Dilma se defiende y renuncia uno de sus acusadores

CRISIS POLITICA EN BRASIL

El presidente del Parlamento Brasileño, Eduardo Cunha, tuvo que renunciar a su cargo por las acusaciones de corrupción. Se agrava la crisis del sistema político, luego de la suspensión de la presidenta.
IRINA SANTESTEBAN
Dilma Rousseff había sido elegida por 54 millones de brasileños en 2014, y asumió como presidenta el 1° de enero de 2015. A poco más de 16 meses de su segundo período como jefa del Estado más grande de Sudamérica, fue apartada de su cargo por una amplia mayoría en el Congreso brasileño (367 a 137), mediante un procedimiento llamado “impeachment”, promovido por sus otrora aliados políticos.
Uno de ellos, nada menos que su vicepresidente, Michel Temer, hoy ejerce el cargo que ella tuvo que abandonar. Como Presidente ha tomado medidas impopulares y Dilma lo acusa de haber “invadido el gobierno, como los hunos”. Otro de los impulsores del apartamiento de la presidenta fue hasta el domingo presidente de Diputados, Eduardo Cunha, quien renunció luego de las acusaciones de la Fiscalía de haberse beneficiado de los sobornos de Petrobras, y de la Comisión de Ética de la Cámara por haber mentido sobre la existencia de cuentas a su nombre en el exterior. Tanto a Temer como a Cunha se les han descubierto cuentas en Suiza, que no habían declarado, y se sospecha que son fondos provenientes de hechos de corrupción. En el caso de Cunha, son conocidos su vida suntuosa y los costosos viajes de su familia a diferentes partes del mundo.
El 12 de mayo Dilma fue apartada como presidenta y desde entonces vive en el Palacio de la Alvorada, preparando su defensa, la que deberá exponer ante el pleno del Senado, de 81 miembros, el 9 de agosto. En ese momento, se estarán desarrollando los Juegos Olímpicos 2016 en Río de Janeiro, hecho que quizás disimule o mitigue las consecuencias en el ánimo de la población, cualquiera fuese el resultado de la votación que decidirá el futuro de la presidenta.

Sistema corrupto.
Que el sistema político brasileño se encuentra en una profunda crisis, es un hecho que nadie puede negar, así como que una de las causas de esa situación, es la tremenda corrupción que involucra tanto a funcionarios del gobierno, la oposición y a empresarios. Como sucede en Argentina, los medios monopólicos de comunicación se encargan de enfatizar algunos hechos de corrupción y ocultar otros.
Así, se habló hasta el cansancio de los “dibujos” que Dilma habría realizado en el presupuesto y de que había tomado créditos internacionales sin pasar por el Parlamento. Pero hasta el momento no se le ha podido comprobarle apropiación de bienes o recursos del Estado para su provecho, ni enriquecimiento ilícito, hechos que sí forman parte de las acusaciones que hoy afectan a muchos de los detractores y golpistas.
Por ejemplo, Cunha renunció como presidente del Parlamento el pasado jueves, y sobre él pesan cargos como sobornos y enriquecimiento ilícito, acusaciones más graves de las que se le endilgan a Rousseff.
Según el periodista Darío Pignotti (Página 12, 10/07/2016), crecen las sospechan de que el impeachment promovido por Cunha en la Cámara de Diputados, se logró en base a sobornos y que el empresario Lucio Finaro, mano derecha de Cunha, habría sido uno de los “correos” para ese fin. Finaro fue detenido la semana pasada bajo cargos de corrupción y tendría en su poder documentos que probarían esas maniobras en complicidad con Cunha, quien también está procesado luego de descubrirse las mencionadas cuentas en el exterior.
Pignotti cita al diputado del PT, Paulo Pimenta, quien afirma que con la detención de Finaro se sabrá finalmente que el juicio a Dilma habría sido “comprado” por Cunha.

Dilma y Lula.
Aunque la popularidad de Dilma bajó estrepitosamente en los días previos a la votación del 12 de mayo, no sucede lo mismo con su predecesor y padrino político, el ex presidente Luis Inácio “Lula” da Silva. A pesar que también está siendo investigado por el juez Moro, quien lleva adelante un mediático proceso judicial -“Lavajato”- que ya ha encarcelado a importantes hombres de negocios y políticos, Lula conserva todavía un buen caudal de apoyo popular.
De hecho, se especula con la posibilidad de que, si Dilma finalmente es repuesta en su cargo, llamaría a un plebiscito para adelantar las elecciones y permitir así, la postulación de Lula, quien según algunas encuestas es el candidato que más chances tiene para ganar las presidenciales.

Gobiernos populares.
Los 14 años de gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), fueron muy buenos para las clases populares y los más desposeídos.
Para Frei Betto, fraile dominico de 71 años, que fue ministro en el primer gobierno de Lula y es referente de las corrientes progresistas de la iglesia, “los años de Lula y el primer mandato de Dilma Rousseff fueron los mejores de la historia republicana de Brasil. Se hicieron muchas cosas: se sacó a 45 millones de la pobreza, se llevó la electricidad a 15 millones de hogares…”. Millones de brasileños accedieron por primera vez a un plato de comida tres veces al día, y se multiplicaron los planes sociales para los más humildes.
No obstante, Frei Betto opina que “se podría haber hecho más”. En una entrevista publicada en el diario El País de España el 3 de julio pasado, el religioso criticó la falta de reformas estructurales, que no se hicieron y son la base de la crisis actual. Para el fraile era necesario encarar una profunda reforma política y tomar medidas drásticas para castigar la corrupción en amplias capas de la dirigencia. Y afirma que eso no se hizo por “temor a enfrentarse con las élites brasileñas”. Betto criticó también que tanto Lula como Dilma produjeron inclusión social por la vía del consumo, con créditos y programas sociales. “La gente pasó a tener microondas, nevera, hasta coche, pagando todo a plazos. Pero no bienes sociales públicos, educación, salud, transporte o seguridad. Por eso las personas tienen rabia ahora, ahora que todo está peor”.

Crear conciencia.
Los límites de esas políticas, que ponen el acento en el mejoramiento de la calidad de vida de los más pobres sin tomar medidas más profundas, y sin crear conciencia sobre las causas de la desigualdad y las injusticias, también se ven por estas tierras.
Los gobiernos kirchneristas promovieron el consumo popular aumentando los ingresos de los sectores más pobres, a través de programas sociales, pero a la hora de elegir, gran parte de esos sectores se inclinó por un candidato (hoy presidente) que representa claramente a los sectores de derecha y del neoliberalismo. Y las medidas que está tomando así lo confirman.
Tanto en Brasil como en Argentina, gobiernos progresistas como los de Lula y Dilma, Néstor y Cristina, deberían hacer una revisión sobre esas reformas que no se hicieron, y sobre las alianzas en las que basaron sus gobiernos.

Mujer honesta.
Así se definió Dilma en el alegato que en forma de carta leyó su defensor, el ex ministro de Justicia José E. Cardozo, el 7 de julio, finalizando así la etapa de la producción de pruebas.
Dilma ha denunciado que su juicio político es una “farsa” producto de un acuerdo entre “traidores”. No le falta razón a la presidenta suspendida, porque quienes promovieron el “impeachement” eran aliados suyos: uno formó parte de su fórmula presidencial como vice, y el otro, presidía Diputados hasta su reciente renuncia.
El PMDB de Temer no actuó solo, lo hizo junto al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) del senador Aecio Neves, a quien Dilma venciera en las elecciones presidenciales, y por eso lo acusa de ser “la oposición derrotada en las urnas en 2014”.
La presidenta se refirió a los trances dolorosos de su vida, cuando expresó “sufrí el dolor indecible de la tortura y pasé por el dolor de la enfermedad y ahora sufro igualmente el dolor innombrable de la injusticia” y se consideró “víctima de una farsa jurídica y política”.

El senado decidirá.
Ahora corresponde que el senador que actúa como instructor del proceso, Antonio Anastasia, elabore un informe final que debe presentar el 2 de agosto. Y el día 9, mientras se estén desarrollando los Juegos Olímpicos 2016 en Río de Janeiro, la Cámara de Senadores tiene que votar si aprueba ese informe acusatorio. Para hacerlo, basta la mayoría simple de sus miembros (41 votos), y si los acusadores logran ese número, será el Supremo Tribunal Federal el que debe convocar a un nuevo plenario de los senadores para una nueva sesión. En ella Dilma sólo será destituida si así votan 54 senadores (dos tercios), pero si no logran reunir esa cantidad, la presidenta continuará en su cargo hasta el final de su mandato, el 31 de diciembre de 2018.
Dirigentes petistas han denunciado que Temer está ofreciendo cargos en el gobierno a familiares y militantes de los senadores dubitativos, a fin de lograr los 54 votos para la destitución.
Si esto sucede, será el ex vice de Dilma quien finalizará su mandato como presidente hasta aquella fecha.
La situación en Brasil forma parte de una ofensiva regional de sectores de la derecha, para derrotar a los gobiernos progresistas que predominaron en la década pasada. Lo han logrado, mediante elecciones en Argentina, con un sospechoso proceso de destitución en Brasil, y se aprestan a hacer lo propio en Venezuela, con las dificultades que atraviesa Nicolás Maduro.

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