Desocupados y disciplinados

El brutal salto en la desocupación muestra lo que quizás sea el peor rostro de la restauración conservadora que llegó de la mano del macrismo. Los datos que reveló el Indec se conocen pocas semanas después de que Mauricio Macri vetara una ley en defensa del empleo que sancionara el Congreso. En esa ocasión el presidente afirmó que la norma “no era necesaria” y que alcanzaba con “pedirle” a los empresarios que no despidieran y que cuidaran sus planteles de trabajadores. Muy poco resultado obtuvo con su gestión de buena voluntad entre sus pares del gran empresariado; las cesantías y suspensiones continuaron al mismo ritmo que ya traían desde comienzos del año y que habían motivado la sanción de aquella norma.
El año pasado la desocupación llegó a medir el 5,9 por ciento, el nivel más bajo registrado en varias décadas. Toda una “pesada herencia” para el macrismo. Pero solo bastaron ocho meses de receta neoliberal para hacerla trepar al 9,3 por ciento; en tanto la subocupación subió del 9,0 al 11,2 por ciento y el empleo no registrado del 31,9 al 33,4 por ciento. Este es, sin dudas, uno de los grandes “cambios” que trajo el gobierno de Cambiemos con su bandera de combate al “populismo” y su exaltación del mercado como único instrumento de regulación de las relaciones económicas.
Resulta sintomático que, apenas un día antes de conocerse estas cifras dramáticas, el presidente haya reprochado a los trabajadores por “poner palos en la rueda”. También puede recordarse cuando les pidió “esfuerzo” a algunos dirigentes gremiales para bajar el “costo argentino” e incentivar la llegada de inversiones extranjeras.
Para la mirada neoliberal del macrismo el trabajador es apenas un costo que puede prescindirse o ajustarse hasta los niveles más bajos posibles. Si el salario se puede comprimir hasta el límite de la subsistencia sin demasiada oposición sindical, el objetivo no merece reproche y forma parte de las relaciones de clase que plantea la economía de mercado.
Como contrapartida, las espadas del gobierno defienden a rajatabla que se favorezca a los grandes empresarios con superganancias extraordinarias bajo la argumentación falaz de promover la inversión. Con ese propósito llegaron al extremo de reducir la carga impositiva a los más acaudalados contribuyendo a desfinanciar las arcas del Estado. Aunque debe decirse que, con relación a este punto, fueron acompañados por buena parte de la oposición legislativa que no se atrevió a frenar semejante despropósito fiscal.
El crecimiento de la desigualdad social no es un costo que desvele al macrismo. Al contrario, para su ideología no es más que un “sinceramiento” de las relaciones sociales, un regreso a los modelos de Domingo Cavallo o de José Alfredo Martínez de Hoz, que fue perturbado por el “populismo kirchnerista”.
El aumento de la desocupación, además de contribuir al proceso de transferencia de riqueza hacia los más poderosos tiene una finalidad política: disciplinar al movimiento obrero, debilitar su capacidad de negociación con miras a otro de los objetivos caros al macrismo: una nueva flexibilización laboral.

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