Desastre municipal, ¿chantaje electoral?

Cada vecino de Santa Rosa debería pagar 30 pesos por mes a la Municipalidad si se deseara terminar con su déficit operativo mensual. Una simple suma muestra que una familia tipo de cuatro miembros debería añadir a su pago de contribuciones por tasas la nada modesta suma de 120 pesos cada fin de mes.
Ese es el nivel de descalabro económico-financiero que dejaron, como pesadísima herencia, las dos últimas administraciones comunales. La intervención que hoy está al frente del municipio está maniobrando en un mar de aguas turbulentas, encontrándose con pesadas e inesperadas deudas y con un nivel de gasto corriente que asusta.
Esta espada de Damocles que hoy pende sobre los vecinos de la ciudad parece no haber sido apreciada en su justa medida, y además podría llegar a convertirse -paradójicamente- en un as en la manga del oficialismo.
El Partido Justicialista está atravesando hoy una profunda crisis dirigencial. Fruto directo de esas convulsiones es la superpoblación de listas -nada menos que seis- que se postulan para las elecciones internas del 1º de junio que consagrará al candidato que representará al partido oficialista en las elecciones municipales de agosto.
Pero es sabido que una vez dirimida esa instancia, el alineamiento con el ganador es lo aguardable dentro de un partido como el PJ que suele castigar con rigor a quien “saca los pies del plato”. La única excepción sería la controvertida figura del último y fugaz intendente que fue eyectado de San Martín 50 mediante la intervención. No pocos sectores internos han dicho, hasta públicamente, que no lo apoyarán en la elección general si se impone en la interna.
En este escenario, el gran endeudamiento del municipio y su colosal déficit operativo, podría ser utilizado por el oficialismo para presentarse ante el electorado santarroseño como la única fuerza política capaz de asegurar -por identidad partidaria- el imprescindible apoyo económico-financiero del gobierno provincial. Ese es el as en la manga y la oposición deberá esmerarse para escapar de este posible chantaje.
¿Es descabellado este pronóstico? En absoluto. Ahí están, para corroborarlo los municipios pampeanos que no gobierna el oficialismo y que son objeto de una flagrante discriminación a la hora de distribuir los dineros de la coparticipación. El perjuicio que vienen sufriendo estas comunas ya fue denunciado por el intendente de Victorica y, poco más tarde, puesto en evidencia en el departamento Atreucó por este diario. En un artículo de reciente publicación se informa sobre la notable diferencia entre los dineros que reciben los municipios bajo el PJ y los gobernados por otras fuerzas.
Lo que obra en favor de la oposición es el desastre que cometieron las últimas administraciones justicialistas que llevaron al calamitoso estado actual. Hoy Santa Rosa ha perdido hasta el orgullo de ser la única comuna pampeana que podía presumir de autofinanciarse. Las causas estuvieron en las pésimas políticas que se implantaron desde el municipio, como el incremento desmesurado de la planta de personal. Aunque enarboló la bandera de la “justicia social” quedó al desnudo la incapacidad del justicialismo -a nivel provincial y capitalino- para llevar a cabo una política de creación genuina de empleo. En su lugar apeló a la tradicional maniobra clientelística de engordar masivamente el plantel municipal, lo cual le rinde buenos frutos electorales.
Y así se llegó a esta situación insostenible. Una comuna con un desmedido sobredimensionamiento que, para funcionar sin endeudarse, deberá sacarle 30 pesos a cada vecino -niño o adulto- o tres millones al tesoro provincial todos los meses.