Dimes y diretes que Francisco debería haber aclarado

EMILIO MARÍN
Las relaciones del gobierno con la cúpula de la Iglesia católica han mejorado. Hoy estará la presidenta en la Catedral. Pero las desmentidas y polémicas de la carta de Francisco por el 25 de mayo demuestran que es una unidad tomada con alfileres.
Se equivocó quien creía que el alboroto generado por la última declaración de la Conferencia Episcopal -acusando que en Argentina reina la violencia- se había disipado tras la audiencia que la presidenta dio a monseñor José M. Arancedo y dos adláteres.
Esa reunión en Olivos quiso limar asperezas después que los obispos alumbraran en Pilar ese documento tan crítico para con el gobierno; la mandataria lo cuestionó en el homenaje al cura Carlos Mugica. La polémica quedó servida. Los hombres de sotana pintaron una Argentina en el Purgatorio, exagerando el nivel de delitos, violencia y narcotráfico. Como se trata de políticos que visten hábitos, no podían haber escrito eso sin haber consultado con los mandos superiores del Vaticano. Y tampoco ignoraban que de esas declaraciones suyas, tan lapidarias, se iban a prender diversas fuerzas políticas y empresariales ubicadas a la derecha del espectro, de signo opositor, con Clarín como predicador.
El intento apaciguador se dio en la cita de Olivos, que ambas partes caracterizaron como cordial. Lo cortés no quita lo valiente. Se puede ser cordial con alguien enfrentado por cuestiones candentes. Y algo de eso estaba sucediendo, a pesar de que faltaban pocos días para el 25 de mayo, cuando la presidenta se había comprometido a ir al Tedéum en la Catedral donde ahora mora Mario Poli.
La circunstancia es excepcional porque hace nueve años (entre Néstor Kirchner y Cristina) que no se registra esa concurrencia, luego de uno donde Jorge Bergoglio, que es Francisco, cuestionó al gobierno. Como se advierte, la crítica del último documento de obispos tiene antecedentes en la misma dirección antigubernamental.
CFK está cerrando su ciclo político de la mejor manera que ella considera. Y así como en lo económico instruye a sus ministros para atraer inversión extranjera y procurar créditos externos, también lo interno ha revisado la lista de adversarios. El 1 de marzo elogió al senador Gerardo Morales, luego compartió escenarios con Mauricio Macri y desde el año pasado cultiva una cordial relación con el Papa y sus representantes locales.
De allí su anuncio de que irá por primera vez con sus ministros a la Catedral, en una dilusión de fronteras entre Estado e Iglesia; el ideal de un Estado laico se convierte así en una utopía brumosa y lejana.
En ese marco se produjo la confusión por una carta que el Pontífice había enviado a la presidenta por la fecha patria. Guillermo Archer, que trabaja en ceremonial del Vaticano a las órdenes de Francisco, dijo en primera instancia que tal carta era falsa y de mala leche. Al final debió rectificar y admitir que era verdadera. Se hubieran ahorrado muchos equívocos si el Papa, ante la confusión, la despejaba con una nueva carta de puño y letra o con una llamada oficial a Cristina. Es algo que hace a diario con políticos que valen un cuatro de copas. ¿Por qué no lo hizo ante un incidente diplomático donde sus voceros y el nuncio habían quedado en offside? Si viajó a Israel con pasaporte argentino debió tomarse un minuto para superar algo que fue responsabilidad del Vaticano. ¿O también le van a echar la culpa a la “Argentina violenta”?

Declinación K.
Hay más signos de una declinación política del kirchnerismo, al que sus enemigos siguieron golpeando en base a la situación endeble en Tribunales del vicepresidente. Ahora apareció un ex funcionario de Economía que dijo haberse ido del país por temores de represalias cuando debía testimoniar en la justicia en la causa Ciccone. Es la persona que aconsejó en un dictamen a Amado Boudou no involucrarse en el salvataje de la AFIP para esa empresa, que a la postre quedó bajo el control de Old Fund al que las malas lenguas suponen de un testaferro suyo.
El gobierno no puede defender mucho al vicepresidente, pero sí podría insistir en que todavía no recibió una imputación penal. Y en cambio, Macri tiene un procesamiento doble, pues fue tomado por un juez federal y confirmado por la Cámara Federal, sin que se le haya exigido la renuncia ni tomarse unas vacaciones. A Boudou sí le reclaman que adopte una de esas dos alternativas.
Sucede que cuando es Jorge Capitanich quien aclara a los periodistas las diferentes situaciones de Boudou y Macri, su palabra devaluada no tiene poder de convicción. Y de ese modo el gobierno sigue cuesta abajo en su rodada, en tanto su más peligroso contendiente, Sergio Massa, saca pecho en un acto donde anunció que había llegado a las 2 millones de firmas para pedir que no se apruebe un nuevo Código Penal. Según el candidato del Frente Renovador, ese proyecto es una malignidad que sólo liberará delincuentes y aumentará la
inseguridad. Y eso, amplificado por Clarín, lamentablemente tiene mucha más resonancia que las conferencias de prensa del Jefe de Gabinete.
Hoy en la Plaza de Mayo se podrá medir la temperatura política del gobierno y de las corrientes que lo apoyan, sobre todo de La Cámpora y aliados de Unidos y Organizados. No parece tan comprometido con la convocatoria el Partido Justicialista, como si tras la proclamación de autoridades en Parque Norte cada uno de los precandidatos hubiera decidido trabajar por la suya. Hubo desde Balcarce 50 un esfuerzo por despolitizar el recordatorio de la fecha patriótica, no en forma absoluta porque para ello estará el discurso presidencial. Como actuarán músicos populares no se podrá medir el público como si fuera un acto político en sentido estricto.
A riesgo de equivocarse se puede anticipar que habrá gran diferencia entre este acto y el del Bicentenario, de una masividad impresionante. No solamente habrá cantidades disímiles de asistentes: el ánimo será diferente. Aquél se bebía los vientos pensando en nuevas victorias del progresismo; éste mira con muchas dudas el futuro inmediato.

Carta Abierta.
Del congreso pejotista de Parque Norte, con las autoridades a pedir de Scioli -Eduardo Fellner como presidente y José Luis Gioja vice-, se perfiló el bonaerense como principal candidato a ganar la chapa de presidenciable por el oficialismo.
Incluso para quienes no son de su palo, caso de La Cámpora y otras corrientes del kirchnerismo “histórico”, la convocatoria de hoy a la Plaza no tiene el sentido de romper con esa candidatura sciolista. El objetivo bien podría ser juntar fuerzas y demostrar poder de aglutinamiento, a los efectos de negociar con el gobernador de Buenos Aires ciertas cuotas de poder en las listas del 2015.
Las ramas políticas de jóvenes K, con la orientación de la presidenta, están lanzados a ocupar posiciones en el PJ y en otros lugares superestructurales que queden a su alcance (Economía, Anses, Aerolíneas, Consejo de la Magistratura, Télam, etcétera). En su fase de “acumulación de fuerzas” no le hacen asco a validar el polémico ascenso del general César Milani, como las declaraciones a su favor de Andrés Larroque al canal 26, programa de María O’Donnell.
En esa estrategia de ablandar la imagen de duros para lograr mayor penetración institucional se incluye la creación de la Mesa de las Juventudes Políticas por iniciativa de La Cámpora compartida con la juventud del PRO y la UCR, entre otras. Comparando con las Juventudes Políticas de los ’70 se vuelve actual el dicho de Marx sobre que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como comedia.
Esa involución de los dirigentes juveniles no ha sido acompañada por otras formaciones más culturales, como Carta Abierta. En su asamblea en la Biblioteca Nacional, dos sábados atrás, aprobó el documento “Scioli no nos representa”. Al cronista le llegó como redacción de Lido Iacomini, uno de los referentes de Carta. Luego los diarios recogieron los debates de la reunión y pudo leer que el texto había sido ratificado.
Uno de los expositores, Eduardo Jozami, dijo sin eufemismos: “sería peligroso y negativo que Scioli fuera nuestro candidato”. Admitiendo la crisis del oficialismo, manifestó: “tenemos la obligación de decir que estamos en una circunstancia crítica, no solo porque las perspectivas económicas no son las de otros momentos, sino porque porque estamos en una circunstancia crítica porque las perspectivas políticas para 2015 son complejas, y nosotros nos levantamos todas las mañanas pensando de manera angustiosa en esa encerrona”.
No todos los kirchneristas se encolumnarán detrás de Scioli. Eso es políticamente bueno, aunque electoralmente podría sellar una derrota. En tal caso la responsabilidad no sería de los díscolos de Carta Abierta sino de los dirigentes que no aprovecharon esos años en que la economía sonreía; ahora lamentablemente la industria cayó 5.9 por ciento, en el octavo mes consecutivo. El gobierno no se atrevió a ir a más contra la derecha ni a reformar la Constitución, y al final se inclinaría por un candidato más del palo de ese establishment que del proyecto original.
Ganar o perder con Scioli, implicará dar varios pasos atrás. La promesa de ir por más sonará como una burla para el stand up de Jorge Lanata. Es doloroso decirlo un 25 de mayo, pero un gobierno patrio no asoma tras los nubarrones de 2015.