Desaire ante los gestos pampeanos

El gobierno pampeano parece estar probando en carne propia la amarga fórmula del “látigo y billetera” aunque bajo su versión macrista. Esa expresión fue acuñada por la prensa porteña para fustigar al kirchnerismo y sus modos de hacer política con los gobernadores. Sin embargo hoy todo indica que sigue teniendo plena vigencia a pesar del cambio de gobierno y nuestra provincia está padeciendo sus consecuencias, aunque los grandes medios de comunicación, fieles aliados del macrismo, dejaron de usarla como latiguillo.
La queja del gobernador se escuchó en General Pico en donde reveló que en el presupuesto nacional para el año que viene no hay contemplada ninguna obra nueva para La Pampa. Ni siquiera figura el viejo proyecto de ampliación del acueducto del río Colorado para abastecer el norte provincial que, según recordó el jefe de gobierno, había contado con el visto bueno del ministro del Interior. Tampoco está prevista la repavimentación de la ruta nacional 152 que se encuentra en estado calamitoso desde hace muchos años y que ha provocado no pocos dolores de cabeza a nuestra provincia como las modificaciones de los recorridos de las empresas de transporte de pasajeros cansadas de romper sus vehículos.
Las esperanzas del gobierno pampeano están cifradas ahora en el Congreso de la Nación en donde el peronismo -en todas sus versiones- tiene una presencia decisiva. Es en el Senado en donde mayor poder de fuego concentran las huestes justicialistas y allí varios gobernadores que han sufrido el mismo destrato que el pampeano tratarán de reagrupar sus huestes para intentar modificar el proyecto de presupuesto que el macrismo envió para su tratamiento.
No deja de resultar paradójica esta situación si se tiene en cuenta que los diputados y senadores nacionales del justicialismo pampeano se portaron muy bien con el gobierno nacional a la hora de levantar sus manos a los proyectos más ambiciosos del macrismo. Incluso le dieron el sí a varias iniciativas que no pueden presentarse como beneficiosas para el conjunto de la sociedad. Por citar tres: el pago a los fondos buitre accediendo a todas sus desmesuradas exigencias, hasta el extremo de pagarle a sus abogados e incrementar considerablemente el endeudamiento del Estado nacional; la reforma previsional que autoriza la venta de acciones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad y la reciente autorización de asociación del Estado con empresarios privados para construir obras de infraestructura que incluyó una cláusula perversa: convalidar la intervención de tribunales extranjeros para dirimir eventuales diferencias legales con las compañías privadas. Queda claro que no son leyes que puedan enorgullecer a legisladores que dicen representar los intereses de los sectores populares, sin embargo igualmente tuvieron el apoyo pampeano en orden a una suerte de “razón de Estado” devaluada.
Pero a pesar de todos estos gestos en favor de la “gobernabilidad” -término extorsivo que puso de moda la prensa porteña después del 10 de diciembre y que antes de esa fecha no figuraba en el diccionario político- desde Buenos Aires no se advierten señales de correspondencia a tantas gentilezas. Antes bien, el presupuesto 2017 muestra una supina tacañería con relación a obras que los pampeanos esperan desde hace mucho tiempo.
Al gobierno nacional le gusta presumir que defiende el “diálogo”, el “federalismo”, el “consenso” pero a la hora de los hechos no procede de acuerdo a esas apelaciones. En verdad, el marketing político del macrismo está repleto de esas fórmulas edulcoradas que luego en la práctica le cuesta tanto cumplir. El blindaje mediático le ayuda a abusar de esas estrategias publicitarias pero a medida que pasa el tiempo la dura realidad se va encargando de desnudarlas. Hoy son las autoridades políticas pampeanas las que se vieron defraudadas por los cantos de sirena.

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