente Cristina Fernández en la Asamblea Legislativa?”.
El ministro de Cultura de la Ciudad, Hernán Lombardi, intentó hablar de la Feria, que lo hizo en un 50 por ciento del discurso ya que el gobierno porteño comparte y facilita muchas actividades. El resto del mensaje, lo utilizó para ironizar sobre la posible mudanza de la Feria a Tecnópolis.
Tal vez la preocupación de los funcionarios tenga que ver más con algunas presiones de mostrar todo lo bueno de la gestiones, y lleva a una carga adicional además de la que conlleva la función en si.
Lo que realmente puede esperarse de los funcionarios es que asuman que todo lo que anuncian y ejecutan son parte de sus obligaciones con los ciudadanos, más allá de la cobertura en los medios de comunicación, que algunos consideran que son el factor convalidante de las gestiones.
(Laura Hojman, DyN)