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Discurso inaceptable

Fue tan desubicado el discurso del secretario de Cultura municipal durante el acto en homenaje a los caídos en Malvinas que nadie salió en su defensa. Hasta sus correligionarios del radicalismo y otros funcionarios de la comuna repudiaron con dureza sus palabras. Al momento de escribirse estas líneas -tarde del miércoles- arreciaban los rumores sobre un pedido de renuncia por parte del intendente lo cual es una muestra del clima de indignación general que dejó el episodio.
Lo más desconcertante es que el funcionario no improvisó su alocución pues la tenía escrita y procedió a leerla. Es decir, la desviación del motivo principal -la conmemoración de una fecha tan cara al sentimiento de los argentinos- hacia el terreno del proselitismo electoral fue un acto deliberado y no la consecuencia de una confusión momentánea o una escasa pericia oratoria.
Todavía más: ante los reclamos airados que despertó en los presentes, especialmente en los hijos de los excombatientes de Malvinas, el secretario no dio muestras de reconocer su error. Y el colmo del derrape llegó poco después cuando subió el texto del discurso a las redes sociales en lo que bien podría calificarse como un acto de provocación inaudito.
Cuesta encontrar en la historia reciente de nuestra provincia un ejemplo siquiera cercano a esto que se vivió el martes. Los actos oficiales de carácter nacional tienen el claro propósito de preservar la memoria social y reforzar los lazos de unión entre los argentinos en aquellas fechas cargadas de significación histórica. Quienes deben tomar a su cargo la responsabilidad de pronunciar discursos en esas circunstancias son conscientes de la importancia del acto que asumen y de que deben expresarse en nombre del Estado, es decir de toda la sociedad y de sus más altos intereses comunes. Desconocer este supremo compromiso político implica no estar a la altura de lo que se espera de un ciudadano cuando debe asumir cargos funcionales en la esfera pública.
El secretario de Cultura cometió un agravio a los excombatientes y a los caídos en las islas y defraudó a su propia comunidad. Desde todos los sectores políticos, incluso del suyo propio, se alzaron fuertes voces de repudio a su lamentable discurso. Si aun le resta un poco de sentido común y de dignidad, no debería esperar a que le llegue un pedido de renuncia por parte de la máxima autoridad municipal.

Estado policíaco
Otro bochorno internacional acaba de protagonizar el gobierno argentino con su oscura política de seguridad. Dos reconocidos arquitectos chilenos y una delegación de futbolistas de Pakistán fueron víctimas de la ceguera represiva del Estado y su obsesión con el “terrorismo”.
Bajo esa escalofriante acusación los dos profesionales, reconocidos y laureados en el vecino país y en el mundo, fueron privados de su libertad para ser indagados por un juez. Habían sido invitados para exponer sobre sus especialidades en la Universidad Nacional de Córdoba. En tanto los deportistas paquistaníes que venían para participar nada menos que en el mundial de fútbol de salón, fueron deportados. El gobierno alegó una cuestión de “seguridad nacional” aunque en realidad se trató de un error de la embajada argentina en Pakistán.
Semejante ultraje, que nos expone a un conflicto diplomático con dos naciones, pone a la vez sobre el tapete el carácter crecientemente represivo del gobierno. El Estado de derecho está siendo reemplazado por un Estado policíaco, en donde todos estamos bajo sospecha. Es imposible no recordar hoy lo sucedido con dos jóvenes musulmanes en vísperas de la reunión del G-20 en Buenos Aires, cuando fueron detenidos, acusados de “terroristas”, a partir de una denuncia anónima llegada a una entidad judía. Esa demente imputación nunca pudo demostrarse pero igual estuvieron 22 días presos.