Delincuencias que causan estremecimientos severos

Si bien ayer, 25, me he reprochado que el tema del nacimiento de nuestra nación no me haya ocupado en los últimos años, me tranquilicé diciéndome que sigo atento, de modo principal, a lo que pasa en mi país, aunque cada vez más siento que el escenario es el mundo y trato de entender sus síntomas como una manera de descifrar el acontecer del solar propio. Creo que uno se hace ciudadano del mundo al culminar un proceso que comienza por su país, salta a la región y de ahí a toda la ecúmene, o sea la Tierra habitada, la comunidad humana. La ciencia siempre ha procedido así: de la parte al todo y retorno a la parte, sin que nunca nada deje de ser problemático.
Una noticia (nacional) de estos días, me ha interesado vivamente. Dice que ha sido desbaratada en una banda criminal que sacaba alimentos y remedios vencidos del relleno sanitario de San Martín (provincia de Buenos Aires), les cambiaba la fecha de vencimiento y los volvía a poner a la venta al público en comercios del conurbano bonaerense. O sea, en las zonas donde se apretuja una proporción muy grande de la población argentina, mucha parte de ella la más pobre y necesitada. En sucesivos procedimientos fue posible detener a 23 individuos, dos de ellos policías. También se secuestró mercadería ya preparada para ponerla en venta.
Alguien puede recordar la tradición británica de Guillermo Tell, de quien se decía que robaba a los ricos para distribuir entre los pobres. Desde entonces numerosos individuos fuera de la ley, de todas partes, han sido aureolados con esta leyenda, cosa en la que nos gustaría creer como contraste de lo que es de más fácil comprobación: que la delincuencia no hace diferencia por su clientela, aunque encuentra mayores facilidades cuando afecta a los más necesitados. Y que la delincuencia es más bien indiferente con respecto a las víctimas, puesto que su objetivo no es la beneficencia. La ahora habitual presencia de policías de toda jerarquía en las bandas criminales, también ha dejado de ser sorpresa. En este caso, además, parece haber responsabilidad inicial de los comercios (especialmente los mayores) que deben destruir la mercadería vencida, pero que la mandan entera, en sus envases originales, al presunto “relleno sanitario”.

Identidad.
Merece la atención algo que sucede en General Pico, donde un número creciente de personas de mediana edad se ha organizado para recobrar su identidad, en lo que ésta depende de padres y demás antecesores. Todas ellas han sido criadas en lo que creyeron su hogar, cuando lo que parece haber sucedido es que, al momento de nacer, una alianza espuria entre personal sanitario y del registro de personas, le decía a la madre que su hijo había nacido muerto, para entregarlo a matrimonios infértiles que buscaban criar un niño.
Ahora sabemos que una mujer de este grupo que hizo pública su búsqueda comunica que ha pasado de hija única a tener ocho hermanos y, para su contento, una madre de sangre. Y ya le ha sido posible reunirse con los auténticamente “suyos”, residentes en un pueblo de La Pampa.
Es lícito pensar que estos casos son excepcionales, pero al menos habría que dar lugar a la sospecha de acciones criminales. Pues existe más de una forma y motivo para desaparecer a las personas.

Hogar.
Una desaparición que padece Santa Rosa desde hace años, es la de la Escuela Hogar, cedida sin consulta al ejército. El gobierno provincial ha expresado que su objetivo es recuperar ese importante edificio para su destino original puesto que las escuelas hogares siguen siendo necesarias.
Queda por confirmar de quién ha sido la idea, trascendida en estos días, de destinarlo a una escuela de la gendarmería nacional, pero lo que importa es que el gobernador en ejercicio (aunque ausente por cumplir otra tarea de gobierno en el exterior) ratifica la intención y voluntad de insistir en restituir ese hogar a quienes fueron sus destinatarios iniciales.
Jotavé