Del maquillaje a la realidad

La fenomenal y efectiva campaña que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación planteaba, entre otras cosas, que se trataba de un estadista en ciernes, que tenía una idea clara del país y sus problemas y cómo solucionarlos. Poco tardó la realidad en desmentir aquellas promesas, absolutamente incumplidas.
Fue el accionar de “el mejor equipo de los últimos cincuenta años”, con notables torpezas en su asesoramiento, el que se encargó de opacar primero y destruir después aquella imagen icónica que se pretendió construir del jefe de gobierno. También podría decirse que el propio Macri contribuyó a ello con actitudes insólitas o teatralizaciones publicitarias que buscaban disimular su lejanía y falta de contacto real con la gente y hasta sus discursos vacilantes en los que nunca o muy rara vez figuraban palabras como patria o derechos, por no hablar de sus abundantes tropiezos en el plano internacional.
Pero si algo faltaba para borronear aquella pretendida condición de estadista ello se dio en los últimos días cuando, tras sus largas vacaciones en el sur, visitó al flamante presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y, a su regreso, sobrevoló las inundaciones que castigan al norte del país y estuvo unas horas con los sufridos habitantes de uno de los pueblos afectado sin tener contacto con los habitantes quienes, dicho sea de paso, lo abuchearon al retirarse.
Las conclusiones a las que arribó el Presidente después de tener un panorama global con el rápido sobrevuelo provocarían risa si no fuera por la tragedia que se está viviendo: “Tendremos que acostumbrarnos a que esto (las inundaciones) va a pasar en distintas zonas, en distintos lugares del país” dijo. Asombra -y consterna- esa forma tan extraña de mostrar solidaridad y acompañar a quienes están atravesando momentos dramáticos y necesitan como nadie del Estado para salir adelante y continuar con sus vidas luego de las enormes pérdidas materiales sufridas por esta catástrofe.
Parece una ironía que la tormenta metafórica que tantas veces mencionara el presidente para justificar la debacle económica del país se haya hecho presente en la realidad y le motivara una frase tan desafortunada, digna de figurar junto a la que pronunciara tiempo atrás su entonces ministro de ambiente, Sergio Bergman, quien decía combatir los incendios forestales con plegarias.
También cabe la posibilidad de que esas palabras estuvieran motivadas en alguna prudencia del mandatario, porque las inundaciones se deben en buena parte a acciones promovidas o ignoradas por su gobierno, como la tala indiscriminada de bosques, el abandonado Plan Belgrano, el incumplimiento de las leyes de protección ambiental, el indetenible avance de los cultivos de soja o el crecimiento de tierras en manos de multinacionales a quienes no les preocupa establecer previsiones en materia de cuidado ambiental y social.
Lo cierto es que la era del macrismo enmarca -y pretende maquillar- su decadencia con el auxilio del marketing y de los asesores de imagen que buscaron otorgarle al Presidente una pátina de estadista, título que, como lo señalan hasta los medios adictos, está muy lejos de ajustarse a la realidad.