Dilma en dolorosa agonía por “el intruso” y senadores corruptos

SE ADELANTO AL 25 DE AGOSTO LA DECISIVA VOTACION EN SENADO

La votación final en el Senado de Brasil por el juicio a Dilma Rousseff iba a ser el 29 de agosto. Se adelantó para el 25 y todo indica que aquélla será destituida. “El intruso”, como llaman a Michel Temer, el presidente golpista, quedaría hasta diciembre de 2018.
EMILIO MARIN
Pobre Dilma, una presidenta honrada incluso según muchos opositores a su gobierno, está en una agonía que según todas las opiniones concluirá en su destitución el 25 de agosto. Ya había numerosos elementos para pensar en ese triste final, pero ayer se supo que el Senado brasileño votó por 59 contra 21 el informe presentado por la Comisión Especial que recomendaba abrirle formalmente el juicio político o impeachment.
Ese informe lo presentó el senador Antonio Anastasia, del socialdemócrata PSDB que tiene entre sus principales dirigentes al senador Aecio Neves, el candidato derechista derrotado por Rousseff en las presidenciales de octubre de 2014.
Según Anastasia, la mandataria habría cometido delitos que calificó de “atentado a la Constitución”, como partidas presupuestarias supuestamente sin autorización parlamentaria y “pedaleadas fiscales” o atrasos en transferir fondos al Banco de Brasil por los pagos que éste hacía de los subsidios del plan “Bolsa Familia” (que sacó del hambre a millones de brasileños).
Esas acusaciones se venían discutiendo desde principios de año en Diputados y también en Senadores, incriminando a la jefa de Estado de “crímenes de responsabilidad”. Sus defensores del PT y partidos aliados, y su defensor oficial, el ex ministro de Justicia José Eduardo Cardozo, demostraron que no eran tales.
Incluso el fiscal Iván Marx dictaminó que esas conductas imputadas no configuraban delito y archivó la causa penal. El dominio de la derecha destituyente es tan ostensible en las cámaras, que ese dictamen del fiscal ni siquiera fue admitido para que se incorporara al expediente. La jauría anti-Dilma estaba lanzada en la etapa final de la cacería.
Unos cuantos senadores de la oposición han admitido públicamente, y muchos más en privado, que Dilma es una mujer honrada y no cometió delitos, menos aún de corrupción, que en cambio menudean entre quienes promueven su linchamiento. De todas maneras, como siguiendo la corriente y las correlaciones de fuerza en la cámara alta, parecen dispuestos a votar por su destitución.
En la reunión del Senado del miércoles 10 hubo variadas acusaciones, pero no ajustadas a derecho. Por caso, Neves dijo que Dilma debe ser enjuiciada porque su gobierno no era democrático. Otros oradores le imputaron el grave descalabro económico que vive Brasil, donde se está sufriendo la mayor recesión en décadas. La presidenta tendrá su cuota de responsabilidad en ese estado de cosas, pero no es la culpable: no la dejaron gobernar desde que comenzó su segundo mandato en enero de 2015. Los problemas económicos, que venían de antes, se agudizaron en una economía donde nunca dejaron de mandar los monopolios, bancos y sojeros, sobre todo la Federación de Industriales del Estado de San Pablo (Fiesp). Esos factores de poder, junto con los monopolios mediáticos y judiciales, secundaron a la oposición conservadora en armar el desbarajuste político e institucional que suspendió a Rousseff el 12 de mayo pasado por 180 días. ¿Y ahora pretenden facturarle el pésimo comportamiento de las variables económicas?

Dime de lo que presumes…
Partidos de derecha y centro derecha, como el nombrado PSDB, el ex oficialista PMDB del entonces vicepresidente Michel Temer y actual presidente interino, el Partido Progresista y otros lobbies religiosos han dado un verdadero golpe institucional contra Dilma, con similitudes con el dado por el vicepresidente paraguayo en 2012 contra el entonces mandatario constitucional Fernando Lugo.
Y han agitado banderas de lucha contra la corrupción, como si la administración del PT fuera símbolo de negociados y enriquecimiento ilícito de los funcionarios. Temer y los suyos mentan la soga en la casa del ahorcado…
Es que el otro artífice del impeachment fue Eduardo Cunha, presidente de Diputados y también dirigente del PMDB. Luego de lograr su cometido golpista, fue apartado del cargo máximo en la cámara por decisión del Supremo Tribunal de Justicia que lo encontró culpable de delitos de corrupción. Le habían descubierto dos cuentas secretas en Suiza con 5 millones de dólares de sobornos percibidos en el marco de la causa “Lava Jato” de la estatal Petrobras.
La causa también llamada “petrolao” involucra a casi todas las agrupaciones políticas, oficialistas y de oposición, cuyos dirigentes percibían esa plata sucia proveniente de los sobreprecios que cobraban las empresas que contrataban con Petrobras. Sus precios estaban inflados y de esa diferencia pagaban coimas a los legisladores y políticos, comprando su silencio y aval a lo actuado.
Marcelo Odebrecht, presidente de la mayor constructora de Brasil y con obras en buena parte del mundo, fue condenado a 19 años de cárcel en el caso Petrobras. El declaró a la revista Veja que en mayo de 2014 pagó a Temer 10 millones de reales (3 millones de dólares) a su pedido de financiar la campaña del PMDB de ese año. Parte de ese dinero fue para Paulo Skaf, titular de la central monopolista Fiesp, empeñado en tratar de ganar la gobernación de San Pablo. Según el detenido, el dinero lo pactó con Temer en el Palacio do Jaburu, la residencia del vicepresidente, y con Eliseu Padilha, actual ministro de la Presidencia.
Otra constructora, Queiroz Galvao, también implicada en el escándalo de sobornos, pagó sumas millonarias a dirigentes del PSDB, entre ellos al entonces senador Sergio Guerra y al actual gobernador de Río de Janeiro, Fernando Dornelles. El testimonio sobre esos pagos lo dio un corrupto que viene colaborando con la Justicia, Paulo Roberto Costa, ex director de Abastecimiento de Petrobras.
El PSDB de Aécio Neves puso a su dirigente y ex candidato presidencial en 2010, José Serra, como canciller del actual gobierno de Temer. Serra levanta el índice acusador contra Venezuela, a la que niega derecho de presidir el Mercosur en este segundo semestre.
En suma, el 25 por ciento de los senadores afronta causas y denuncias fundadas por corrupción; algunos de aquellos son del PT o aliados, pero muchos son del PMDB, PSDB, PP, etc. ¿Con qué autoridad estos falsos cruzados de la ética acusan a Dilma? ¿Por qué Cunha, alejado de la presidencia del cuerpo, aún mantiene su banca de diputado? ¿Será porque está preparando su defensa y amenaza con revelar los negocios de muchos colegas?
Temer “el intruso” como lo llamó una senadora del PT, y muchos de sus aliados en la trama golpista presumen de honradez pero nadan en dólares del petrolao.

Se viene el final.
A partir de que la Comisión Especial de impeachment del Senado de 21 miembros aprobó el 4 de agosto por 14 votos contra 5 abrir ese juicio político, la suerte de Dilma pareció echada. El Senado se convirtió en tribunal que juzgará a la presidenta. Su titular, Renan Calheiros, del PMDB, cedió ese lugar al jefe del Supremo Tribunal Federal, Ricardo Lewandowski, quien llevará el timón hasta la votación crucial.
Ese momento decisivo se había previsto para el 29 de agosto, pero se adelantó para el 25. ¿Un motivo judicial o administrativo? En absoluto, sólo político, como toda esta parodia de juicio. Temer quiere ir a la reunión del G-20 en China, el próximo 4 y 5 de septiembre, y no deseaba presentarse como “presidente interino”. Apuesta a conseguir allí inversiones y comercio para la economía local que está pasando un pésimo momento, pero lo quiere hacer con los títulos en orden. “Orden y Progreso”, como dice la bandera, aunque hoy en el Planalto no haya una cosa ni la otra.
Y se le concedió esa gracia: la sesión final del juicio comenzará el 25 de agosto, con la posibilidad de que dure cuatro días porque hablarán todos los senadores durante 10 minutos, además de dos horas los abogados de la acusación y mismo lapso la defensa, quizás la propia Dilma. Los acusadores presentarán tres testigos, en vez de los seis permitidos, en tanto el defensor Cardozo llegará con su media docena completa.
Después de escuchar todas las campanas (Temer y los suyos no escuchan razones y argumentos jurídicos y políticos bien sustentados por Cardozo), llegará la hora de votar. La derecha necesita 54 votos sobre 81 senadores para definir este partido que no forma parte de los Juegos Olímpicos de Río sino de la lucha política interna y regional (es obvio el interés de Washington por consolidar el eje Temer-Mauricio Macri en lugar de las díscolas Dilma-Cristina en los dos países claves).
No hace falta ser pronosticador para saber que si ayer la derecha consiguió 59 votos para confirmar el impeachment, bien podría juntar 54 para la puñalada final. La condenada perdería el cargo y tampoco podría ocupar otros por 8 años.
Aún si logra ese resultado apetecido, a Temer no se le borrará el disgusto de haber sido abucheado por multitudes durante la inauguración de los Juegos, el 5 de agosto. El “Fora Temer” se ha popularizado y será un estigma que “el intruso” llevará tatuado en su frente, a la vista de todos. En los últimos sondeos tiene una imagen negativa del 79 por ciento. Así le será muy difícil gobernar. Diría Miguel de Unamuno: “Venceréis pero no convenceréis”.