Del gobierno del PRO-Cambiemos al gobierno PRO-FMI

LA SEMANA POLÍTICA

La mesa chica del macrismo analizaba en Olivos las próximas medidas de ajuste. Y mañana el ministro Dujovne vuela a EEUU a pedir el visto bueno del FMI. Del gobierno del PRO-Cambiemos al del PRO-FMI. De mal en peor.
Sergio Ortíz
Dicho con ironía no fina, es tan fuerte la dependencia de Mauricio Macri con la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, que se vio apremiado por la crisis a dar por hecho un nuevo acuerdo con la entidad. Lo hizo en un mensaje de un minuto cuarenta, que dio fortísimo impulso a la suba del dólar, que entre miércoles y jueves tocó los 42 pesos.
El billete verde corrió más rápido que Usain Bolt, pues con aquella marca aumentó 42 por ciento en un mes, 110 en lo que va del año y 308 desde que gobierna Macri. Después de correr, el jamaiquino se toma un respiro. El dólar también, hasta emprender nuevas corridas.
Esas cotizaciones no obedecieron tanto a que los mercados (léase bancos e inversionistas) detectaron en el mensaje presidencial la falacia de un acuerdo que no estaba abrochado con el Fondo. Más importante que eso, tomaron nota que el gobierno no cuenta con los dólares necesarios para financiarse en lo que resta de 2018 y de cara al año próximo, aún con el préstamo ya en marcha por 50 mil millones.
Esa desnudez de dólares para el corto y mediano plazo impulsó la corrida pese a la intervención del Banco Central, que lleva dilapidados 9 mil millones de sus reservas.
De aquel préstamo, 15 mil millones ya fueron entregados a la Argentina; es un decir, a Nicolás Dujovne y Luis Caputo, por mitades. Como el incendio siguió lamiendo con fruición las paredes del gobierno, el pedido de auxilio a Lagarde será que adelante 29 mil millones que se habrían recibido en 2019 y 2020.
Hacia Washington embarcará hoy el fracasado Dujovne, para tratar de firmar un nuevo acuerdo. Es un papelón, sobre todo del gobierno pero también del FMI, que acordó con semejante socio en junio pasado y que de hecho también es parte del elenco gobernante en Buenos Aires. Es cierto que los macristas lo fueron a buscar en la capital norteamericana; tan cierto como que el Fondo aceptó sumarse alegremente al contubernio.
En lo formal el primer acuerdo quedó vulnerado porque la meta de contener la inflación en el 32 por ciento anual fue desairada y podría superar el 38. También porque el Producto Bruto Interno caerá al menos 1 por ciento.
Mucho más importante que esos incumplimientos es que las cuentas del Estado no cierran, a pesar del brutal ajuste que pagan asalariados, jubilados, universidades, ciencia y técnica, salud pública, obra pública, provincias, municipalidades, etcétera.

El ajuste.
El rostro más actualizado de ese ajuste se vio el jueves, con la multitudinaria marcha de docentes y estudiantes desde Congreso a Plaza de Mayo con tres reclamos básicos: aumento del 30 por ciento con “cláusula gatillo” para los profesores, aumento de presupuesto para el funcionamiento de las 57 universidades del país y aumento de partidas para Ciencia y Técnica, investigadores y becarios del Conicet.
El gobierno calificó la prolongada protesta de las casas de estudios como un complot “kirchnerotrotskista”, impronunciable, indemostrable e increíble. A tono con eso, el autor del improperio, el ministro Alejandro Finocchiaro, pasó para el lunes la audiencia con los dirigentes de las confederaciones docentes universitarias sin moverse, por ahora, de la ridícula oferta del 15 por ciento para el año, sin cláusula de ajuste y con la “mejora” de tres cuotas en vez de cuatro.
Se puede calificar a eso como una provocación “macri-fondomonetarista”, que es más pronunciable y, sobre todo, cierta.
Los gremios universitarios irán a la cita de mañana, pero adelantaron que comienzan su quinta semana seguida de paro de las universidades. Un plan de lucha tan prolongado y de masivo acatamiento, incluso con la comprensión de las autoridades y rectores, no se había visto en muchísimo tiempo. Macri lo hizo…
Esa demostración del músculo y materia gris universitaria fue masiva, aún bajo la lluvia porteña. Y al día siguiente el rostro del ajuste se vio en la avenida Paseo Colón, frente al Ministerio de Agroindustria, luego que sus autoridades informaran a los delegados de ATE de 565 despedidos, que se suman a otros 300 cesantes de abril. El corte de calles duró varias horas y hubo represión policial que no logró disolver la protesta, de amplia repercusión nacional por la relación estrecha de esos trabajadores, sobre todo los de Agricultura Familiar, con la pequeña producción del campo.
El argumento del ministerio de Luis Etchevehere, expresidente de la “Suciedad Rural”, fue que ellos tienen que “gobernar”. Algún ingenuo podía creer que “gobernar es dar trabajo”. No, gobernar es echar trabajadores. Una sangrienta lección dictada desde la cátedra del estanciero, el neoliberalismo y las condicionalidades del FMI.
En realidad, el argumento pretendidamente técnico de esa cartera fue que sobraba ese personal (antes despreciado como “grasa militante”, Prat Gay dixit), según la llamada “dotación óptima” que arrojó, cual sentencias de muerte, el Ministerio de la Modernización de Andrés Ibarra. Con esos criterios se estima que a fin de año habrá unos 10 mil despidos más en la órbita del Estado, tal el plan del gobierno de Macri y Lagarde.

Avión en emergencia.
De los acuerdos firmados en junio pasado con el Fondo, lo más grave para el prestamista no son los incumplimientos de metas inflacionarias, que siempre pagan los bolsillos y el consumo de la población del país.
Si el cronista tuviera que elegir dos factores salientes del problema, pondría en primer lugar la catástrofe del ajuste en las condiciones de vida y trabajo, que para nada preocupan a la misión fondomonetarista encabezada por Alejandro Werner y Roberto Caldarelli, aterrizada en Ezeiza el 13 de agosto y que permaneció dos semanas más en el país. Otro dato del cogobierno: sienten que están en su casa.
El otro elemento grave es que a Macri-Dujovne-Caputo no le cierran las cuentas y necesitan varios miles de millones de dólares más, cuando a nivel internacional ya no tienen quiénes les presten. Mucho menos luego de la última corrida del dólar y la suba del riesgo país medido por el JP Morgan a más de 800 puntos. De allí su peregrinaje al Fondo, su socio mayor, cuando dos semanas atrás Dujovne se vanagloriaba que no necesitaban más adelantos.
¿Cuál va a ser la carta del gobierno para que, pese a su incumplimiento de ciertas metas, el Fondo decida adelantarles más dólares? Básicamente el compromiso de la profundización del ajuste, de seguir achicando el gasto público, despidiendo gente, recortando ministerios, paralizando la mitad de la obra pública, analizando otra reforma previsional, etcétera.
Más aún, jugando con fuego, pergeñan que la meta de ajuste de un déficit fiscal primario del 1.3 por ciento en 2019 lo pueden cambiar por un objetivo más exigente, de déficit cero.
Conviene recordar que aún cuando ese objetivo se cumpliera, dudosamente, en rigor el déficit sería muy grande porque a la hora de estimar la cuenta corriente, aparecerán el pago de intereses y capital de la elevadísima deuda contraída por el macrismo, incluyendo ésta con el FMI. Habrá que ver cómo maquillan los números del Presupuesto 2019, pero se estima que el pago de esos intereses y capital insume el 15 por ciento del presupuesto nacional. Así que “déficit cero, las pelotas”, parafraseando a Adelina de Viola.
En cuanto al déficit primario, sin contar el pago de la deuda, la ofrenda que Dujovne lleva en bandeja a Washington, provocará una nueva vuelta de tuerca en la crisis política del país.
Los hechos prácticos de la resistencia, paros, cortes de calles, huelgas, asambleas, abrazos, protestas, escraches, huelgas de hambre, piquetes, cacerolazos, recursos de amparo, etcétera, van a incrementarse y pueden convertirse en una rebelión popular si el gobierno redobla el ajuste, tras otro pacto con el Diablo en EEUU.
Por otra parte, así como las reservas del Banco Central se están vaciando, tanto más se evaporaron las reservas políticas del presidente Macri. Ayer estaba reunido en Olivos con su mesa chica del PRO para ver la letra chica que Dujovne llevará a Washington.
Mañana o pasado se darían a conocer más medidas de ajuste. Los de abajo y los del medio ya saben que son víctimas. Arriba, en la “Suciedad Rural”, suenan tambores de guerra para el caso que haya retenciones para engrosar las arcas públicas. Todavía confían en el presidente y le recuerdan que la entidad de Palermo fue un local partidario central del PRO. Si por esas cosas del ajuste hubiera otra vez retenciones, entonces Palermo dejará de ser sede del PRO y se volverá a la estancia oligárquica de siempre.
El presidente, muy tardíamente, cavila cambios de gabinete. Sería otro intento fallido porque no funcionaron Dujovne por Prat Gay y Caputo por Sturzenegger; tampoco lo harían Melconián por Dujovne y Rodríguez Larreta por Peña. Lo que está en llamas es el proyecto de gobierno de ricos, de Macri y FMI. El piloto insiste en la módica figura de la turbulencia climática. No entiende que el avión que conduce está en una gravísima emergencia y en rápido descenso, por su culpa.