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Destrozos gratuitos

Los destrozos perpetrados contra edificios públicos -escuelas especialmente- deberían mover a la reflexión. Lo sucedido en la escuela en Ataliva Roca, un hecho cuya gravedad obligó a suspender las clases, es particularmente preocupante ya que demuestra un afán de daño que va mucho más allá de la travesura propia de algunas edades.
Otro ejemplo, acorde con estos días, podría ser el de los monumentos conmemorativos de Malvinas, reacondicionados y vueltos a agraviar en repetidas oportunidades. Las pintadas, acompañadas con frases en inglés que sugieren una mayor burla o indiferencia, aparecen como incomprensibles si se piensa que insultan no ya a una aventura militar en manos ineptas sino al recuerdo de centenares de jóvenes, acaso de la misma edad de los que ejecutan la injuria.
Es evidente que una parte de la responsabilidad de esos abusos la tienen las autoridades, ya que es inconcebible que unas decenas de destructores (difícilmente sean más) se muevan impunemente en una población sin ser detectados. En otros lugares y países la respuesta a tales actos ha tomado dos rumbos; uno, más benigno ha sido construir muros especialmente habilitados para que quienes sienten compulsión por hacerlo plasmen en ellos sus dibujos y escritos sin necesidad de dañar la propiedad ajena, pública o privada. El otro, más duro y ejemplificador, los obliga a reparar el daño causado.